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Antonio González Ramos, el tinerfeño torturado hasta la muerte por el franquismo

Se cumplen ahora 50 años del asesinato, a manos del comisario José Matute Fernández, del líder obrero y vecinal tinerfeño
Antonio González Ramos, el obrero tinerfeño torturado hasta la muerte por el franquismo

Antonio González Ramos dormía en su vivienda en la madrugada del 30 de octubre de 1975 cuando unos golpes en su puerta lo despertaron. 11 hombres se avalanzaron sobre él en el mismo instante en el que la abrió. Moriría horas más tarde, víctima de las torturas a las que fue sometido por José Matute Fernández, un matón fascista jefe de la Brigada de Investigación Social tristemente conocido.

A punto de cumplirse 50 años de su terrible asesinato, el Partido Comunista de Canarias en Tenerife ha querido recordar su figura para que su muerte no caiga en el olvido: “Debemos
recordar que las libertades de las que hoy disfrutamos han sido conseguidas gracias a la lucha por la democracia y el socialismo de miles y miles de trabajadores como él”.

Antonio González Ramos, emigrante

Como otros muchos españoles, Antonio hizo las maletas en los años 60 rumbo a Alemania, escapando de la miseria del franquismo. Siendo operario en una fábrica, creó vínculos con el Partido Comunista de España gracias a su relación con otros españoles exiliados.

De regreso, ya con firmes convicciones socialistas, comenzó a moverse en los círculos obreros de la Isla, coincidiendo con su entrada en la fábrica de tabacos de Philips Morris. Antonio González Ramos puso en marcha Comisiones Obreras en Tenerife y se significó como un decidido activista vecinal.

Militó, primero, en la OPI (Oposición de Izquierdas del PCE), germen de lo que luego sería el Partido de Unificación Comunista en Canarias (PUCC), una escisión del Partido Comunista de España que llegó a ser tercera fuerza política en Tenerife en 1979, alcanzando dicha formación la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria.

Panfleto original que repartía en 1975 la Oposición de Izquierda del Partido Comunista en Canarias. | DA

11 hombres lo detienen en presencia de sus hijos

Seis miembros de la Delegación Especial de la Dirección General de Seguridad para Canarias, a las órdenes del jefe de la Brigada Social -la policía política de Franco-, José Matute Fernández, y cinco funcionarios del Servicio de Información de la Guardia Civil irrumpen en la casa de Antonio González Ramos.

En casa de Antonio nunca encontraron nada, pero sí en la vivienda de otro -panfletos y dinamita, usada para la pesca ilegal-, y es ese militante el que lo denuncia para eludir a la justicia.

Con Franco postrado en una cama, el torturador José Matute Fernández quiere alcanzar el mérito de “desarticular un grupo armado” debido a la popularidad y el apoyo del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), liderado por Antonio Cubillo. Antonio es detenido tras registrar su casa ante sus cuatro hijos y su mujer.

El siniestro José Matute Fernández lo tortura y asesina

Antonio fue llevado a los sótanos de la actual Subdelegación del Gobierno, en Santa Cruz de Tenerife, por aquel entonces conocido como edificio del Gobierno Civil, donde fue torturado de manera brutal.

Aunque sumamente duro, lo mejor es extraer lo recogido en el sumario judicial respecto a la muerte de Antonio González Ramos: “Estando con las muñecas en la espalda y tan fuertemente esposadas que luego aparecerían erosionadas, el inspector Matute le golpeó repetidamente con la mano abierta en el cuello, propinándole rodillazos en el estómago, y, una vez derribado en el suelo y en posición decúbito supino, se dejaba caer con las rodillas sobre la caja torácica y boca del estómago, ocasionándole, según reveló la autopsia, fractura de la segunda a la séptima costillas izquierdas, así como la quinta, sexta y séptima costillas derechas, fracturándole, asimismo, el esternón, con hemorragia en el mediastino anterior, y produciéndole asimismo múltiples lesiones, con hígado desgarrado y con hematomas en celda renal derecha, alcanzándole la columna vertebral, en la que se dio una ligera infiltración sanguínea”.

Matute y sus secuaces, como un cabo primero de la Guardia Civil acusado de encubrimiento, trataron de falsificar lo sucedido, intentando que todo pasara como un suicidio. Según los torturadores, Antonio se habría lanzado en marcha del coche que lo trasladaba al interrogatorio. El informe médico tiró por tierra la coartada de Matute, el hombre que, ante la mirada de terror de los detenidos, como Antonio González Ramos, alardeaba de sus grandes conocimientos de kárate.

Matute se encuentra con “hombres valientes”, recalca el PCC

Por suerte para la justicia, como recuerda en su escrito el Partido Comunista de Canarias, “la honradez y valentía” del fiscal Mariano Fernández Bermejo, y de los magistrados de la Audiencia tinerfeña Rodolfo Soto Vázquez y de su presidente José Luis Sánchez Parodi, condujo al procesamiento de José Matute Fernández y su cómplice, el cabo primero de la guardia civil José González Álvarez.

Desgraciadamente, la Ley de Amnistía de 1977 permitió que todos ellos eludieran las consecuencias penales del asesinato que habían perpetrado. José Matute acabaría sus días desarrollando su labor policial en una comisaría de Madrid. Tiempo después se conocería que Antonio González Ramos fue denunciado por otro hombre a cambio de impunidad.