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Clara García: “Gran Canaria conserva mejor su patrimonio arqueológico que Tenerife”

Clara García es conservadora-restauradora y arqueóloga subacuática

Clara García Díaz (Puerto de la Cruz, 1994) es conservadora-restauradora y arqueóloga subacuática. Tiene un grado universitario en Conservación y Restauración de Bienes Culturales por la Universidad de La Laguna y un máster en Arqueología Náutica y Subacuática por la Universidad de Cádiz, uno de los cuatro de esta especialidad que se imparten en el mundo. En Cádiz sólo lo obtienen unas 25 personas al año, por lo que este máster se convierte en uno de los más prestigiosos del mundo. El grado de la Facultad de Bellas Artes de La Laguna combina técnicas artísticas, historia y ciencia. Y ha sido una de las pocas canarias que ha seguido la especialidad ya referida de la Universidad de Cádiz. Ha trabajado en diversos proyectos para instituciones públicas y privadas, siempre vinculados con el patrimonio cultural, tanto terrestre como subacuático. Con ella se puede hablar de un ánfora amarillenta perdida en el fondo de un océano hasta del nuevo rostro de la Macarena o del desastre del Ecce Homo de Borja. Empiezo por intentar conocer un poco más de la arqueología del mar.

-¿Qué abarca, exactamente, la arqueología subacuática?
“Se trata de una rama de la arqueología dedicada al estudio de todos aquellos yacimientos que se encuentran sumergidos bajo el agua (mares, ríos, lagos, etcétera)”.

-Donde hay de todo, por supuesto.
“Estos yacimientos pueden ser barcos, ciudades, cuevas y otros elementos que han quedado sumergidos debido a naufragios accidentales, aumentos del nivel del mar, hundimientos de la tierra, inundaciones o terremotos. Para el estudio de estos yacimientos utilizamos la misma metodología que en tierra, pero cambiamos las técnicas para adaptarnos al medio acuático. También estudiamos los vestigios materiales relacionados con los barcos, la tecnología naval y la navegación, estén sumergidos o no”.

-¿Crees que existe mucha riqueza sin descubrir, sobre todo pecios, cerca de las costas españolas?
“Las costas de nuestro país disponen de un rico patrimonio subacuático, fruto de una larga e intensa historia y prehistoria marítimas, que han implicado a muchas civilizaciones”.

-Y no sólo en nuestras costas, ¿no?
“Así es, porque muchos de nuestros pecios se encuentran sumergidos en otros lugares del mundo que formaron parte de España en tiempos pasados, o cerca de países con los que hubo un intercambio comercial intenso. Estos restos forman parte de nuestra vida a lo largo de los siglos y de nuestro patrimonio cultural. Estoy segura de que queda mucho por investigar y por estudiar”.

-Volvamos a tierra, Clara. ¿Por qué se dice que Gran Canaria preserva mejor su patrimonio arqueológico que Tenerife?
“Pues debe ser porque Gran Canaria ha invertido más en la investigación de sus yacimientos arqueológicos para su puesta en valor y exhibición en museos y esto ha derivado en una población y en unos líderes políticos más concienciados con la conservación del patrimonio arqueológico”.

-Han sabido sacar más partido a sus riquezas, entonces.
“Eso es, han sabido sacarle más partido, generando también puestos de trabajo e ingresos, sobre todo los derivados del turismo. En Tenerife creo que todavía no se ha llegado al punto de considerar el patrimonio arqueológico como un motor económico sino como un freno para el modelo turístico de masas que presenta la isla hoy en día”.

-¿En qué trabajas ahora?
“Mira, lo bueno de mi profesión es que nunca hago lo mismo, sino que todos los años trabajo en temas muy diferentes, siempre vinculados con el patrimonio cultural”.

Pues háblame de tus últimas ocupaciones.
“Suelo trabajar en varios proyectos a la vez. Actualmente formo parte de uno del Ministerio de Cultura que lleva a cabo la empresa Normadat. Consiste en la revisión de las catalogaciones de todos los bienes de interés cultural de España, dentro de una nueva base de datos llamada Tesela y que, en un futuro, será accesible a toda la población. También estoy en distintos proyectos de restauración de obras artísticas y, además, para este año preparo algunos proyectos de arqueología subacuática junto al historiador y oceanógrafo Vicente Benítez Cabrera”.

(Le pregunto si es cierto que la arqueología marina se lleva a cabo hoy en día, más que en el fondo del mar, desde ordenadores en barcos, o en tierra, valiéndose de robots submarinos y de otra tecnología. Clara pasa horas y horas, según me dice, ante un ordenador, investigado piezas halladas en las profundidades marinas. Aunque a veces tiene que sumergirse, para lo cual ha realizado los correspondientes cursos de buceo).
“No todo se hace desde un ordenador, pero los avances tecnológicos nos han permitido un mayor alcance en nuestras investigaciones y reducir los riesgos personales. Los robots subacuáticos (ROV) nos facilitan exploraciones en zonas más profundas o de mayor riesgo sin poner en peligro a los buceadores. Los sónares de barrido lateral y los sistemas de posicionamiento geoespacial han hecho posible la localización de yacimientos a grandes profundidades. Y la fotogrametría digital y el modelo 3D permiten reconstruir virtualmente los yacimientos subacuáticos y acercarlos a la población, sin necesidad de meterte en el mar”.

-Hay una teoría que dice que a los pecios hay que dejarlos descansar en el fondo del mar. Pero yo pude admirar el Vasa, sacado enterito del agua, después de siglos, y con la mantequilla de a bordo congelada, intacta”.
“Vamos por partes. La normativa española, así como la convención de la UNESCO de 2009 en materia de patrimonio cultural subacuático nos señalan, como norma número uno, que la conservación in situ será la opción prioritaria”.

-¿Por qué?
“Pues porque, entre otras cosas, se necesitan muchos medios económicos y técnicos para sacar del agua estos materiales, estabilizarlos y conservarlos. Además, cabe señalar que la tecnología avanza muy rápidamente y que debemos dejar los yacimientos intactos para que las nuevas generaciones de arqueólogos puedan actuar en ellos, con técnicas todavía más avanzadas que las nuestras y también menos invasivas”.

-Veo un peligro.
“Ya sé a lo que te refieres. Esto no significa que las instituciones deban abandonar los yacimientos a su suerte; es preciso llevar un control del estado de conservación e implementar medidas de seguridad para evitar expolios. Y en casos justificados, por supuesto, es preciso intervenir y extraer los materiales”.

-¿Y en cuanto a lo que te decía del Vasa?
“La extracción y conservación del Vasa (se expone el barco rescatado en un museo específico para el buque de guerra hundido en 1628 y su historia, en Estocolmo) ha sido uno de los grandes retos de la arqueología. Se necesitaron casi 20 años de tratamientos para su conservación, que tardaron más de una década en secar y, a día de hoy, los sigue necesitando y también otras restauraciones recurrentes. Ejemplifica perfectamente el por qué de este cambio de actuación en los yacimientos subacuáticos”.

-¿Es verdad, Clara, que sólo muy pocos aspirantes pueden optar al máster de tu especialidad en España?
“Bueno, sólo existe un máster oficial de mi especialidad en toda España y América Latina. Lo imparte la Universidad de Cádiz, en modalidad presencial, ofertando cada año 23 plazas para españoles y siete para extranjeros”.

-También restauras imágenes, murales, pinturas. ¿En qué medio te encuentras mejor, en tierra o en el mar?
“En cualquier proyecto vinculado con la arqueología. La verdad es que no me importa si es en un medio terrestre o subacuático”.

-¿Qué te sugieren sucesos bufos, como el del Ecce Homo?
(Hay que aclarar que esta “restauración”, llevada a cabo por una aficionada, Cecilia Giménez, convirtió a la localidad de Borja, en Zaragoza, en un lugar de peregrinación mundial. La buena señora transformó la obra de Elías García Martínez de 1930 en un dibujo animado, prácticamente. Pero hizo rico al pueblo. Todavía la gente peregrina allí).
“Estos sucesos ponen de manifiesto el intrusismo laboral que sufrimos los conservadores-restauradores y el desconocimiento tan grande que existe entre la población de lo que representa nuestra profesión. Y esto no sólo nos perjudica a los profesionales cualificados, sino que también compromete la integridad de nuestro patrimonio natural. Trabajamos directamente sobre obras únicas e irreemplazables. Y nuestra labor requiere una formación especializada, criterios científicos y principios éticos claramente definidos. Creo que estas situaciones evidencian la necesidad de regularizar nuestra profesión y de darle mayor visibilidad”.

-¿En qué estado se conservan los cargamentos de los barcos hundidos durante siglos?
“Depende de muchos factores”.

-¿Por ejemplo?
“Pues de la naturaleza de esos materiales. Es más fácil que se conserven los materiales inorgánicos que los orgánicos”.

-¿Y sobre la temperatura del agua?
“Influye, por supuesto. Y también la actuación de las corrientes sobre el material sumergido, de los seres vivos que habiten en los restos, etcétera”.

-¿Hay más factores determinantes?
“Sí, los fondos donde estén depositados los materiales; si es arenoso o limoso esos materiales se conservan mejor, ya que es probable que queden enterrados y esto les va a proteger de la degradación. En cambio, en un fondo rocoso los restos quedan a la intemperie, favoreciendo, por tanto, su desaparición”.
(Se le nota enamorada de su profesión. Reconoce que pasa horas y horas delante de un ordenador para realizar sus investigaciones. Se ha formado en técnicas de buceo para cuando toca investigar in situ. Y me dice que la población, generalmente, no es consciente de los tesoros que tiene. Cuando le pregunto que cómo se define mejor su especialidad –a efectos del encabezado de la entrevista–, no lo duda: conservadora-restauradora y arqueóloga subacuática. Un poco largo, pero la denominación retrata perfectamente una vida, todavía muy corta, dedicada a la ciencia. Estoy seguro de que le espera el éxito en su apasionante profesión).

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