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Iñaki Gabilondo: “Los jóvenes que hoy idealizan la dictadura no aguantarían ni un mes aquello”

El periodista guipuzcoano, premio Taburiente de DIARIO DE AVISOS en 2016, se desplazó a Tenerife para participar en los actos conmemorativos de la ULL por el 50º Aniversario de la Transición
Iñaki Gabilondo. DA
Iñaki Gabilondo. Fran Pallero

Ante un sistema democrático visiblemente desgastado, un ruido mediático ensordecedor y unas luchas políticas estériles que reflejan la escasa talla de muchos de nuestros representantes, escuchar las reflexiones de Iñaki Gabilondo es hoy, más que nunca, necesario.

El periodista guipuzcoano, premio Taburiente de DIARIO DE AVISOS en 2016, se desplazó a Tenerife para participar en los actos conmemorativos de la ULL por el 50º Aniversario de la Transición. Una ocasión para mirar al pasado y reflexionar sobre el presente.

-Se cumplen 50 años de la transición. ¿Qué recuerdo guarda de aquel proceso?

“Uno se encuentra con un asunto muy sobado, muy trillado, que ha quedado muy pisoteado por mucha gente, y eso nos enfada mucho a quienes fuimos testigos de aquello. Es totalmente injusto, porque no fue en absoluto una trampa, ni un apaño como algunos dicen; fue una operación dificilísima que salió bien, como podía haber salido mal, y que se hizo frente a resistencias fortísimas. Quienes hemos vivido eso conservamos un recuerdo emocionado de lo que fue un momento especial, y también cierta ira porque no se haga justicia. Se debe recordar que hubo un tiempo histórico en el que España, en un atolladero imponente, salió adelante, pienso yo, de una manera muy noble, con un esfuerzo grande de todos y con muchos sacrificios personales. Eso, a mi juicio, quedó en la memoria de todos nosotros como algo de gran valor para el futuro. Es como un ciego que, de repente, ve durante un minuto y luego vuelve a quedarse ciego, pero ya ha visto. Nosotros vimos que era posible, en una situación de ratonera total, salir adelante haciendo cada uno un esfuerzo de cesión. Fuimos testigos de que, en circunstancias extremadamente difíciles, es posible salir adelante si nos ponemos de acuerdo. La foto de los Pactos de la Moncloa debería guardarse como guardamos la de la Real cuando ganamos la Liga (risas). Es una foto que encierra una cierta moral: en momentos de horas bajas, uno puede decir somos capaces de ganar la Liga. Del mismo modo, creo que ahora deberíamos aprovechar esa memoria para hacer una reflexión interesante sobre el tiempo presente, tan complicado y difícil, utilizando como pequeño elemento de moral colectiva la memoria de la transición”.

-Insiste bastante en esos esfuerzos que hicieron posible la transición democrática. ¿Cómo valora que hoy vuelvan al debate político discursos que recuerdan a tiempos pasados?

“Yo lo asocio básicamente a una crisis de la democracia. La democracia está envejecida: es una herramienta fundamental, pero tiene algo de roña; necesita ser actualizada, engrasada, refrescada. Y no lo está siendo. Los partidos políticos tendrían que revisar su papel y leerlo de otra manera, y no lo están haciendo. Están llegando a la sociedad como máquinas que no resuelven los problemas. De ahí surge una impugnación al sistema, y esa impugnación al sistema acaba abrazando las voces más radicales. En todo el mundo está ocurriendo eso. Las democracias están quedando superadas, en cierto sentido, por la complejidad de los problemas de la humanidad. No se están adaptando con suficiente habilidad, y la gente se aferra a los elementos más radicales: como quien busca contestar, de la manera más airada, más clamorosa, a lo que pasa”.

-Surgen así figuras como Trump…

“Siempre aparece la misma añoranza: el hombre de hierro, el gran salvador, el deus ex machina, el que resolverá los problemas. Es así: básicamente, es una impugnación. No creo que se esté defendiendo tanto un modelo alternativo como criticando el modelo existente. Aunque, claro está, también hay sectores que sí representan un movimiento claramente reaccionario, de extrema derecha, que en todo el mundo está empujando en esa dirección. Para mí, es una gran pena que la única luz que se ve en el horizonte sea una pequeña línea de luz que corresponde a quienes sueñan con un futuro que se parece al pasado. No hay un anhelo de futuro progresivo; hay un anhelo de futuro que consiste en volver atrás. Eso, para mí, es lo más triste de todo”.

-Y en ese retroceso, o en ese anhelo de retroceso democrático, ¿qué responsabilidad cree usted que tienen los medios de comunicación actuales?

“Los medios de comunicación están nadando en ese mismo mar; no están observando el asunto desde arriba, son peces de esa agua. Están braceando y nadando con grandes apuros. Todos los medios están en dificultades económicas, todos. No hay ninguno que no lo esté, y están muy preocupados por cómo salir del agujero. No saben muy bien cómo hacerlo. Se las ingenian como pueden para ver si flotan y, por tanto, ya no pueden ser vistos como entes que dirigen, a los que se pueda pedir responsabilidad. Están siendo atropellados por la misma corriente. Están desconcertados. Ya no son, como antes, medios de comunicación de masas. Los medios de masas hoy son TikTok, Instagram… Ningún periódico ni ninguna radio lo son. El programa de televisión más visto apenas reúne un millón doscientos mil espectadores. Está todo tan fragmentado que las verdaderas masas están en las redes sociales. Así que los medios hacen lo que pueden, buscan como pueden la manera de salir a flote. Pero la gente sigue muy acostumbrada a mirar a los medios como si fueran los poderes que dirigen las maniobras, y yo no creo que lo sean en absoluto”.

-Se habla mucho de la crisis del periodismo y del declive de los grandes medios tradicionales. ¿Cree que el oficio está realmente en peligro?

“Los medios están en crisis, sí, pero no creo que ninguno vaya a desaparecer del todo. Inventarán otras fórmulas. Yo he viajado mucho por el mundo y estoy viendo una gran cantidad de iniciativas periodísticas nuevas; seguro que surgirán cosas interesantes. Lo que ocurre es que ahora mismo todavía no se ha dado con la tecla. Ningún gran periódico puede decir que ha encontrado la solución. Algunos han dado con pistas prometedoras, pero todos siguen en apuros, y es natural. Pensemos en lo que era un periódico tradicional: talabas un árbol, hacías bobinas de papel, esas bobinas viajaban en camiones por toda Europa, llegaban en barco, se descargaban en una nave enorme, se metían en unas formidables máquinas que imprimían el periódico, y ocho horas después llegaba al lector. Ahora haces clic y ya está. ¿Cómo no iba a irse a pique esa estructura de negocio? Era imposible que no cayera. Hoy se está tratando de encontrar la manera de flotar. Pero el periodismo, no las empresas, tiene una salud envidiable. Lo que no la tiene son las estructuras económicas tradicionales que lo sostenían, esas sí están temblando. Pero algo nuevo surgirá, seguro. No tengo ninguna duda. He visto muchas cosas en el mundo. Quizás dentro de unos años ya no existan The New York Times, El País, Prisa, la SER o la COPE como las conocemos. Quizás se llamen de otra manera, pero seguirá siendo periodismo. Porque el periodismo va a mantenerse con absoluta seguridad, ya que la sociedad necesita este tipo de contenido. Lo que no está tan claro es que sobrevivan las estructuras económicas históricas y tradicionales que lo sostenían. Esa es la diferencia”.

-Mencionaba antes TikTok y las nuevas plataformas. Me parece interesante su postura… Vemos muchos medios que intentan adaptarse o subirse al tren de las redes.

“Porque tienen pánico económico. Tienen auténtico pánico económico. No he visto cosa más ridícula que un periódico haciendo likes y alardeando: los artículos más leídos, el que más ha gustado, el que más se ha compartido, hemos tenido ochenta likes… Eso es como la gente mayor que se disfraza de joven para ligar. Esa es la comparación: lo hacen con la esperanza de a ver si ligo, a ver si me hago moderno. Es una pequeña ingenuidad, pero también una muestra clara de las dificultades que atraviesan los medios y de la búsqueda desesperada de atajos para llegar, como sea, al público joven. No sabemos qué va a pasar. Pero se harán cosas, seguro. De eso no tengo ninguna duda. Siempre las ha hecho el ser humano. Yo suelo poner un ejemplo con los árboles: solemos ver cómo se desploman los árboles, pero no vemos cómo crece la hierba. Y sin embargo, la hierba está creciendo. Estamos viviendo un momento histórico en el que nos toca presenciar el derrumbe de los grandes tinglados, pero también hay mucha vida moviéndose por debajo. Hay mucha gente haciendo muchas cosas nuevas, explorando caminos distintos. Pero no sé vaticinar qué pasará. No tengo ni idea”.

-Esta semana estaba prevista la visita de Vito Quiles a las dos universidades públicas canarias. ¿Cómo valora la presencia de este tipo de agitadores en el espacio mediático?

“Es un provocador. Eso es tan viejo como el mundo: siempre ha habido millones de provocadores a lo largo de la historia. Suele ser muy difícil no caer en el anzuelo de la provocación, porque si no entras, te hace un paseo militar, y si entras, al cabo de un minuto, él se quita y te quedas con la piedra en la mano. Es muy difícil saber qué hacer ante eso, pero lo básico es reconocer que se trata de un provocador y no engañarse pensando que busca otra cosa. Y lo que me parece lamentable es que haya medios que, en vez de mantener distancia crítica, le bailan el agua y le tocan las castañuelas”.

-Está en la Isla para charlar con los estudiantes de la ULL. ¿Qué consejo les da?

“Vivimos en una situación de inestabilidad general. Las nuevas generaciones están desanimadas, pero lo están porque tienen una visión muy cerrada de las cosas. Les diría que no se detengan en lo que está pasando. Lo que está pasando… está pasando. No se aferren a esta coyuntura como si fuera a definir toda su carrera profesional o su vida durante los próximos cincuenta años. Vivan esta circunstancia con preocupación, sí, traten de sobrellevarla, pero no le entreguen su vida a este momento. Dentro de diez años, si alguno de vosotros pudiera mirar atrás, vería que no queda nada parecido a lo que hoy estamos viviendo o diciendo. Yo quise ser periodista en una época en la que prácticamente no se podía ejercer el periodismo. ¿Y por qué no me rendí? Porque tenía la esperanza de que las cosas cambiaran. Y mientras eso ocurría, me decía: Mientras tanto, haz lo mejor que puedas lo que tienes que hacer tú. Cuando a los marineros les fallan todos los aparatos de navegación, miran a las estrellas: los elementos estables. Pues cuando no sepas muy bien qué hacer, mira también tú a los elementos estables. Recuerda en qué consiste tu trabajo, quién es el destinatario de tu trabajo, qué le debes a ese destinatario, cómo debes prepararte, cómo debes actuar, cómo debes moverte. Construye eso, guíate por las estrellas, y no trates de vaticinar qué pasará dentro de cincuenta años”.

-Se escucha mucho eso de “no tienen futuro”.

“¡El que no tiene futuro soy yo! (risas) ¿Cómo que no tienen futuro? ¡Si solo vosotros tenéis futuro! Cuando yo tenía veinte años, si venía un hombre de cincuenta a decirme que yo no tenía futuro, me echaba a reír: ¿Cómo que no tengo futuro? Claro que tengo futuro. No sé muy bien cómo voy a hacerlo, pero estoy remangado, tirándome al cuello, agarrándome a la vida, trabajando, esforzándome, toreando el toro que me ha tocado vivir. Ya veremos adónde me lleva. No debéis permitir que la gente mayor os diga que no tenéis futuro”.

-Si ampliamos la mirada más allá de España, ¿cómo valora el retroceso democrático que se está produciendo a escala global?

“Mi manera de ver la historia de la humanidad siempre ha sido la misma: en el mundo, a lo largo de los siglos, casi siempre ha ganado la ley del más fuerte. La historia humana es, en buena medida, la del más fuerte imponiendo su ley. Pero, con el paso del tiempo y gracias a esfuerzos múltiples, la sociedad ha ido construyendo mecanismos de defensa frente a esa ley del más fuerte. Ha ido oponiendo, a veces de manera aislada, a veces de forma más organizada, la fuerza de la ley frente a la ley de la fuerza. Poco a poco se ha ido librando esa batalla. Toda película del Oeste, si te fijas, tiene siempre el mismo argumento: en un pueblo domina la ley del más fuerte, aparece un sheriff que intenta imponer la ley, casi siempre en inferioridad absoluta, y poco a poco, de abajo arriba, logra restablecer el orden. Esa es la metáfora perfecta de la historia de la humanidad: el imperio de la ley tratando de oponerse al imperio de la fuerza. Durante un tiempo habíamos avanzado mucho en esa dirección. Con la llegada de las democracias, se logró que la ley del más fuerte, que siempre ha existido y siempre existirá, tuviera un contrapeso real en la fuerza de la ley”.

– Parece que esa “ley del más fuerte” empieza a imponerse…

“Ahora los grandes poderes del mundo han vuelto a recuperar el terreno perdido. En este momento, la fuerza de la ley está sometida de nuevo a la ley del más fuerte, que trabaja activamente para eliminar los obstáculos que limitan su voluntad. ¿Por qué se suprimen derechos? Porque todo derecho es una pequeña piedra en el camino del poder absoluto. ¿Por qué se debilitan las normas? Porque toda norma impone un límite a la voluntad del más fuerte. Así, se van liquidando poco a poco las barreras que la humanidad había construido, a través de derechos, normas, pactos y acuerdos, para oponerse a esa ley de la fuerza. Mi impresión es que, hoy por hoy, la ley del más fuerte vuelve a imponerse en el mundo. No sé cómo va a terminar esto, porque la historia sigue en marcha, pero todo indica que estamos caminando otra vez en esa dirección: la del imperio de la fuerza. Trump, desde luego, es el símbolo absoluto de ese retorno a la ley del más fuerte”.

-¿Mantiene el optimismo?

“Yo nunca he sido optimista. Yo mantengo la esperanza, que es algo distinto, y más mediterráneo, si quieres. La mantengo porque creo que el ser humano tiene una vida corta, y en esa vida corta solo alcanza a ver el tramo que le toca vivir. Pero si pudiéramos mirar desde más arriba, seguramente encontraríamos territorios más amplios, donde las cosas se mueven de otro modo. Ahora, ¿qué va a ocurrir con el futuro de la humanidad? No tengo ni la más remota idea. Mira, yo hice para Movistar Plus una serie que se llamaba Cuando ya no esté, en la que entrevistaba a expertos sobre cómo será el mundo dentro de dos o tres décadas. Quise hacer ese programa porque buscaba una respuesta a la pregunta de qué va a pasar. Y, sin embargo, todos me dijeron lo mismo: la pregunta no es qué va a pasar, la pregunta es qué vamos a hacer. Y me quedé con esa idea, porque sirve para casi todo. Aunque sé que hay muchas cosas que no están en nuestras manos, no me parece una mala receta: no te preguntes tanto qué va a pasar, pregúntate qué vas a hacer, porque mucho de lo que vaya a pasar dependerá, precisamente, de lo que hagamos”.

“Con Franco ansiábamos el día en que España fuera un país libre”

El que fuera periodista de la Cadena SER, Cuatro y RTVE, entre otros medios, vivió de primera mano la transición… pero, sobre todo, la dura represión de los tiempos franquistas. “La dictadura se comió mi infancia, mi adolescencia, mi juventud hasta los 30 años. Así que la muerte de Franco me importó poco; lo que me marcó fue su vida”, recuerda el guipuzcoano. Su infancia y sus comienzos periodísticos, marcados por la represión, fueron relatados por Carmelo Rivero en su libro Iñaki Gabilondo, ciudadano en Gran Vía: la aventura de 30 años de radio (1998). Aquellas vivencias le recuerdan hoy el valor de la libertad: “Ansiábamos el día en que España pudiera ser un país donde se pudiera pensar lo que uno quisiera, amar a quien quisiera, tener la identidad que quisiera”. Y le sorprende, no sin cierta preocupación, la ligereza con que algunos jóvenes mencionan aquel pasado: “Cuando hoy en día oigo a algunos jóvenes idealizar ese tiempo, pienso: está bien, pero si quieres te cuento cómo era, y luego me dices si de verdad te gustaría vivirlo. Yo digo que no aguantarían ni un mes aquello.”