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Cubanitos, perricaos o galletas Mimo: lo que los canarios comíamos en los recreos de los 80 y 90

Aquellos sabores son irrepetibles porque están asociados, para siempre, a nuestro recuerdo
Cubanitos, perricaos o galletas Mimo: lo que los canarios comíamos en los recreos de los 80 y 90

Cuando estábamos en el colegio y llegaba el recreo exprimentábamos una explosión de alegría. No solo porque parábamos de dar clase, sino que aquel intermedio abría la puerta, por ejemplo, a poder comer algunas de las cosas que más nos gustaban.

Es verdad que no eran los alimentos más sanos del mundo -¿para qué engañarnos?- pero aquellos sabores son irrepetibles. No porque algunos de estos productos hayan desaparecido, sino porque, básicamente, no nos saben igual: están asociados, para siempre, a nuestro recuerdo.

Lo que comíamos los canarios y canarias en los recreos de los 80 y 90

Cubanitos

Valían tanto para desayunar como para merendar. Eso sí, siempre y cuando llegaran de una pieza, porque al meterlos en la mochila, en muchas ocasiones, acababan seriamente dañados.

Llegaba el recreo y comíamos este producto de Gran Canaria, producidos por Bandama, con su característico color rosa. En sus inicios, el proceso de producción era muy artesanal, casi manual. Contaban con un pequeño horno para galletas y una sencilla draga para las Ambrosías.

El 55% de los Cubanitos era, y es, crema con azúcar, grasa vegetal de palma, almidón de maíz y aroma. Años más tarde, incluso Danone sacaría una natilla de Cubanitos. No es para menos.

Perricaos

Antes de que la lógica se impusiera y se tomaran medida en todo lo relacionado con la nutrición y la salud infantil, a muchos niños y niñas de Canarias le daban un Bollycao para merendar. En medio de esa moda, Los Compadres (desaparecida tras 50 años de actividad) lanzó al mercado el Perricao.

Estaba claro, el mismo eslogan lo decía, se trataba de ‘Mi merienda’ y eso mismo ocurrió en las Islas, pero también conquistó los recreos. Perricao, que tenía más chocolate y era más barato que el Bollycao, causó furor porque, además, podía comprarse en los supermercados cuando el Bollycao aún no había llegado.

Era una bomba calórica, es cierto, pero estaba buenísimo. ¿El único pero? No traía pegatinas de regalo de las series de moda como sí hacía el “original” y siempre había que compartirlo: era raro que sacaras uno y no te pidieran “un cacho”.

Jugos Libby’s

En el recreo no solo se trataba de comer, también había que beber y en los 80 y 90 vivimos un verdadero boom de los jugos envasados. Los de melocotón se llevaban la palma, pero también los de piña o pera-piña (con la naranja nos resistimos algo más).

En 1971 nacía Establecimientos Industriales Archipiélago, SA (EIASA), una empresa familiar que se convierte en la primera industria de jugos en Canarias.

Comprometidos con el desarrollo de la industria local, comenzaron a fabricar jugos y salsas con la marca Libby´s como referente, formando parte de los hogares Canarios desde ese momento. También de nuestros recreos. Si lo llevabas en botella de cristal, cuidado, más de una mochila quedó perdida después de que se rompiera dentro un jugo.

Batidos Millac

Sigamos con las bebidas. Fruto de la desaparición del grupo de alimentación canario José Sánchez Peñate S.A (JSP), fabricante, entre otros, de los productos Millac y Celgán, nos hemos quedado sin algunos de los productos canarios más recordados, como los batidos Millac.

La marca llegó a producir “100 millones de envases al año, con exportaciones, sobre todo, a África, pero también a la Península”, como reconocía Javier del Barrio, director de la fábrica. Una de las claves de su éxito fue aquella mítica imagen de los dos niños junto al vaso de leche, realizada por Teodoro Ríos.

Los de vainilla y chocolate eran los preferidos en los recreos. Muchos dicen que nunca ha habido batidos envasados mejores…

Galletas Mimo

Las galletas Mimo fueron uno de esos productos que marcaron los recreos de muchos niños en España durante los años 90. Comercializadas por Artiach, estas galletas se hicieron populares por su textura crujiente, su sabor dulce y, sobre todo, por el inconfundible envoltorio de colores vivos que llamaba la atención en cualquier supermercado.

Eran atractivas porque simbolizaban unas caras y estaban rellenas de crema, similares a las actuales Oreo. Desaparecieron, aunque aún, a día de hoy, pueden encontrarse algunas similares de la marca blanca de algún supermercado.