El tiempo se detiene en el número 78 de la calle Núñez de la Peña. Luis Martín, de 31 años, abre las puertas de su tienda, Football Fútbol Club, un poco antes de lo previsto. Al entrar, no solo hay perchas; hay décadas de domingos, de goles narrados por radio y de una estética que hoy, en plena era de equipaciones de fútbol, reclama su trono.
“Es la tienda del fútbol”, afirma el propietario mientras recorre con la mirada su inventario. “Cuanto más antiguas mejor, pero lo principal es que sean originales. La mayoría son de segunda mano”, apunta.
“No me atrevo ni a tocarla”
Luis Martín no solo vende tela, vende la mística de los grandes. Y, aunque hoy las estrellas se llaman Mbappé o Haaland, en los estantes de su tienda sobrevive la sobriedad de Pelé o la rebeldía de Maradona. Incluso tiene la elástica con la que Francia disputó el Mundial de Fútbol de Argentina 78, que cuelga como un lienzo en un museo. “No me atrevo ni a tocarla”, indica sobre esa pieza, una joya que convive con rarezas de las ligas árabes, selecciones africanas o asiáticas.
Para él, el bum de lo retro no es una casualidad pasajera. “Al final, no dejan de ser camisetas con cierto diseño. El fútbol no va a pasar de moda. Hay gente que las compra porque les gusta el diseño, otros por el escudo”.
Según cuenta Martín a DIARIO DE AVISOS, el perfil del cliente es tan variado como su stock: desde el experto que busca una edición limitada hasta quien busca un regalo especial. “El fútbol no entiende de género ni de esas diferencias”.

El arte de conseguir lo imposible
Con los años, Luis Martín se ha convertido en un rastreador de reliquias. “Se pueden conseguir de muchas maneras”, explica. “Tengo proveedores locales, que son los propios clientes que vienen a venderme sus camisetas, pero la clave está en Internet”.
Todo ello, sumado al compañerismo entre comercios y a acuerdos con proveedores profesionales. Incluso ha logrado estrechar lazos con marcas actuales: “He podido vender las equipaciones de esta temporada del CD Tenerife y la UD Las Palmas”, comenta, demostrando que en su tienda conviven el pasado y el presente.

¿Cómo ponerle precio a la nostalgia?
Tasar una pieza con historia tampoco es tarea sencilla. Para el joven tinerfeño cada prenda es un examen individual. “A mí me gustaría tener una tabla de precios y decir: ‘este es el que pongo’, pero, al final, no tengo referencias”, admite el propietario de Football Fútbol Club.
El valor de una elástica en su mostrador se decide por una suma de factores que rozan el peritaje: el estado de conservación, la rareza del modelo, si la publicidad de la época sigue intacta o si el dorsal mantiene su tipografía original. Incluso la talla juega un papel determinante. “Es un quebradero ponerle precio a cada una, porque cada una es un mundo para mí”, confiesa Luis Martín, quien considera que el que sabe de fútbol entiende que está ante un artículo de lujo. “Cada prenda la miro una a una”, concluye, subrayando que en su tienda no se vende ropa, se venden piezas de colección.

Plan de futuro
Martín admite que emprender no fue un camino de rosas. “Para mí era un sueño. Y que se esté cumpliendo me da la vida”. Tras casi dos años, el balance es claro: el local se le queda pequeño.
Las camisetas han conquistado el espacio y ya sueña con un lugar donde el cliente pueda, además de comprar, sentarse a ver un partido o jugar un futbolín. “He llegado a la conclusión de que esto puedo escalarlo más, liarla más gorda. He pensado en algo como un museo o sala de exposiciones”.







