Ampliar la red de refugios climáticos en las ciudades y pueblos de Canarias para mitigar los efectos del calentamiento global se ha convertido en una prioridad, como ha vuelto a recordar la reciente ola de calor de más de una semana que ha afectado a las Islas y la Península.
Los expertos advierten de que las temperaturas extremas y los episodios de calima, cada vez más frecuentes -y ya no solo en verano- , exigen acelerar la creación, en entornos urbanos estratégicos, de nuevos refugios climáticos, es decir, espacios públicos cubiertos o al aire libre en los que el visitante encuentra condiciones ambientales confortables y agua. Pueden ser parques y ramblas con abundante vegetación, polideportivos, centros cívicos o bibliotecas, entre otros recintos, donde la ciudadanía pueda pasar las horas más calurosas de la jornada.
Un reciente estudio realizado por expertos de varias universidades españolas ha calificado de “claramente insuficientes” los oasis urbanos existentes en el país, con una media de uno por cada 23.000 habitantes, un déficit que se agrava en el caso de Canarias, una de las regiones más vulnerables al cambio climático al ser islas y por su cercanía al continente africano, con una población residente de 2,2 millones de habitantes y 17 millones de turistas al año.
La excepción, refleja el estudio, y por tanto el modelo a imitar, es Barcelona, ciudad que recibe una media de 200.000 visitantes diarios en verano y que representa un “ejemplo mundial por su red de refugios climáticos”, con una tasa de 7.200 personas por cada instalación acondicionada a menos de 10 minutos de la vivienda o puesto de trabajo.
El informe elaborado por los expertos, que destaca que Cataluña cuenta con una web autonómica y de ámbito municipal donde se localizan los refugios, subraya el peso cada vez mayor de este tipo de instalaciones en las ciudades a la hora de influir “significativamente” en el atractivo y la competitividad turística.
Ante el indudable impacto sobre la salud de la población -en lo que va de verano el calor se ha cobrado 1.800 vidas en España, según las cifras oficiales del Ministerio de Sanidad- y también sobre la economía de las Islas, el Gobierno de Canarias, a través del comité de expertos para el estudio del cambio climático y fomento de la economía circular, ha encargado un protocolo de refugios climáticos homogéneo para todo el Archipiélago, desde espacios naturales a estructuras urbanas, en el que se tenga en cuenta la habilitación de zonas para las personas con menos recursos que, al no poderse permitir una vivienda confortable, no encuentran un lugar donde guarecerse frente a los episodios de altas temperaturas.
Y es que las Islas, como reclaman los expertos, deben adaptar de forma progresiva pero sin pausa el territorio a los fenómenos meteorológicos extremos. El Ejecutivo regional ha identificado hasta 36 riesgos a los que se exponen las Islas a causa de factores como las olas de calor, la elevación del nivel del mar, sequías e incendios forestales. Pero preocupan, sobre todo, los efectos de las altas temperaturas. Y no solo las diurnas, también las nocturnas.
NOCHES TÓRRIDAS
Los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) indican que en las últimas dos décadas se han duplicado las noches cálidas y tórridas en Canarias. Una realidad agravada en las ciudades por el denominado efecto “isla de calor”, es decir, la acumulación de radiación durante el día en el asfalto y el hormigón y su liberación por la noche, lo que aumenta aún más la sensación de bochorno.
En la primera quincena de octubre de 2023, el Archipiélago sufrió la ola de calor de mayor duración en 60 años fuera del período del verano -dato confirmado por la Aemet-, una anomalía meteorológica que disparó los termómetros por encima de los 35 grados en todas las islas sin excepción y que obligó a la suspensión de clases un par de días por primera vez en Canarias por esta causa.
En lugares como el sur de Tenerife, asociaciones de vecinos, organizaciones ecologistas y arquitectos reclaman “más árboles, toldos y pérgolas y menos cemento” en plazas, paseos peatonales y aceras. Aunque algo ha empezado a cambiar en los últimos años en la política urbanística de los ayuntamientos, estos colectivos sociales y profesionales insisten en que hacen falta más acciones para combatir tantos días de calor y sol al año, entre ellas medidas en la construcción de viviendas e infraestructuras y revisar las condiciones laborales de los trabajadores en lugares abiertos, además de la creación de más espacios públicos acondicionados que actúen como rompeolas de calor.







