La Policía Nacional ha comunicado que, tras registrarse una amenaza en el campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), se activó de forma inmediata el protocolo previsto para este tipo de situaciones y se procedió a desalojar varias facultades.
La “amenaza de masacre”, como citan distintas fuentes, vendría firmada por el grupo 764, que en los últimos tiempos se ha expandido por internet y que tiene un claro carácter nazi y satanista.
El desalojo de varios centros docentes se ha llevado a cabo como medida preventiva y con el objetivo de garantizar la seguridad en todo momento, subrayan las fuentes policiales.
El grupo 764
El grupo 764 es una de las redes de explotación, radicalización digital y violencia online más estudiadas por las autoridades en los últimos años. Sus miembros desarrollan actividades que van desde la sextorsión y la manipulación de menores hasta la difusión de contenido violento y material de abuso infantil. Aunque su imagen pública ha quedado asociada a una estética extrema, su estructura real se aleja de una organización ideológica clásica: funciona como una comunidad descentralizada que se oculta en distintas plataformas de internet.
Fundador y origen del nombre
El grupo 764 fue fundado alrededor de 2021 por Bradley Chance Cadenhead, un adolescente de Stephenville (Texas) que, en el momento de su creación, apenas rondaba los 15 años. Su alias en redes era conocido como “Brad764” o “Felix”. El nombre del grupo proviene de los tres primeros dígitos del código postal de su localidad de origen y fue utilizado inicialmente como denominación del servidor en línea donde él y otros usuarios comenzaron a operar
El surgimiento del grupo 764 está vinculado a una comunidad previa denominada CVLT, centrada también en prácticas de sextorsión y abuso digital. Tras la ruptura de ese entorno, Cadenhead impulsó su propia red, que pronto evolucionó a un ecosistema global con diferentes subgrupos.
Cómo funciona la red y cuáles son sus objetivos
El grupo 764 opera principalmente en plataformas digitales y servidores privados. Su actividad se sostiene sobre cuatro características principales:
- Captación y manipulación de menores, especialmente adolescentes vulnerables.
- Obtención de contenido sexual explotado mediante chantaje o presión psicológica.
- Difusión de material violento como elemento de pertenencia dentro del grupo.
- Uso de la estética extrema y el lenguaje del odio como herramienta de intimidación.
Aunque en algunos espacios se presenta como un grupo con influencias satánicas o neonazis, analistas coinciden en que la motivación central de sus miembros no responde a una ideología estructurada. Más bien emplea esta simbología de manera provocadora, como disfraz cultural y como herramienta para atraer adolescentes o personas en situación de vulnerabilidad.
Expansión internacional y detenciones
La detención del fundador no supuso la desaparición de la red. Su estructura se fragmentó en distintos subgrupos y continúan existiendo comunidades herederas de su misma lógica. Durante los últimos años se han producido varias operaciones policiales en distintos países con arrestos de personas vinculadas a actividades relacionadas con 764, incluyendo cargos de explotación infantil, extorsión, difusión de material de abuso y violencia extrema.
En Estados Unidos, los organismos federales han clasificado la red como una amenaza prioritaria, debido a su alcance transnacional, su capacidad para reorganizarse pese a cierres y detenciones, y la gravedad de los delitos atribuidos a sus miembros. También se han documentado investigaciones abiertas en otros continentes, lo que indica que su impacto trasciende fronteras.
Una amenaza global con raíces digitales
Lo que comenzó como un servidor fundado por un adolescente texano se ha convertido en una red descentralizada de explotación y violencia digital con ramificaciones internacionales. Su difícil localización, su estructura fragmentada y su capacidad para mutar y reorganizarse convierten al grupo 764 en una de las amenazas más complejas para las autoridades y para los organismos de protección de menores.
La tendencia apunta a un desafío emergente: organizaciones, como el grupo 764, objetivo no es solo cometer delitos, sino utilizar el caos, la violencia y la manipulación como forma de identidad colectiva. Y ese fenómeno obliga a replantear la prevención, la persecución del abuso digital y el papel de las plataformas en la protección de víctimas.






