El síndrome de Asperger forma parte de los trastornos del espectro del autismo (TEA) y se caracteriza por dificultades en la interacción social, patrones de comportamiento rígidos y una forma particular de procesar la información. Reconocer desde edad temprana estas características es clave para favorecer un desarrollo emocional más equilibrado y prevenir dificultades en el ámbito personal y social.
Se estima que de las 470.000 personas con TEA en España, entre un 18% y un 25% presentarían síndrome de Asperger (autismo de nivel 1). La Confederación Asperger España (Confae) alerta de que el 71% sufre acoso escolar y presentan unas cifras de suicidio muy altas.
Los primeros indicios suelen manifestarse en la infancia, aunque “en muchos casos pasan desapercibidos durante años”, sobre todo cuando existe una buena adaptación socio-familiar y rendimiento académico. Algunas señales precoces que pueden sugerir este trastorno pueden ser la dificultad para interpretar normas sociales o para comprender los dobles sentidos (como el lenguaje figurado, las metáforas, bromas o chistes), la rigidez y dificultad adaptarse a cambios imprevistos, o las dificultades para establecer vínculos cercanos. Si estas características no se identifican de forma precoz, pueden generar incomprensión y un malestar emocional progresivo.
El diagnóstico en las primeras etapas de la vida permite la intervención precoz en los servicios de atención temprana o en dispositivos especializados lo cual abre la posibilidad de trabajar de manera progresiva las habilidades sociales y las estrategias de regulación emocional.
Los expertos recomiendan a las familias diversas pautas para mejorar e impulsar el bienestar emocional como favorecer rutinas estables y previsibles, con una anticipación de cambios y la explicación previa de las situaciones nuevas; la utilización de una comunicación clara y directa, explicando las normas sociales de forma explícita para prevenir malentendidos y frustración; respetar las particularidades sensoriales (ajustes en estímulos como el ruido, la iluminación o los espacios); reforzar su autoestima mediante el reconocimiento de los logros diarios, y la validación de las emociones; así como mantener una coordinación con los profesionales sanitarios y con el entorno educativo.
La Confederación Asperger España denuncia que el 71% del alumnado de entre 10 y 19 años con autismo de nivel 1 sufre acoso escolar. Los protocolos antibullying están orientados a proteger a las instituciones y no a garantizar la seguridad y el bienestar de las víctimas. Este alumnado cuenta en Educación Infantil y Primaria con personal que le ayuda a adaptarse, pero no así en Secundaria. La exclusión no termina con la etapa educativa, ya que, a pesar de su formación y capacidades, el 84% se encuentra en desempleo.
Estas personas cuya discapacidad no es visible sufren incomprensión, marginación, desprecio y acoso por un entorno que no contempla la diversidad neurológica. Registran altas cifras de suicidio por su dolor profundo, persistente e infravalorado.







