cultura

Dos rituales estéticos que miden nuestra mirada

‘X’, de Virgen, y ‘Just Pray-Ser moderna o no ser’, a cargo de Claudia Valentina, llegan al Auditorio de Tenerife el 19 de febrero
Claudia Valentina escenificará ‘Just Pray’ en La Salita. / DA

La Salita del Auditorio de Tenerife volverá el 19 de febrero a sorprender en su marco de residencias en colaboración con el Laboratorio de Artes Vivas de Canarias (LAV-C). El encuentro reúne dos procesos, Just Pray-Ser moderna o no ser y X, que conviven en un marco conceptual similar y abordan, desde lenguajes distintos, una pregunta común: ¿cómo se construye la identidad en la era de la exposición constante y la autorrepresentatividad?

Claudia Valentina es una bailarina y performer venezolana criada en Canarias y radicada en Madrid, cuyo trabajo combina cuerpo, movimiento y estética desde una mirada íntima y emocional. Virgen, artista multidisciplinar y referente de la escena drag, desarrolla una propuesta musical y performativa provocadora y personal sobre la exploración del género y la identidad.

Son piezas autónomas pero conectadas, en las que se explora la tensión entre la persona y el personaje

El público asistirá a dos piezas autónomas pero conectadas. Just Pray y X conviven como procesos contemporáneos que exploran la tensión entre la persona y el personaje, entre lo que somos y lo que mostramos para ser vistas, aceptadas o consumidas. Lejos de ofrecer un único relato, la propuesta invita a transitar por los dos universos escénicos de cada artista, conectados por una mirada que pone énfasis sobre el cuerpo, la imagen y el deseo de ser vistas.

CONSTANTE EXPOSICIÓN

En un tiempo en el que la identidad se construye a golpe de imagen, filtro y exposición constante, la residencia de ambas artistas convierte el escenario en un espacio liminal donde lo íntimo y lo público se contaminan, y el cuerpo aparece como campo de batalla entre el deseo y el control.

En Just Pray, Claudia Valentina articula una poética del culto a la imagen y a las redes sociales como religión moderna. El cabello impecable, el maquillaje perfecto y los cuerpos normativos se erigen como mandamientos invisibles que exigen sacrificios físicos y emocionales.

La performance se despliega a través de rituales retransmitidos en tiempo real (directos de Instagram y TikTok grabados en escena), que sitúan al público frente a una contradicción incómoda: mirar es también ejercer poder. La pieza revela la violencia de la mirada digital y el desgaste que implica sostener una perfección que nunca es suficiente.

Por su parte, X irrumpe como un viaje hacia el interior. Virgen propone un espectáculo audiovisual que atraviesa lo oculto, lo prohibido y lo incómodo; pero también lo explícito, lo deseado y lo grotesco. Música, cuerpo e imagen se combinan para abrir un portal hacia aquello que normalmente se esconde. La pieza funciona como acto de exposición íntima y, al mismo tiempo, como presentación de su primer álbum musical, convirtiendo el escenario en un espacio de confesión primigenia.