“Lo más gratificante es sentir al público; tengo ya 94 años y me espera poco, pero he hecho mucho”. De esta manera resumía Héctor Alterio en 2024, en una entrevista con DIARIO DE AVISOS, el amplio camino recorrido con una pasión que se plasmó sobre un escenario y ante las cámaras. El actor argentino falleció ayer en Madrid a los 96 años, “después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente”, según informó su familia en un comunicado.
En el momento de la conversación con este periódico, Héctor Alterio iba a viajar a Tenerife, pues el 8 de agosto escenificaría en el Festival Veranos del Taoro, en Puerto de la Cruz, Una pequeña historia, un texto escrito y dirigido por su esposa, Ángela Bacaicoa, con la dirección musical e interpretación al piano de Juan Esteban Cuacci.
Nacido el 21 de septiembre de 1929 en Buenos Aires, Alterio fue uno de los intérpretes más destacados de su generación -como precisa la agencia Europa Press- en Argentina y en España, donde desarrolló una prolífica carrera, por la que en 2004 recibió el Goya de Honor de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.
‘LA TREGUA’
Su vida estuvo marcada por la experiencia del exilio. A mediados de los 70, el actor viajó a nuestro país para presentar en el Festival de Cine de San Sebastián La tregua (1974), la película dirigida por Sergio Renán, basada en la novela homónima de Mario Benedetti.
En el film, el primer largometraje argentino nominado al Óscar a la mejor película extranjera, Héctor Alterio encarnó al protagonista masculino, Martín Santomé. El femenino, el de Laura Avellaneda, lo interpretó Ana María Picchio.
Tras participar en el festival, cuando preparaba el regreso a su país, recibió una llamada telefónica de su pareja. Su esposa le alertaba de que la organización terrorista -y parapolicial y de extrema derecha y fascista- Triple A lo había incluido en una de sus listas negras y estaba amenazado de muerte. La idea de regresar a Buenos Aires se tornó en utopía. De modo que en 1975 le tocó comenzar de nuevo en España. No volvería a su patria hasta ocho años más tarde.
“No podía regresar a Argentina, pero hubo manos que se ofrecieron a sacarme de ese pozo”, explicaba el intérprete a DIARIO DE AVISOS. “Hay un actor español, que desgraciadamente ya no está con nosotros: Juan Diego (1942-2022). Él se movió como un loco para que yo pudiese sustentarme. Eso lo guardo entre mis recuerdos y me sigue ayudando incluso hoy”, recordaba. “Tengo una imagen. La de la llegada de mi mujer a España, con mi hija Malena en brazos, con unos pocos meses de vida, y cogido de su mano, o prendido a su falda, mi hijo Ernesto, que tendría entonces cuatro años. Venían a quedarse conmigo en un momento tan difícil, para afrontar juntos una situación desconocida”, añadía.
LA TRAYECTORIA
Héctor Alterio debutó como actor en 1948, con la obra teatral Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona, detalla Europa Press, y, tras acabar sus estudios de arte dramático, creó la compañía Nuevo Teatro, con la que trabajó por la renovación de la escena argentina durante la década de los 60.
No obstante, la fama le llegó a través de la gran pantalla, donde en 1966 debutó con la película Todo sol es amargo, dirigida por Alfredo Mathé, a partir de la cual participó en algunos de los mejores films de la nueva generación de cineastas argentinos.
Padre de los también actores Ernesto y Malena Alterio, en 2004 recibió el Goya de Honor por toda su carrera
Al residir en España, colaboró con directores como Jaime Chávarri, en A un dios desconocido (1977), con la que obtuvo la Concha de Plata del Festival de San Sebastián; Pilar Miró, en El crimen de Cuenca (1980), y Jaime de Armiñan, en El nido (1980), que fue nominada al Óscar.
En cuanto le fue posible, el padre de los también actores Ernesto y Malena Alterio no dejó de participar en numerosas películas en su país natal, como Camila (1984), La historia oficial (1985), que logró el Óscar, y El hijo de la novia (2001).
Su último trabajo en el cine se estrenó en 2015, Due uomini, quattro donne e una mucca depressa, de la italiana Anna Di Francisca. Un año antes participó en Kamikaze, del cineasta navarro Álex Pina.





