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Una pintoresca marea de mascaritas y viudas llora la quema de la Sardina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

La Sardina se enterró en un ambiente irreverente y muy divertido, tras una concurrida marcha desde Juan Pablo II hasta la plaza de España, antesala del fin de fiesta
Una pintoresca marea de mascaritas y viudas llora la quema de la Sardina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife
Una concurrida comitiva fúnebre acompañó a la Sardina hasta la Avenida Marítima y después lo celebró con bailes que duraron hasta la madrugada. Sergio Méndez

La noche en Santa Cruz adquiere un ambiente casi ritual con el Entierro de la Sardina. Es la despedida de Don Carnal, el último suspiro de una fiesta que ha desbordado la ciudad de música, ironía y desparpajo durante semanas. Un adiós inevitable que marca el camino hacia el final del Carnaval en la calle, cuando la capital se prepara para volver a su rutina.

No eran ni las 21.00 horas y ya el ambiente bullía en la calle Juan Pablo II, punto de partida del cortejo. Este año el tiempo dio tregua y las únicas lágrimas fueron las de las viudas, que lloraban con exagerado dramatismo la pérdida del difunto Don Carnal.

La procesión fúnebre era encabezada por los icónicos botones de la Casa del Miedo, coronados para la ocasión, junto a la Cofradía del Chicharro de la Afilarmónica Ni Fú Ni Fá, custodios de esta tradición que mezcla solemnidad y burla.

Desde allí, el cortejo descendió por las calles del Pilar y Méndez Núñez entre lamentos, desmayos fingidos y guiños pícaros que provocaban carcajadas. La escena avanzaba al ritmo de la música que sonaba desde una carroza festiva, con las voces de Pepe Benavente, el Morocho y Jhonny Maquinaria poniendo banda sonora a la despedida.

Plumas, brillos, fulares y elegantes sombreros envolvían el recorrido, mientras desfilaban viudas, sacerdotes, monjas, diablos, ángeles, brujas y hasta fantasmas. La Sardina lució para la ocasión el diseño de Elena González, hija de Enrique González, fundador de la Fufa y figura clave de la historia carnavalera.

Su imagen evocó el corazón de Latinoamérica, con notas musicales y banderas entrelazadas como símbolo de la unión cultural entre Canarias y el continente. Sin embargo, se echó en falta más color, purpurina y alusión a la alegría del Carnaval.

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