“No tenemos fe, pero siempre hay que probar suerte“. Como si fuera una lotería, año tras año carnavaleros y carnavaleras se lanzan a la caza de entradas para los concursos y galas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2026.
A las nueve de la mañana se abría, supuestamente, el plazo para reservar localidades para los distintos concursos que se celebran en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife. Cuatro por persona, como máximo.
Desde primera hora, alrededor de las ocho, los grupos de WhatsApp ya hervían con pantallazos de números de cola y el consiguiente ritual colectivo: “si entras, cómprame una”, “porfa, consígueme la de mi tía”, “somos seis, así que necesitamos dos compradores”.
Organizados y con un auténtico batallón de pantallas —estoy en tres ordenadores a la vez, cuenta una murguera—, la escena se repite cada año. “Ya saben cómo es esto: mantita y peli”. Puro Carnaval. Tampoco faltan los nostálgicos de las colas físicas: “qué buenas noches pasábamos en el Recinto”. Y no les falta razón. Croqueta va, tortilla viene, un paquete de papas y una charla de pasacalles hacían la espera más llevadera y, al menos, permitían saber cuánta gente real había delante.
Esta mañana, sin embargo, parece que toda preparación ha sido insuficiente. La página web habilitada, www.entradascarnavaltenerife.com, devuelve a los usuarios al inicio de la cola justo cuando están a punto de acceder. No sería extraño que este año el disfraz más repetido fuera el del temido error “502 Bad Gateway“.
En otros casos, algunos han logrado seleccionar las entradas, pero sin poder completar la compra al no acceder a la pasarela de pago. «No sé qué es peor», comentan con frustración. Hay quien se lo toma con humor —he muerto en la orilla— y quien pierde la paciencia: “este año, peor que nunca”.
Sobre las 9.50 horas aparece el primer agraciado. “Yo pude comprar; entré directamente con el número 106 de la cola”. Pero son pocos los que se libran del temido efecto boomerang: del 101 me lanzó al 19.981. Mañana, a la misma hora, se pondrán a la venta las entradas para las galas, dirigidas a un público más pausado y menos visceral, que confía en correr mejor suerte.
La buena noticia es que, a las 10.30 de la mañana, todavía no se ha colgado el cartel de “agotadas en cinco minutos las entradas para la final de murgas del Carnaval de Santa Cruz”. Como las murgas, toca afilar el ingenio y sacarle el doble sentido.







