Cuando se da un diagnóstico de cáncer en una familia la vida se para, y mucho más cuando se trata de un menor. Lo que antes parecía importante deja de importar. La palabra maldita envuelve, a partir de ese momento, todo lo que hacemos, decimos o pensamos. La vida se desenfoca y se dirige a un único punto que parece hacerse mayor minuto a minuto. Muchos familiares, recordando este instante años después, suelen comentar “sé que estuvimos hablando más de una hora, pero no recuerdo nada que dijeras después de los primeros cinco minutos”. El significado de la palabra cáncer asocia históricamente una serie de consideraciones, ninguna buena, que nuestra mente asocia por defecto a desconsuelo, dolor o muerte.
Pues sirva este escrito para cambiar este concepto, porque esta enfermedad ya no tiene nada que ver con lo que era hace 40 años.
¡Estamos de enhorabuena!
En nuestro país se diagnostican todos los años unos 1.400 cánceres en menores de 18 años.
Esto hace que en nuestra Comunidad tengamos unos 60 niños nuevos cada año con la enfermedad, que se reparten entre los tres grandes hospitales de Canarias, hospitales, que llevan más de 40 años diagnosticando y tratando a estos menores al mismo nivel que el resto del país.
Actualmente, con los tratamientos que disponemos, somos capaces de curar más del 82% de los cánceres infantiles que tratamos. Esto significa que más de 8 de cada 10 niños con esta enfermedad se curan. Y cuando decimos que se curan es para siempre, no por un tiempo limitado.
Entendemos por cáncer, un amplio y variado grupo de enfermedades que tienen en común, el que las células sanas de un tejido, al dividirse para convertirse en células idénticas a la anterior, se multiplican sin orden ni patrón establecido convirtiéndose en malignas, creciendo de forma autónoma, llegando a invadir incluso otras regiones del organismo lejanas a su origen.
Cuando esta enfermedad afecta a células de la sangre las conocemos como leucemias, y cuando implica a células de tejidos u órganos sólidos, las conocemos como tumores sólidos malignos.
En la edad infantil, el cáncer más frecuente es la leucemia seguida de los tumores cerebrales.
Tratamientos e investigación
El cáncer en la infancia no puede ser prevenido ya que no se relaciona con factores que podamos evitar, como es el caso del tabaco o el alcohol en el adulto. Este motivo hace que su médico deba tener presentes los signos y síntomas más habituales, para sospecharlo pronto, lo que lo hará mucho más curable.
Los procesos cancerígenos en la edad pediátrica tienen, por lo general, características distintas al cáncer en el adulto. Suelen ser más agresivos y más rápidos en progresar lo que también los hace más sensibles a los tratamientos que utilizamos, y por eso más curables.
Tradicionalmente, estas terapias han consistido en la utilización de fármacos, conocida como Quimioterapia, tratamiento con “rayos”, o sea, Radioterapia y tratamientos con Cirugía. Como hemos dicho al principio, la mejora de estos tratamientos nos ha permitido llegar a una alta tasa de curación, pero ocurre que muchos de estos pacientes tienen efectos secundarios colaterales que debemos vigilar, porque en alguna ocasión influyen en la calidad de vida posterior.
Llegados a este punto, la investigación se centra en buscar terapias con la misma, o mayor, eficacia curativa pero con los menores efectos secundarios a largo plazo. Así, además de las terapias comentadas contamos ya con tratamientos inmunológicos conocidos como Inmunoterapia. Este tratamiento consiste en “entrenar” a células de nuestro sistema inmune para que sean capaces de destruir directamente a las células tumorales, lo que evita el daño colateral a otros tejidos sanos del organismo. Aunque para algunos tumores la Inmunoterapia es todavía una ciencia experimental para otros es una terapia perfectamente asentada.
Con todos estos avances en el tratamiento, y el alto índice de curación logrado, hay un área que debemos cuidar especialmente en estos pacientes y sus familias, como es todo lo relacionado con su salud mental.
El impacto en el momento del diagnóstico en niños mayores, la evolución de la enfermedad y tratamiento, el largo periodo hospitalario, la ralentización de los estudios, la falta de contacto con sus iguales, la pérdida de identidad en la adolescencia o de su imagen corporal ante cirugías agresivas, además de los efectos no deseados del tratamiento, cuando ocurren, nos hacen estar muy pendientes de todo lo concerniente a su salud psicológica y social, para devolver a la vida cotidiana a estos menores en condiciones idénticas a todos los demás.
Hace 30 años trabajábamos para curar el cáncer por encima de todo. Ahora lo hacemos para curarlo manteniendo la mejor calidad de vida posible.
Dr. Jorge Gómez Sirvent. Oncólogo Pediátrico. Jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria





