En mayo de 1999, dos jóvenes italianos protagonizaron una de las travesías más insólitas de la historia reciente: cruzar el océano Atlántico a bordo de coches adaptados para flotar, partiendo desde Canarias y con destino al Caribe. Sus nombres: Marco Amoretti y Marcolino de Candia. Lo que comenzó como un proyecto personal terminó convirtiéndose en una de las mayores hazañas de aventura extrema documentadas en Europa.
Un reto imposible: cruzar el océano en un coche
La idea no nació como una simple excentricidad. Detrás del proyecto estaba Giorgio Amoretti, ingeniero y padre de Marco, que años antes había intentado sin éxito una travesía similar. Con el tiempo en contra por una grave enfermedad, su sueño quedó en manos de sus hijos y de Marcolino de Candia, que decidieron llevarlo hasta el final.
Para ello, acondicionaron dos turismos convencionales con materiales de flotación, sellado de carrocería, compartimentos estancos, velas auxiliares y equipamiento básico de supervivencia: agua potable, alimentos, herramientas y un sistema de comunicación vía satélite. No se trataba de coches anfibios diseñados de fábrica, sino de vehículos transformados artesanalmente para mantenerse a flote en mar abierto.
Salida desde Canarias rumbo al Caribe
El 4 de mayo de 1999, los aventureros partieron desde La Palma, un punto estratégico para la navegación transatlántica por su cercanía con las corrientes oceánicas que conectan con América. En un primer momento, el grupo estaba formado por cuatro personas, pero las duras condiciones físicas del viaje obligaron a dos de ellos a regresar.
Desde ese momento, Marco Amoretti y Marcolino de Candia continuaron solos en medio del Atlántico, a bordo de sus coches convertidos en embarcaciones improvisadas.
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Más de 100 días en mar abierto
La travesía estuvo marcada por la incertidumbre, el aislamiento y los problemas técnicos. Durante varias semanas, perdieron la comunicación con tierra firme debido a una avería en el sistema satelital. A pesar de las corrientes, el oleaje y la falta de medios convencionales de navegación, lograron mantener el rumbo hacia el Caribe.
El viaje duró 119 días y cubrió aproximadamente 4.700 kilómetros por mar. Finalmente, alcanzaron la isla de Martinica, donde su llegada causó asombro entre autoridades, navegantes y medios locales.
Un proyecto personal convertido en hazaña histórica
Más allá del componente técnico, la expedición tuvo un fuerte valor simbólico: completar el sueño de Giorgio Amoretti, fallecido durante la travesía, circunstancia que la familia decidió no comunicar a los aventureros hasta que tocaron tierra.
Con el paso del tiempo, la historia de los dos italianos que cruzaron el Atlántico en coche desde Canarias se ha difundido ampliamente en documentales, blogs de aventura y redes sociales como YouTube, TikTok e Instagram, donde se presenta como ejemplo de exploración extrema, ingenio técnico y determinación personal.
Una de las travesías más insólitas del Atlántico
Hoy, más de dos décadas después, la gesta de Marco Amoretti y Marcolino de Candia sigue siendo citada como una de las experiencias más singulares de la navegación moderna. No fue una expedición científica ni una operación patrocinada, sino un reto personal llevado al límite, nacido de la convicción de que incluso un coche puede convertirse en vehículo para cruzar un océano.
Desde Canarias hasta el Caribe, su aventura quedó registrada como una de las páginas más sorprendentes de la historia reciente de la exploración no convencional.






