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Sara, una tinerfeña en silla de ruedas por una lesión medular, recauda fondos para tener un perro de asistencia

A sus 32 años y con una discapacidad del 70%, esta joven busca ayuda para readaptarse y aumentar su autonomía personal
Sara, una tinerfeña en silla de ruedas por una lesión medular, recauda fondos para tener un perro adiestrado
Sara Agrella Aragón recauda fondos para poder tener un perro de asistencia. / Fran Pallero

En 2022 Sara sufrió una lesión medular que tras varias operaciones y meses de trabajo de rehabilitación ha derivado en una discapacidad del 70%.

Con una movilidad reducida a la que la joven de 32 años trata de adaptarse, busca ayuda para poder recaudar 10.000 euros mediante un crowdfunding para poder acceder a un perro adiestrado para personas con discapacidad que le asista y ayude a superar las barreras que encuentra en su vida diaria. Este perro de servicio “me cambiaría la vida y aumentaría mi autonomía, para poder hacer las cosas por mí misma” sin tener que estar dependiendo de otros.

-¿Cómo ha llegado a estar en una silla de ruedas?
“Yo era autónoma, tenía mi propia tienda de accesorios para animales en la avenida San Sebastián en Santa Cruz de Tenerife. Un día cargando peso no me agaché bien y esa mala postura me provocó una hernia discal. Este accidente laboral no fue reconocido como tal, así que me lo pusieron como contingencia común. Se me salió un disco y este me presionaba la médula. Me operaron la primera vez el 14 de marzo 2020, al día siguiente de la cirugía me dieron el alta para mandarme a casa porque fue cuando nos encerraron por la Covid. No quedé bien y me dolía un montón la espalda. En agosto de ese mismo año, la resonancia confirmó que tenía recidiva de la hernia, así que me volvieron a meter en lista de espera para una nueva operación pero ésta se retrasó varios meses más, era la época postCOVID. Cuando no pude más del dolor, y ayudada por mi padre ya que no podía caminar, llegué en enero de 2022 a Urgencias del Hospital de La Candelaria donde estuve tirada en un pasillo acostada de lado en una camilla. Tras una semana entera denuncié mi caso en varios medios de comunicación y me subieron a planta. La justificación en La Candelaria para estar tirada en el pasillo de urgencias fue que se planteaban operarme si estaba dos semanas con dolor invalidante -cuando yo estaba con una bomba de fentanito de la unidad del dolor-. Era un absurdo, tenía la médula comprometida y era algo que se tenía que haberse operado en las primeras 48 horas, sin embargo, me tuvieron una semana retorcida de dolor, pero no fueron capaces de reconocer ese error. Finalmente pedimos el alta voluntaria y mi padre me tuvo que pagar una cirugía por la sanidad privada porque es que ya no podía continuar con ese dolor insoportable, no podía mover las piernas, no podía orinar, no tenía funcionalidad de cintura trabajo. Fui trasladada a la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital Insular de Gran Canaria donde estuve unos meses ingresada y trabajé para recuperar algo de función. Allí aprendí de nuevo todas las actividades diarias, a vestirme y desvestirme, a sondarme para poder orinar, a usar la silla, etc. También tienes ayuda psicológica en la que comienzas a aceptar tu nueva realidad”.

-¿Tiene reconocida una discapacidad?
“Con mi lesión medular incompleta tengo reconocido una discapacidad del 70%. Gracias al trabajo de rehabilitación puedo caminar distancias cortas con muletas o andador, pero he perdido el equilibrio en un par de ocasiones, me he caído y me he hecho mucho daño, así que utilizo en mi día a día cada vez más la silla de ruedas. La verdad es que para muchas cosas cotidianas dependo de otras personas, y otras muchas, no me atrevo a hacerlas sola, porque al final mi autonomía no es la misma que antes de la lesión en la columna. Por ejemplo, si se me cae algo al suelo, como tengo la espalda fijada con un soporte de hierro, no puedo recogerlo y si pudiera llegar sería forzando muchísimo la espalda, lo que al final me puede producir una lesión. Hace un tiempo barriendo la casa en muletas me caí al suelo y estuve varios meses con dolor. Tampoco me atrevo a ir sola en transporte público o por la calle por miedo a perder el equilibrio y que se me caiga y no tener a nadie que me ayude”.

Sara Agrella Aragón recauda fondos para poder tener un perro de asistencia
Sara Agrella Aragón recauda fondos para poder tener un perro de asistencia. / Fran Pallero

-Cuándo surgió la idea de un perro de servicio?
“No quiero estar dependiendo de otras personas para hacer las cosas, sino yo poder hacerlas por mí misma. Ya en la Unidad de Lesionados Medulares en Gran Canaria comencé a ver vídeos y pensar en que podría ser una buena solución para mí. Además, siempre he tenido un gran amor por los animales, era voluntaria en una protectora, mi tienda era de accesorios para animales y yo soy peluquera canina. Entonces conocía que hay perros adiestrados para ayudar a personas con discapacidad. En estos últimos años he contactado con varias entidades, pero no hay muchas entidades que adiestren perros de asistencia para la movilidad. Por ejemplo, todo el mundo conoce que Fundación ONCE está especializada en perros guía para personas ciegas, y otras se especializan en otro tipo de perros. En España existen cinco tipos de perros de asistencia reconocidos oficialmente (perro guía, perro de servicio, perro de autismo, perro señal y perro de alerta médica) y para todos tienes que tener discapacidad. Sin embargo, un perro de apoyo emocional o de protección para las mujeres víctimas de violencia (PEPOS) no están reconocido por ley”.

-¿Cómo es el proceso para tener un perro de servicio?
“Me puse en contacto con la Asociación Discan que es una entidad de perros asistencia en Cataluña. El coste es 24.160 euros y ellos subvencionan más de la mitad, pero otra parte la tiene que abonar el usuario, así que estoy intentando recaudar los 10.200 euros restantes. Para esto he creado una campaña con el lema Un perro de asistencia para Sara en la plataforma de crowdfunding social de la Fundación Mi grano de arena. Necesito lograr esos 10.200 euros para que comience el proceso de búsqueda de cachorro y tras dos años de adiestramiento tenerlo conmigo. He preguntado en todas las administraciones y no hay ayudas oficiales, por tanto la mayoría de las personas que necesitan un perro de asistencia nos vemos en la misma situación: es un coste bastante elevado que muchas familias no se pueden permitir, a pesar de que le daría un montón de autonomía para su discapacidad.
La asociación selecciona al cachorro, lo educa en obediencia básica y convivir en familia, tiene que tener un buen carácter, después comienza el adiestramiento especializado donde debe pasar unas pruebas muy concretas. Cuando termina todo este proceso, que suele durar dos años, lo traerán a la casa del usuario, y estarán un mes el perro y la adiestradora para que se vaya incorporando al día a día y observar cómo se van adaptando ambos”.

-¿Qué tareas puede realizar?
“El perro es adiestrado para facilitar la vida de las personas con discapacidad en lo que necesiten, en tareas de apoyo, auxilio, aviso, asistencia y conducción. Un perro de servicio me cambiaría la vida. Para mí la clave es que aumentaría mi autonomía para poder hacer las cosas por mí misma sin tener que estar dependiendo de otra persona, y me ayudaría y facilitaría poder superar las barreras que me encuentro en mi vida diaria. Por ejemplo, una habilidad muy útil sería ayudarme a desvestirme, por ejemplo quitarme los calcetines por que no puedo doblar la espalda y no llego. También necesito mucha ayuda para recoger y traer cosas, que me parece otra habilidad necesaria. A mí se me caen cosas de las manos muchas veces y no siempre tengo a alguien cerca al que pueda avisar para que me ayude. También lo necesitaría para que me acompañara y me ayudara en mis salidas a la calle, a la hora de coger el transporte público o también se les puede enseñar habilidades como avisar o buscar a alguien si te caes y te haces daño. Yo recientemente me he caído caminando en la calle con las muletas, estuve esperando varios minutos hasta que alguien pasó por allí y pudo ayudarme porque no era una calle muy transitada. También hay otras tareas habituales como abrir o cerrar puertas, encender o apagar las luces, tapar o destapar las sábanas en la cama…, muchas de ellas no les damos valor hasta el momento en que la vida te da un cambio radical y tienes que adaptarte como puedes. Un perro de asistencia me haría la vida más fácil”.

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