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“Todos tenemos que empeñarnos en cambiar la sociedad para que sea más justa e igualitaria para las personas con discapacidad”

Con casi 50 años de trabajo, compromiso y entrega Salvador Morales es pionero en la lucha de los derechos de las personas con discapacidad
Salvador Morales Coello, presidente de CordiCanarias, activista de los derechos
Salvador Morales Coello, presidente de CordiCanarias, activista de los derechos. / DA

Con casi 50 años de trabajo, compromiso y entrega, Salvador Morales (Alojera, La Gomera, 1951) es pionero en la lucha de los derechos de las personas con discapacidad.

Ha pertenecido a las principales entidades de representación del colectivo de personas con discapacidad en el ámbito nacional y regional, y entre su participación en reuniones al más alto nivel, en los años 80 intervino en la elaboración de la primera ley de Integración social de las personas con discapacidad (Lismi, 1982) siempre mostrando una visión normalizadora de la discapacidad, poniendo en valor las distintas capacidades que tienen estas personas, pero también saliendo a la calle en su lucha activa para reclamar el respeto a sus derechos y la mejora de la calidad de vida.

-Hablan de usted con admiración, como maestro y faro de la lucha por los derechos de las personas con discapacidad. ¿Cómo se siente ante estas muestras de cariño?
“He dedicado toda la vida a trabajar por lograr y defender los derechos de las personas con discapacidad y mejorar su calidad de vida, pero no sé si he dedicado todo ese tiempo para beneficiar a los demás en su conjunto y de paso también a mí mismo. Suelo decir que “uno no es lo que es, sino lo que proyecta a los demás”, entonces lo he hecho de forma muy natural, defiendo aquello que es correcto, que es normalizar la situación de la discapacidad. Estoy contento de haber aportado mi granito de arena para cambiar la realidad. A veces digo que soy preconstitucional, porque recuerdo que asistí a una Asamblea nacional de Coordinadoras de Personas con Discapacidad Física, en aquellos años luchando por cambiar la relación de paternalismo del Estado hacia las personas con discapacidad, y regresar a Tenerife el día 5 de diciembre de 1978 por la noche para poder votar al día siguiente la Constitución”.

-Y con casi 50 años defendiendo los derechos y la acción social de las personas con discapacidad. ¿Tiene todavía cuerda para rato?
“Lo he hecho toda mi vida y mientras respire lucharé por la dignidad de los individuos con discapacidad. Lógicamente los años me van venciendo pero haré lo que pueda. Continúo vinculado a varias organizaciones, algunas de una manera más activa, en otras de otra forma, pero estoy ilusionado porque veo que hay relevo y gente que quiere participar, obviamente eso es muy bueno. Mi objetivo siempre ha sido la normalización de la discapacidad en su conjunto, sin nombre y apellidos [en alusión a que ahora más asociaciones quieren poner su discapacidad por encima], y yo apuesto por la unidad y la defensa de nuestros derechos con una sola voz, que así se llega más lejos que luchar cada uno por su cuenta. Cuando a veces repito el verso Caminante no hay camino, se hace camino al andar, de Antonio Machado, me refiero a que el camino se forma pasando muchos por esa misma senda, así vamos configurando ese camino y logrando nuestros derechos. Sin embargo, a veces me da la sensación de que no hemos conseguido todavía nada”.

-¿Se refiere a que se han dado paso en la integración del colectivo, pero son insuficientes? ¿Por qué tienen que estar rogando que se cumplan sus derechos constantemente?
“Ese es uno de los problemas que he comentado a muchos políticos, hasta que la plena accesibilidad no sea un tema arraigado en la cultura y sociedad vamos a tener problema, pero todo se hará con el tiempo. Porque también recordamos la visión proteccionista y paternalista de la sociedad y las administraciones al colectivo de discapacidad y eso ha durado muchas décadas. A pesar de que queda mucho por hacer, los tiempos pasados no fueron mejores, aunque a veces parece que las personas con discapacidad no somos ciudadanos de primera”.

-¿De cuantos políticos ha recibido promesas incumplidas? ¿Cómo puede imponer la Administración el cumplimiento de leyes y normas al resto de la sociedad si no da ejemplo?
“Si, efectivamente, pero realmente no tomo esas promesas como algo colectivo, aunque fueron algunos, personalmente creo que he tenido el aprecio de muchos. La mayoría de los cargos públicos estaban abiertos y dispuestos a oírnos, pero quizás no tanto a escucharnos. Lógicamente si lo veo de forma colectiva parece que no está asumida la discapacidad y no se están agilizando nuestros derechos como se debería. Al ser pionero reconozco que cuando no lo había he ido marcando camino, había que tocar muchas puertas y molestar mucho para que nos hicieran caso. Muchas veces hablaban de falta de dinero, pero habían otros más que noté una falta de voluntad. Pero vuelvo a recordar la visión paternalista y el patriarcado. ¿Cuánto tiempo les costó a las mujeres ganarse su libertad y derechos? Recuerde que hasta el año 1975, no firmaban sus propios contratos de trabajo, o hasta 1978 no podían abrir una cuenta corriente a su nombre, los tenían que autorizar y firmar su padre o su marido… Entre todos nos tenemos que empeñar en cambiar la sociedad para que sea más justa e igualitaria para las personas con discapacidad, cambiar la visión que hay de la discapacidad por un enfoque positivo y normalizador. Hasta ahora se nos ha visibilizado más por nuestro déficits individuales que por nuestros valores, y se tiene que ver la discapacidad no como una incapacidad, sino visibilizar por lo que somos como individuos y no por lo que podemos o no hacer. También las asociaciones debemos seguir siendo activas, inconformistas y demandar en todos los estamentos los cambios y mejoras sin espera. En una reunión en el ministerio casi nos dijeron que “no eramos relevantes”…, por suerte, hemos evolucionado y yo soy partidario de ver la botella medio llena y no medio vacía”.

-¿Cuáles son los mayores problemas del colectivo?
“Si nos aíslan socialmente la persona con discapacidad tiene una muerte civil, sea del tipo que sea, si no nos dejan participar no podemos avanzar plenamente como ciudadanos. Por su puesto, una de las formas de incluirnos en la sociedad es mediante la participación laboral, y también es fundamental avanzar en la movilidad, porque cada vez que las personas con alguna discapacidad salen a la calle se encuentran todavía con dificultades, con obstáculos en las aceras, pasos de peatones, calles, medios de transporte, acceso a edificios… Muchas de estas dificultades son todavía por un problema cultural, todo lo diseñamos pensando en personas sin discapacidad, hacemos escaleras pero no pensamos en la rampa que facilita el acceso a todos los individuos, no solo a las personas con discapacidad, también a personas mayores, embarazadas, a los carritos de bebé… A veces cuando me dicen que Santa Cruz no es accesible, les digo que hay que mirar para otras ciudades, no es la peor capital de provincia, pero hay otras más adelantadas. Se han dado pasos grandes, pero aún queda mucho por hacer y hay que avanzar hacia ciudades más accesibles para todos sus habitantes, sean personas con discapacidad, mayores o infancia. Recuerdo que cuando empezaron en Barcelona las guaguas de piso bajo a recoger pasajeros se planteaba si supondría un gran retraso en la duración del recorrido, sin embargo, se dieron cuenta que ganaban tiempo porque todos los usuarios subían y bajaban más fácilmente”.

-Otra problemática es la falta de pisos y edificios adaptados
“Pero no solo para las personas con discapacidad, sino porque hay muchas que por edad, enfermedad, etc., pierden movilidad y están encerradas en sus viviendas, sin poder salir por no tener un ascensor, o que no tienen un baño adaptado, o que no se pueden mover de una habitación porque la silla de ruedas no cabe por la puerta. Yo suelo decir que no quiero que me hagan mi vivienda accesible, sino que todas las viviendas sean accesibles. Muchas personas están aisladas socialmente. ¿Porqué tienen que dejar su casa?, no todos permaneceremos en plenas facultades a lo largo de nuestra vida, y queremos seguir siendo individuos sociales. También hay que apelar a la solidaridad entre vecinos a la hora poner un ascensor o una rampa de acceso, no pensar a corto plazo porque será un uso que beneficie a todos”.

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