La segunda y definitiva fase del Concurso de Murgas Infantiles daba comienzo con la sensación generalizada de que esa noche se conocería el veredicto final de la edición 2026. A las 18:00 horas, el Recinto Ferial presentaba un ambiente animado, con una afluencia de público que no dejó de crecer hasta llegar a las 4.500 localidades ocupadas. Tras la actuación de las siete murgas participantes, el jurado hizo público su fallo, otorgando el primer premio de Interpretación a Mamelones. Castorcitos se alzó con el segundo puesto, mientras que Redoblones obtuvo el tercer premio. El accésit fue para Bambas.
En cuanto al apartado de Presentación, el primer premio recayó en Sofocados, gracias al diseño de Sara Castilla. El segundo fue para Castorcitos, con una fantasía creada por Josua Sánchez, y el tercero lo consiguió Distraídos, con diseño de Tana Rodríguez. El accésit en esta categoría fue para Bambas, con una propuesta firmada por Arón Morales.
El Cabito (1980)

Casi 50 años de historia avalan a otra de las veteranas del concurso, una murga que sigue luchando por mantener viva la esencia de la cantera. Tras una presentación melódica y un mensaje claro de no rendirse, los de Lourdes Plasencia pidieron permiso para retirarse el tocado, un gesto cargado de simbolismo que con el tiempo se ha ido perdiendo entre las murgas.
Tras el pasacalle, llegó su primer tema a concurso, “Daños colaterales”, una crítica a las consecuencias que las decisiones de los adultos tienen sobre los más pequeños. “Qué será de mí cuando sea mayor”, cantaron mientras pedían algo de cordura. Aprovecharon la temática del Carnaval para hacer una selección musical acorde con temas de Juan Luis Guerra o Bebo Valdés. Sin embargo, se echó en falta un poco más de ritmo.
Se les entiende y eso se agradece. Tras el aplauso del público, se entonaron con una polca para su segundo tema, “Canta conmigo esta polca”. Aunque algo desordenado, hacen un recorrido por los egos de los murgueros y la defensa de la cantera, con atisbos de humor y alguna reprimenda a la corporación municipal, para mantener así la esencia que las polcas canarias tienen. Se despiden y solo podemos dar gracias por permanecer.
Guachipanduzy (1991)

Desde las cuevas más profundas de la mitología, ubicadas en Anaga, llegaron los sátiros del Carnaval para hacer una presentación que da gusto escuchar. Y con esa esencia, afinados y con buena dicción, continuaron con su pasacalle.
Tras él, su primer tema a concurso, una crítica bajo el paraguas de las reglas del juego para criticar una retahíla de acontecimientos. Entre ellos, la inacción de la corporación municipal cuando otros grupos del Carnaval se saltan las bases. “Ya está bien todos los años callar, no todo vale para un premio ganar”, entonaron los de Lara Coello.
Y para mantener el dinamismo, juego con el público, que poseía una regla en sus manos. Aunque con un hilo conductor, a veces la letra perdía sentido. Aún así, consiguieron mantener la atención con un momento álgido: retahíla de reglas que los niños tienen que cumplir para concluir con el olvido de los adultos sobre cómo se sienten: “Son tantas reglas que a veces yo en mi casa encarcelado me siento”, cantaron. Tras esto, un canto al respeto de las reglas en el deporte y alusión al sentido común. Para finalizar, un Recinto Ferial apagado y con efectos especiales, los Guachi enumeraron cuatro reglas para defender, entre otras cosas, el amor propio.
Su segundo tema a concurso, “El Guachicole”. Los pequeños se convirtieron en docentes para dar clase a los adultos en un recorrido por diferentes asignaturas. Aprovecharon para pedir a los adultos “que respiren”, que “disfruten de un paseo sin vivir al corre, corre”. Y entre Gimnasia, Matemáticas, Naturales, Tecnología e Idiomas, hablaron, entre otros temas, de las familias, las separaciones y el respeto y cuidado a los animales. Defendieron la construcción de la creatividad, la imaginación, la paciencia, la confianza o simplemente “pasar más tiempo juntos” porque “nos estamos olvidando”. Y antes de la evaluación final, un momento clave con un canto a la comunicación con los niños con TDAH. “Entiendan que hay quien habla en expresiones”, entonaron.
Terminaron y Lara Coello, como ya viene siendo tradición, lanzó un mensaje: “No puede ser que cuando termine una murga de cantar, todos los padres se levantan y se vayan”. Una murga que vive, en sus últimos años, su máximo esplendor. Sobresalientes.
Ferrusquentitos (2018)

Llegados desde la Isla Baja, los de Nayara Acosta se estrenaron en Santa Cruz, ¡y bien estrenados! Tras su presentación y pasacalle, arropados por una afición completamente entregada, defendieron su primer tema a concurso, “Los paisajes de la Isla Baja”, como no podía ser de otra manera. Un recorrido por Buenavista, Teno, Los Silos o El Tanque que dio pie a mucho más que una postal. Junto a la belleza del entorno, lanzaron críticas a la construcción de un restaurante en el faro de Teno, a las colas y la masificación de vehículos en el norte de la isla, a la gestión de las piscinas municipales o al mal estado de las carreteras. El cierre llegó con un canto a Garachico, municipio de origen de la murga: “Un pueblo bonito no sé de qué vale si los niños no lo podemos disfrutar”.
Haciendo historia, los de Airam Trujillo abordaron su segundo tema, “Educación Canaria”, una auténtica lección reivindicando una mayor presencia de la historia del Archipiélago en las aulas. Así, repasaron los barrancos, los distintos géneros del folclore o los menceyatos, sin olvidar la emigración canaria a Cuba y Venezuela, ni a figuras clave de nuestra historia como César Manrique o Mercedes Pinto. Afinados, dicción clara y mensaje directo, esencia de las murgas del Norte. Bienvenidos.
Castorcitos (2006)

En el ecuador de la fase y con un Recinto igual de lleno que en la primera, llegaron los de Daniella Cabrera, que toma el relevo de su padre. Cumpliendo 20 años en el Carnaval y convertidos en uno de los nombres favoritos para estar en el podio, dedicaron su presentación a lo más importante: su afición.
Así llegó “La murga semáforo” al escenario de los Ritmos Latinos, firma de Sebid González, y se nota. El apagón del Recinto dio paso a un juego de luces sobre los propios cuerpos de los niños, que fueron encendiendo de manera escalonada las tres luces de un semáforo para ir desgranando los distintos mensajes del repertorio. Con la luz amarilla, lanzaron, entre otros, un mensaje de precaución a los padres por los peligros de Internet y la exposición a la que están sometidos los menores, aprovechando también para criticar a quienes cambian a sus hijos de murga sin entender que esto va mucho más allá de un cartón.
Con la luz verde, defendieron la instalación de semáforos sonoros para personas ciegas en un canto que invitaba a avanzar sin miedo: “Que nadie dude más en avanzar”. La luz roja sirvió para abordar el maltrato animal y el bullying, dos asuntos recurrentes en las murguitas. Entre un color y otro, un nuevo apagón dio paso a los tonos de la bandera de Canarias, en un canto al cuidado de las tradiciones. Enamoran.
En su segundo tema, la murga se convirtió en profesora para examinar al Recinto. Así llegó la clase de Lenguaje, para hablar todos el mismo idioma porque “entre nosotros no existen diferencias”; la de Matemáticas, con una retahíla que arrancó aplausos al criticar el gasto en material escolar; y la de Educación, donde reivindicaron la eliminación de etiquetas: ya no hay “nenazas” ni “empollones”. Para cerrar por todo lo alto, dejaron espacio a la grada: su ex cantera giró hacia el jurado y, desde las sillas, entonó un canto a la importancia de cuidar a las infantiles. “No somos un relleno para que las adultas hagan canciones”, finalizaron. Dejan huella, como llevan haciendo desde hace años.
Pita-Pitos (1995)

Los de Oliver Yanes son esencia de murga infantil de principio a fin, y así lo dejaron claro desde la presentación de su disfraz: “Bajo el cielo estrellado, el Rey Mono de Arabia, al Carnaval ha llegado”. Un inicio con identidad propia que dio paso a un pasacalle que es ya historia del Carnaval.
Tras él llegó su primer tema a concurso, “¿Cómo funciona la música?”, una propuesta diferente que rompió con las temáticas habituales de las murguitas. Comenzaron explicando las notas musicales a través de un juego de voces que atrapó al público, para continuar con un recorrido por distintos géneros: el merengue, con guiños a “Un beso”, o el reggaetón con “Dale, Don Dale”. Pero la pregunta no tardó en aparecer: “¿y el folclore?”. Así arrancaron una reivindicación a ritmo de pasodoble en defensa de nuestra música. Faltó que los niños de la parodia estuvieran mejor ataviados sobre el escenario, antes de continuar con una clase de música corporal y pitos para criticar distintos aspectos del día a día infantil. El cierre llegó con corazón, en un canto a la música en todas sus formas: desde las nanas de las abuelas hasta las canciones del Carnaval que tanto nos hacen disfrutar.
Aunque se echó en falta algo más de dicción, Pita-Pitos defendió su concurso con el sello de Gara García. En su segundo tema, “El Monumento”, la murga propuso distintas alternativas al controvertido Monumento a Franco de Santa Cruz. Entre las opciones aparecieron el Muñeco de Nieve, emblema de Tenerife y vinculado al Carnaval por su creador; el vendedor del Monopoly, con crítica incluida a la situación de la vivienda; o una mención a Javier Caraballero, concejal de Fiestas, al que le cayó una de cal y otra de arena, con referencias a la problemática del Mercado de la Salud y el conflicto con los vecinos. El broche lo puso el monumento de la trompeta, una declaración de amor a
quienes hacen posible el Carnaval y un recordatorio claro: “Los niños necesitan hobbies, que no todo es pantalla y estudiar”. Una vez más, defensa de la cantera. Y qué bonito lo hacen.
Triqui-Traquitos (1985)

Desde La Noria llegó al Recinto Ferial historia viva del Carnaval. Con 40 años de trayectoria, los de Ubay Hernández unieron presentación y pasacalle en una actuación marcada por uno de los cursos con más cambios en su estructura musical y artística.
Su primer tema, “Niño influencers: un fenómeno de la era digital”, sirvió para recorrer algunas de las preocupaciones que afectan a la infancia hoy en día, desde el bullying hasta el suicidio infantil vinculado al uso de las redes sociales. Desde ese perfil ficticio, la murga apostó por enseñar valores: estudiar, ser más amables o reciclar. También presentaron un “filtro” para acabar con la guerra y mostraron su apoyo a los niños que cruzan el mar para llegar a Canarias. El cierre fue contundente, con un mensaje claro contra el racismo: “Hoy mi voz será el filtro”. Un tema bien hilado y con mucho cuerpo.
En “Supertriquis”, los de Otero sacaron a relucir sus superpoderes para contar anécdotas de la infancia y, hacer de lo imposible, lo posible: darle un lugar a las murgas que ya no están sobre el escenario. El homenaje a Retorciditos y Rebeldes, entonando el pasacalle de estos últimos, fue uno de esos momentos que pellizcan el corazón. Gracias, Triqui-Traquitos, por seguir haciendo murga.
Sofocados (1983)

Sobre las 22:10 horas llegó al escenario de los Ritmos Latinos la última murga infantil del concurso, poniendo el broche a la edición 2026 antes del veredicto. Los de Paula Suárez, que se estrena al frente de la dirección tras tomar el relevo de Paola Tosco, entonaron presentación y pasacalle, una pieza que también forma parte de la historia de esta fiesta.
En su primer tema, “Agencia de viajes mágica”, apostaron por un hilo conductor diferente al visto hasta ahora. Un recorrido por distintos destinos que comenzó en las aulas, con una crítica a los protocolos contra el bullying en los centros educativos. El viaje continuó en un safari, donde defendieron el respeto animal y lanzaron dardos —ya escuchados en otras agrupaciones— hacia el Loro Parque. El cierre llegó con un recorrido por todas las Islas Canarias, reivindicando tradiciones y cultura propia, y señalando la escasa presencia de contenidos canarios en los colegios.
El segundo tema, “La IA o la mía, ¿con cuál te quedas?”, partió de vivencias propias durante la Cabalgata y el Coso, con alguna crítica a la organización, para derivar en un canto al Carnaval que hizo bailar al público: pelucas en alto y móviles encendidos para crear un juego de luces en todo el recinto. Entre ritmo y humor, cuestionaron la dependencia de la inteligencia artificial: “Independiente quiero ser y de una IA no depender”, y hasta elaboraron un irónico manual de instrucciones para que los pensamientos no mueran. Las ideas eran potentes, pero la ejecución vocal no permitió saborear del todo las letras. Se despiden y demuestran, una vez más, que las murguitas piensan y cantan con criterio. Eterna cantera.




















