“Santa Cruz se está convirtiendo en una ciudad inhabitable porque el Ayuntamiento la está desertizando sin ofrecer justificaciones claras ni presentar informes transparentes que ayuden a la ciudadanía a saber que está ocurriendo con el arbolado”. Así de contundente se ha manifestado la presidenta del colectivo ecologista Los Árboles Hablan, Carmen de la Rosa, cuya organización se ha erigido en defensora de lo verde en un municipio en el que, estima, “se han liquidado unos mil ejemplares en los últimos dos años ante las continuas talas de ejemplares. Especies que, en su mayoría, pueden recuperarse”.
De la Rosa explicó a DIARIO DE AVISOS que “los árboles dan oxígeno, sombra, humedad, filtran la contaminación y hacen más acogedora la ciudad, pero en Santa Cruz los estamos perdiendo”. En este sentido, recordó los siete tuliperos del Gabón que el consistorio eliminó de la reformada plaza de Orche; otros que quitó en los parques García Sanabria, La Granja o Viera y Clavijo; las jacarandas que prevé suprimir en la calle Puerto Escondido o la reciente tala de 17 laureles de indias en la Rambla, en el tramo comprendido entre Almeyda y la Comandancia de Marina”.
Al respecto, señaló que el pasado 30 de junio, el Ayuntamiento comenzó a talar estos laureles, de más de 80 años, alegando que estaban muertos o enfermos por estrés hídrico, plagas o contaminación, lo que implicaba un peligro para los transeúntes en caso de desplome. Una intervención que se prevé concluya el próximo diciembre y para la que se ha destinado un millón de euros.
No obstante, De la Rosa tildó de “falsos” estos argumentos, pues “solo habían tres laureles muertos y el resto estaban sanos y eran recuperables con tratamiento adecuado. El problema está en que a los árboles se les maltrata durante años, no tienen el riego que necesitan, ni abono ni sustrato, los someten a podas agresivas y, pese a que están hechos un asco, siguen con brotes. Pese a ello, el Ayuntamiento decide talarlos aunque sin hacer público informes técnicos o expedientes que así lo justifique”, subrayó.
En este sentido, indicó que “cuando nos enteramos de esta tala presentamos un escrito al consistorio exigiendo la paralización de la tala, además de que nos dieran los informes, que hemos pedido por escrito muchas veces pero nunca nos contestan. Al no disponer de esta información, no podemos personarnos para presentar alegaciones o aportar informes de nuestros técnicos, donde se compare si esos árboles están o no enfermos”.
Por ello, varias entidades ciudadanas denunciaron ante el Seprona dicha decisión municipal, apuntando que “hay leyes medioambientales, en España y en Europa, que protegen a las aves que viven en hábitats urbanos y que crían ahí, tal y como era el caso de estos laureles. Una denuncia a la Guardia Civil que sigue su curso y que volveremos a retomar para ver qué ha pasado con ese informe, a qué juzgado se ha derivado y si implicará una sanción al Ayuntamiento, quien trata a los árboles como si fueran mobiliario urbano, sin cuidarlos ni mantenerlos”, subrayó. Para este colectivo, “el discurso de los responsables municipales se lo cree cada vez menos gente, aparte de que están incumpliendo con la ley de Transparencia y el convenio de Aarhus, que insta a las administraciones a facilitar información en caso de una intervención medioambiental”, dijo.
En opinión de la ecologista, entre las causas que llevan al consistorio a actuar en contra del arbolado destaca “la falta conciencia medioambiental del alcalde y de los concejales. Se aprenden cuatro frases de apostar por un Santa Cruz Verde que dan hasta risa. Por otra, está el hecho de que el Ayuntamiento cede la sesión de Parques y Jardines a contratas que solo se mueven por dinero. Se ahorran el mantenimiento de árboles de gran porte, los dejan morir, pero luego cobran las talas y la plantación de ejemplares que los sustituyen, que también vuelven a maltratar por falta de cuidados”.
En el mismo orden se pronunció la presidenta de la asociación para la Recuperación del parque cultural Viera y Clavijo, Ana Mendoza, quien denunció el estado del arbolado de este complejo, donde se están talando ejemplares por las obras de rehabilitación. “Tenemos documentado gráficamente los puntos donde han desaparecido especies desde que vallaron para los trabajos. En concreto sabemos de siete palmeras y de dos cipreses que flanqueaban la entrada, que han dejado morir después de 50 años en perfecto estado”.





