El actor Ramiro Blas (Mar del Plata, Argentina, 1966) mantiene esta entrevista con DIARIO DE AVISOS en medio de un rodaje. El de Golpes a mi puerta, una película dirigida por Patricia Ortega, con guion de Nicolás Giacobone y Cecilia Libster a partir del texto teatral homónimo del actor y dramaturgo argentino Juan Carlos Gené. La filmación se desarrolla en la Península, pero pronto llegará a Canarias y, justo cuando finalice, en la segunda semana de abril, el intérprete se subirá al escenario del Café Teatro Rayuela, en la capital tinerfeña, el día 12 (19.00 horas), para dar vida a Ramón, el trauma del león, un relato profundamente personal y, por lo tanto, también profundamente universal.
-El 12 de abril actúa en Tenerife, en el Café Teatro Rayuela, con el monólogo ‘Ramón, el trauma del león’, que, entre otras definiciones, es “una llamada a la libertad personal”. Pero ¿cómo lo presentaría usted?
“No hablaría de monólogo, sino de una obra unipersonal. Son varias escenas que van hacia adelante y hacia atrás en el tiempo en busca de la verdad de lo que acontece en el presente de un personaje que, de alguna manera, se desnuda ante el público, desde dentro hacia afuera, para tratar de descubrir qué es eso que lo tiene detenido en el tiempo. Y se da cuenta de que para poder avanzar tiene que sanar el trauma del niño que fue y que lo reclama, pues lo dejó abandonado y no lo ha vuelto a escuchar. De modo que, desde el presente de un personaje concreto, se muestra una historia universal. Nadie va por la vida sin algún trauma que le haya dejado una marca, pues eso es justamente lo que nos hace humanos. La principal manera de empatizar es el dolor. Ahí es cuando nos unimos, desaparecen los idiomas, las barreras, las religiones incluso… Cada uno de nosotros guarda una serie de datos, en el inconsciente, en la memoria o vete a saber dónde, para poder sobrevivir, adaptarse a los acontecimientos y seguir las reglas del juego que plantea la sociedad. Así que este es un espectáculo unipersonal con el que el público empatiza”.
-¿Y cuál es su experiencia en ese ejercicio de empatía?
“A través de esta obra de teatro comencé un proceso de autosanación que me congratula cada vez que termina su puesta en escena, porque siento que la gente me devuelve exactamente la misma respuesta. Es indescriptible comprobar el resultado de ese trabajo, más que del actor, del artesano, que es una palabra muy bonita, pues incluye arte e incluye sanar. Cuando uno se convierte en artesano es cuando apunta directamente a lo que realmente convierte en auténtico lo que hace. Ramón, el trauma del león es un recorrido por la historia de un artista que necesita convertirse en artesano para avanzar. Es una obra muy minimalista, muy pequeña, pero que de repente da las herramientas a quien la está disfrutando para crear mundos, universos, situaciones, recuerdos comunes”.
-Escribió el texto junto a Angie Cortejosa. ¿Cómo ha sido crear el personaje con el que ahora recorre los escenarios?
“Angie es profesora, es actriz, es escritora, es amiga, es compañera… Tiene una escuela de actores en San Fernando, en Cádiz, a la que he ido en muchas ocasiones a compartir experiencias y a ayudar a sacar las herramientas de los alumnos para que puedan convertirse en auténticos, que es la marca diferenciadora de cualquier artista. Para crear este proyecto me sentaba y, a través del teléfono, le iba contando momentos que habían resonado en mi vida, y lo hacía con una crudeza atroz. Ella lo recopilaba todo y trataba de darle una forma teatral. Ramón, el trauma del león comenzó siendo una enciclopedia del suicida [ríe] pero, poco a poco, fuimos dándole la vuelta”.
“Si logras alejarte de las pantallas, si te das el lujo de mirar con el corazón, el teatro es el espectáculo del futuro”
-¿Ha evolucionado ‘Ramón, el trauma del león’? ¿Ha tomado caminos no previstos inicialmente, desde su primera puesta en escena hasta la actualidad?
“Cuando decimos que una obra está viva, es justamente eso: se va modificando, vas probándola ante el público, observas cuáles son las reacciones, cuáles son los puntos álgidos y necesarios, cuánto de comedia debes aplicar en aquello que fue un drama… La obra está viva todo el tiempo. Muchas veces acontece que, de acuerdo con el público que tengo en ese momento, cuento dos o tres anécdotas de mi vida, llevadas al personaje de Ramón. El proceso consistió en eso: yo hablaba, ella grababa y escribía algunos detalles. El texto, en un formato teatral, luego me lo pasaba. Con todo ello se fue creando un guion que habrá conservado el veinte por ciento del texto original para acabar siendo lo que tenía que ser. Estrené la obra, me compré un gran cuaderno negro y la transcribí a mano, reescribiendo muchas de las cosas que a mí me evocaba, no solo como protagonista o como autor, sino también como público. Todo esto lo trabajé durante el último año con Toni Cairós, con el que terminé de darle esa vuelta al espectáculo, en cuanto a la puesta escena, al ritmo y a la agilidad, al paso de la comedia al drama, a cómo van cambiando los espacios por completo”.
-Con Toni Cairós, que ahora le dirige, fundó DSBOK2cia Teatre. ¿Cuál es la razón de ser de la compañía, qué historias y qué emociones les interesan?
“Todo comenzó con una obra conjunta con la que él debutó en el teatro, 12 Cascabeles. A partir de ahí se fueron creando otros espectáculos. En ocasiones, uno es el productor y el otro, el actor o el coautor… Nos vamos intercambiando roles. Yo ya estoy casi en los 60 y él ya los ha pasado. A los dos, que decidimos dedicarnos al arte, nos ha tocado experimentar en la vida montones de situaciones, entre ellas, las de dolor extremo y de pérdida. Tratamos siempre de llegar al corazón de la gente. Buscamos que lo que hacemos no sea solo un mero entretenimiento, sino que también contribuya a modificar algo que tenemos adentro. El teatro es más importante si cabe en esta época de inteligencia artificial, donde el ojo y el cerebro engañan y contemplas cosas que no son originales, que no tienen corazón. Sobre un escenario no va a haber inteligencia artificial que pueda imitar la posibilidad de la libertad, de un silencio, de un giro absoluto o de una improvisación. De aquí a muy poco tiempo es probable que cada uno pueda crearse su propia serie o su propia película con sus propios actores. Sin embargo, el teatro seguirá siendo el gran diván del pueblo. Si logramos alejarnos de las pantallas ante las que estamos todo el día, si nos damos el lujo de observar con nuestro corazón, de abrir nuestras emociones, de ver un espectáculo donde huelas, sientas, escuches, el teatro es el futuro. Es el presente, fue el pasado y va a ser el futuro”.
-Teatro, películas, series… ¿Es muy diferente en cada caso su manera de acercarse al personaje que le toca encarnar?
“No. Lo que cambian, lógicamente, son las técnicas y lo que llamo la amplificación y la reducción. En el cine y en las series todo depende de la lente que pongas, del plano que tengas. Si es un primerísimo primer plano, menos es más. En el teatro existe una distancia. Sin embargo, ahí puedo estar solo, en total oscuridad, y describir a alguien que supuestamente tengo al lado. De hecho, hay un momento en Ramón, el trauma del león en el que somos cuatro personas hablando y el público ve a las cuatro, pese a que solo hay un actor sobre el escenario. El teatro te da la posibilidad de crear. Si quiero mostrarte la luna, o hacerte ver que ahí está la luna, debo amplificarla, porque dispongo de un espacio muy amplio y la lente es la mirada de cada espectador. Aunque es cierto que las cosas en el teatro han cambiado con el uso de cámaras y pantallas que complementan la experiencia. En cuanto a la composición del personaje, es la misma. Yo suelo buscar el dolor. Y al encontrarlo, no hace falta describirlo ni que el resto de intérpretes lo mencione. La humanidad que nos une hace que entendamos que a ese personaje le pasa algo”.
“La obra ‘Ramón, el trauma del león’ es la historia de un artista que necesita convertirse en artesano para poder avanzar”
-No son necesarias las explicaciones porque están implícitas en la propia presencia y en la actitud del personaje.
“Sí. Por ejemplo, en la serie Vis a vis interpreté al doctor Sandoval. Un psicópata espantoso, un odioso narcisista. No obstante, aún no me he encontrado en la calle con alguien que simplemente lo odiara. Sandoval generó sentimientos de asco, odio y amor. Y era porque en el fondo guardaba un dolor muy grande que no se contó en la serie, pero yo compuse un personaje que de pequeño había sido violado en reiteradas ocasiones por su padre, a sabiendas de su madre. Ante una situación de dolor continua, un ser humano cambia. Incluso hasta puede tratarse de cuestión de supervivencia. En definitiva, como digo, me gusta componer los personajes a partir del dolor, hasta los de comedia, que muchas veces es la mejor sanación para un proceso de dolor”.
-¿Qué busca en un papel?
“Hace un tiempo tuve que decir basta, basta de interpretar papeles de malo. Me cansé de que prácticamente todo extranjero en España que haga ficción asuma roles de villano, de estafador, de violador, de prostituta, de mucama… He estado trabajando aquí desde 2006 y hace tres años me harté de esos papeles. Entonces rechacé un personaje y rechacé dos. ¿Cuál fue el resultado? El silencio absoluto. Poniéndole velas al teléfono a ver si suena. Ahí fue cuando surgió Ramón, el trauma del león y me dije que no quedaba otra que sobrevivir. He trabajado en muchísimas cosas alejadas de mi profesión: cuando hay que parar la olla, hay que parar la olla. Los artistas son personas muy frágiles. Un actor transforma la tinta en sangre. Muchas veces, en diferentes circunstancias, tienes que luchar cada día para sostenerte, para estar siempre positivo, para no dejarte caer por las inseguridades, por la necesidad de la aceptación ajena… En esta carrera nadie te asegura nada; hoy estás ahí arriba y ganas un premio, pero eso no te garantiza el futuro. Solo el tres por ciento de los intérpretes de todo el mundo pueden vivir de su trabajo. Así que mucho mejor sería que al premiarte, en lugar de una estatuilla, te ofreciesen trabajo para los próximos cinco años. Lo más habitual hoy es que un actor no pueda alquilarse un piso, que no tenga acceso a una vivienda, a un techo. Esa es la realidad que pocos conocen. Es una vida complicada que cuesta muchísimo sostener. Todo el mundo se piensa que vivimos en Hollywood y que ser actor significa ser millonario. Con las plataformas, por ejemplo, la gente cree que no paro de trabajar, cuando realmente están viendo lo que hice hace 15 años, hace 10, hace 8…, con lo que sigues llenando pantallas. Esta es una carrera que amas y que odias, que te llena de gozo y que te destroza. Y uno es un equilibrista. Tienes que ir por la vida evitando lo que te empuja hacia un lado o hacia otro, como si fueras caminando por una cuerda floja, intentando no caerte o no tirarte. Porque además la industria siempre te va a exigir que estés espléndido [ríe]”.
“Suelo componer mis personajes desde el dolor; hasta en la comedia, que a veces resulta ser el fruto de la sanación”
-Con una carrera que se desarrolla entre Argentina y España, ¿en qué proyectos podremos verlo a corto y medio plazo, en un escenario o en una pantalla?
“Vengo de hacer dos largometrajes en Argentina, bellísimos, y ahora mismo estoy rodando en España Golpes a mi puerta, que es una maravilla de película que empezamos a filmar hace dos semanas y que dentro de otras dos rodaremos en Canarias. El mejor estado para la creación no es el de la comodidad. Como comenté, me animé a decir que no y el telón se cerró. Entonces me puse a esperar y confié, me fortalecí, aprendí a creer en mí. No solo como ser humano, sino también como profesional, pues uno alimenta al otro. Entonces llega un momento en el que te sientes mucho mejor y aprendes a transitar en el presente. A habitarlo y a no permitirte ningún tipo de distracción que te lleve al pasado o al futuro. Un día me llegó un guion y un personaje que yo no hubiera escrito mejor. Terminaremos el viernes 10 y el domingo 12 de abril espero encontrarme lleno el Café Teatro Rayuela, que es una sala hermosa, chiquita, íntima, que es como hay que ver Ramón, el trauma del león. De manera que es como si invitara al público al living de mi casa a jugar con mis juguetes”.





