El tinerfeño Jose Alayón (Arona, 1980) estrena el viernes en las salas de cine La Lucha, su segundo largometraje como director tras Slimane (2013). Pero antes, el martes, la película, que se pudo ver por primera vez en el 73º Festival de Cine de San Sebastián, tendrá un nuevo preestreno en el Terrero Insular Mencey Tegueste (19.30 horas). Sobre su nuevo film, una historia que se adentra en la relación entre un padre y una hija tras la muerte de la madre, con la lucha canaria como marco y símbolo, ha conversado el cineasta con DIARIO DE AVISOS.
-La familia y la identidad colectiva son dos elementos que vertebran ‘La Lucha’, pero ¿cómo presentaría usted este relato cinematográfico que va de lo íntimo a lo comunitario?
“Lo que me impulsó a hacer esta película fue la metáfora que presenta: la lucha en el terrero y la lucha en la vida, para sostenerte y no caer. A partir de ahí empezamos a construir la estructura del relato íntimo. El duelo, la ausencia, cómo mantenerse en pie a partir de esa ausencia; la depresión que sufre el personaje del padre… Poco a poco nos pusimos a hilarlo todo, para mezclarlo con la lucha canaria y con la idea del cuerpo”.
-El elenco está conformado por actores no profesionales. En concreto, por luchadores y luchadoras, así como por otras personalidades vinculadas al deporte autóctono. ¿Cuál fue el objetivo y cuál fue el reto?
“Teníamos dos opciones: hacer una película con actores y enseñarlos a luchar o hacerla con luchadores. La primera la contemplé, pero casi desde un primer momento fue desechada. Me parecía más honesto, al abordar algo que posee una identidad tan potente para los canarios y está tan presente en nuestro imaginario, hacerlo con cuerpos que han luchado. Cuerpos que tienen impreso en su memoria el luchar durante una gran parte de su vida. El desafío consistió en hacer un casting muy intenso. Estuvimos más de dos años junto a Cendrine Lapuyade, una gran directora de casting, especializada en no actores, viendo a cientos y cientos de luchadores”.
“Me pareció más honesto contar con luchadores, y no con actores, para este relato en torno a la lucha canaria”
-¿Y cómo se enriqueció el proyecto a partir de las experiencias de ese reparto que conocía de primera mano el escenario en el que iba a desenvolverse?
“Hasta el punto de que ese proceso nos sirvió para reescribir la película. El casting fue muy íntimo, una especie de pequeño psicoanálisis en el que cada uno se dejó llevar para abordar cuestiones personales. Los testimonios de la personas que resultaron seleccionadas, pero también los de muchas que no lo fueron, nos sirvieron para afianzar ideas. Esa metáfora, la de la lucha en la vida y en el terrero, tomó forma y se consolidó a partir de la conversación con estos luchadores y luchadoras. Más tarde, cuando ya contamos con Tomasín Padrón, con Inés Cano, con Yazmina Estupiñán, con Sara Cano…, con todo el reparto, empezamos a ensayar mucho y a reescribir. Es decir, teníamos, junto a Marina Alberti y Samuel M. Delgado, un guion básico, que fue nutriéndose a partir del contacto con la realidad. Eso aportó honestidad a la película. Acercarte a la historia sin imponer ideas, sino intentando entender el universo en el que quieres moverte. Me interesa el cine como experiencia: transitar un espacio con unas personas, ir conociendo a otras… Que a medida que filmas una película, la experiencia te cambie”.
-‘La Lucha’ se preestrena el martes en el Terrero Insular Mencey Tegueste y el viernes llega a los cines. ¿Qué sensaciones prevalecen cuando observa todo su recorrido, desde la primera idea hasta hoy?
“Hacer cine es un camino largo. Esta película comenzamos a imaginarla en la pandemia del coronavirus, cuando, confinados en nuestras casas, tuvimos mucho tiempo para imaginar e investigar. Las sensaciones son muy buenas. Ya hemos hecho preestrenos en Fuerteventura y en Gran Canaria. El itinerario de La Lucha comenzó en el Festival de Cine de San Sebastián. Después estuvo en Brasil, en Canadá, en Italia, en Francia… Ha ganado algunos premios… La hemos mostrado ante un público internacional y, por lo que se ve, posee una narrativa universal. Pero no dejo de estar nervioso ante la expectativa de comprobar cómo funciona aquí, pues se ha filmado teniendo muy presente a nuestro público, ya que habla de esa identidad colectiva”.
“Esta no es una película de grandes gestos narrativos, sino que se adentra, gota a gota, en lo más íntimo y en lo comunitario”
-‘La Lucha’ guarda en común con ‘Slimane’ (2013), su primer largometraje, la idea del cuerpo, el de los protagonistas, como soporte del relato.
“Sí. Me gusta contraponer el cuerpo al paisaje, algo que ya empleamos en Slimane. Vivir el relato muy cerca de los personajes, percibir su respiración, su dolor, y de repente abrirnos y colocarnos en el entorno, en el espacio en el que estamos. Por eso también elegimos Fuerteventura para La Lucha. La película nos habla de ausencia y las características, la sequedad, de ese paisaje le aportaba mucho”.
-¿Qué otras constantes, qué otras inquietudes, diría que están presentes en su cine?
“El concepto de identidad, por ejemplo. Esta película habla de una familia, pero aborda cuestiones con las que todos nos podemos identificar: quiénes somos, por qué estamos aquí, cómo podemos superar la ausencia de alguien… La idea de comunidad también me interesa: cómo a partir de lo colectivo se puede resistir mejor… Creo que La Lucha no es una película de grandes gestos narrativos, sino que va entrando gota a gota. Tiene muchas capas: va de lo más individual, lo más íntimo, a lo más comunitario”.
-En estos años ha trabajado en la producción y la dirección de fotografía a través de El Viaje Films. ¿De qué manera alimentan la perspectiva del director estos otros oficios del cine?
“Me eduqué en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Durante los primeros años, fueron cursos polivalentes, en los que aprendías de todo: producción, sonido, fotografía, dirección, montaje, arte… Un cineasta moderno es alguien que controla varios campos. En el caso de la fotografía, a pesar de llevar 12 años sin dirigir una película, me ha permitido estar muy cerca de la puesta en escena. La fotografía, de la que en La Lucha se ha encargado Mauro Herce [director de fotografía, por ejemplo, de Sirat, la candidata española en los Óscar], es un aspecto esencial para una película: director y fotógrafo construyen la puesta en escena y la planificación de un film. Ejercer esta función en los proyectos de otros compañeros me ha permitido no dejar de reflexionar sobre el cine, sobre cómo se cuenta, acerca de qué cosas me interesan, cómo nos acercamos a las personas y de qué manera las filmamos… Un aspecto muy positivo del trabajo de un fotógrafo es que te mantienes tan cerca como el director en la construcción de una película, pero tienes algo más de perspectiva porque no entra el ego [ríe]. El director suele estar pensando en que su película tiene que ir bien, debe verla mucha gente, tiene que ir a festivales… Como fotógrafo solo has de tirar hacia adelante con ese film. Y esa distancia quizás te aporta mayor claridad”.
“El ‘casting’ fue como un pequeño psicoanálisis en el que cada uno se dejó llevar para abordar cuestiones personales”
-En estas vertientes, pero también como amante del cine, ¿qué busca Jose Alayón en una historia cuando decide implicarse en un nuevo proyecto?
“Lo humano es para mí lo más esencial. Tanto en el guion como en la forma de acercarnos al relato… Como productor me interesa la persona con la que voy a filmar y la mirada que tiene sobre el otro… La temática es importante, sí, pero de cualquier cuestión se puede hacer una película que resulte de interés”.
-¿Hoy resulta más complejo o más sencillo levantar un proyecto cinematográfico con respecto a cuando usted comenzó?
“Más sencillo. En Canarias era muy complicado hace unos años plantearte hacer una película. Algo que refleja esa situación es que aún no se había hecho una dedicada a la lucha canaria, con todo lo que significa para nosotros. Los cineastas actuales, como David Pantaleón, Macu Machín, Víctor Moreno, Samuel M. Delgado y Helena Girón, entre otros, estamos trabajando casi sobre una hoja en blanco. Es cierto que antes ha habido títulos muy importantes, como Guarapo (Santiago y Teodoro Ríos, 1989), pero muy espaciados en el tiempo. De manera que es gratificante contribuir a la creación de un imaginario creativo. La identidad se construye a través de muchas capas y una muy importante, que no se ha dado tanto, es la de la ficción. La identidad se forma también cuando la vemos representada”.





