conversaciones en los limoneros

“La mayor presencia de la mujer en el cine español está siendo definitiva”

Pedro Mari Sánchez, actor, director, músico

Hay que ponerse de pie cuando pasa este hombre. Pedro Mari Sánchez (Ciudad Real, 1954), ha trabajado en más de setenta películas, en más de setenta obras de teatro, actor, director, productor, arruinado tres veces por meterse en cosas que le gustaban a él y a los demás no, versátil, longevo, sesenta años de carrera, niño prodigio, músico de éxito. ¿Qué más?: lo que quieran. Ha colaborado con directores esenciales y participado en títulos clave del cine español, como Otra vuelta de tuerca, Esposados (que fue nominada al Oscar) y No habrá paz para los malvados. Su último trabajo ha sido Alguien que cuide de mí. En televisión ha participado en más de un centenar de producciones, en series como Cuéntame, La Verdad y últimamente en Ena, felicitado hasta por la familia del personaje histórico que encarnó como actor. Su trayectoria teatral es muy sólida, con interpretaciones de grandes clásicos y montajes contemporáneos, dentro y fuera de España. Su vínculo con la música incluye éxitos ampliamente celebrados y emblemáticos y también hay una reciente incorporación a la lírica. Ha sido premiado en múltiples ocasiones, pertenece a la Academia de Cine, por abreviar su nombre tan largo, vota en los Goya y compagina su carrera artística con la docencia y el trabajo sobre la palabra. Es decir, que si no sabes hablar en público, o te trabas, Pedro Mari Sánchez te lo resuelve. En resumen, un crack. Ah, prepara la “encarnación” del inolvidable padre Calvo en La Escopeta Nacional, ahora para el teatro, dirigido por su amigo Juan Echanove. Joder, con este currículo sigo de pie y hago la entrevista de pie y hasta me quito la gorra, por respeto a este hombre.

-Muñoz Molina dijo de ti, citando a Cervantes, que estabas en “la escritura desatada” ¿Satisfecho?
“Satisfecho y honrado”.

-No es para menos.
“Antonio dedicó una de sus columnas, Oro de palabras, a mi espectáculo La palabra de oro, donde fue muy generoso conmigo y con mi trabajo. Para mí fue especialmente emocionante, porque no se limitó a hablar de la función, o de mi manera de decir el verso, sino que entendió y reflejó mi discurso como intérprete, una forma de estar en el mundo y en la profesión, que creo que compartimos”.

-Ahora, como académico. ¿Sirven los Goya para sobrevivir como actor? ¿Puedes seguir vivo tras asistir a una gala de estos premios?
“Los Goya sirven, o deberían servir, para celebrarnos como industria, para vernos las caras un día al año, porque la profesión ha cambiado mucho y ya no existen aquellos lugares para reunirnos, pero no traen necesariamente más trabajo. A veces, todo lo contrario. Y en cuanto a si sobrevives a la gala, te digo que sí, en el caso de que vayas a recibir un premio o la veas desde casa por la tele. Ir de público es muy cansado”.

-Oye, Pedro, ¿ha de ser de izquierdas un artista, tanto aquí como en los Estados Unidos como en la vieja Europa?
“Un actor, como cualquier ciudadano, ha de ser lo que quiera ser y ha de poder expresarlo públicamente”.

-Vale. ¿Y?
“Lo que no se entendería, con lo que está ocurriendo en el mundo, es que un actor estuviera en contra del avance, de las libertades y de la dignidad humana. Esta profesión ha sido siempre un oficio de gente avanzada, de vanguardia, un ejemplo de progreso, de libertad y de pensamiento crítico y es, por tanto, lógico que haya en ella más gente de izquierdas”.

-Lo comparto.
“Llevo en esto toda la vida y he convivido con compañeros que no pensaban exactamente igual que yo, con los que me he llevado estupendamente. Gente razonable y democrática, que hay más de la que pensamos. No nos dejemos engañar por lo que vemos en redes sociales. Con quien no estoy dispuesto a convivir es con los energúmenos que quieren acabar con la democracia y con los derechos humanos”.

-¿En qué butaca estarías más a gusto? ¿En la de una peli de Almodóvar o en otra de Santiago Segura?
“En la de Pedro Mari Sánchez”.

-Bien, ampliemos la respuesta, porfa.
“Yo adoro el cine y quiero hacer mucho más cine en este momento de mi vida. Y aprovecho para decirlo aquí, en Canarias, mi segunda casa, que pronto va a ser la primera, donde se está haciendo mucho cine al que quiero contribuir. Tú sabes que aquí, en Tenerife y en Fuerteventura, rodé Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo, una de las mejores películas que he hecho y con mayor éxito internacional, porque además de estar nominada al Oscar lo ganó todo”.

-¿Te mojas?
“Para que no digas que no me mojo, creo que es bueno para el cine español que se cree esa falsa rivalidad entre un director y otro; y me refiero a Almodóvar y a Segura. Lo importante para la industria es que se hagan películas y se llenen las salas. Eso es bueno para el cine, para quienes trabajamos en él y para el país. Y, al margen de gustos personales, me merece el mayor respeto quien pone su empeño en hacer una película”.
(Casado con Ana Martín Coello, una “chica Burgado”, amiga entrañable, mujer inteligente, periodista excelente, lectora constante, Pedro Mari Sánchez se ha confesado enamorado de su mujer en múltiples ocasiones. “Lo mejor que me ha ocurrido en mi vida ha sido conocerla y casarme con ella”, ha dicho en varias entrevistas. Ana asiste a la comida. Uno es la sombra de la otra y al revés).

-¿Es verdad que le dijiste que no a Almodóvar, que te había propuesto trabajar en una película suya?
“Nos dijimos que no ambos”.

-Explica eso.
“Yo conocía a Pedro muy desde sus inicios. Somos paisanos y teníamos amigos en común, en una época en la que mi casa estaba siempre llena de gente. Tiempo después, él me fue a ver en Carmen, Carmen, el musical de Gala que yo estaba haciendo con Concha Velasco y que fue un enorme éxito. Y después de eso me llamó para hacerme una prueba para Tacones lejanos. Estuvimos varios días en ello, pero no hubo feeling. Lo llamé para comentarle que no nos entendíamos y Esther García, de su equipo, me dijo que Pedro pensaba igual y que justo me iban a llamar para decírmelo”.

-Cuéntame cómo va el remake teatral de La Escopeta Nacional, nada menos que en el papel del padre Calvo, que tan magistralmente interpretó tu amigo Agustín González en el cine.
“Pues yo espero que sea un éxito, porque tiene todos los mimbres para ello”.

-Estoy seguro.
“La obra la dirige Juan Echanove, la adaptación del texto es de Bernardo Sánchez y entre los protagonistas están Luisa Martín, Pere Ponce, Marta Ribera y Enrique Viana. Y siento que hay muchas “causalidades” en esta función porque voy a hacer un personaje que protagonizó magistralmente Agustín González, a quien quise mucho y a quien dirigí en El Cántaro roto. La película de Berlanga, como sabes, la protagonizaron, además y entre otros grandes actores, Amparo Soler y José Luis López Vázquez, con los que me estrené en el cine siendo niño. A Juan Echanove lo he dirigido yo y él a mí. Y el padre Calvo es un caramelo de personaje, claro. Estoy muy ilusionado. Estrenamos el 16 de junio en el teatro Español de Madrid”.

-Pedro, tú has tratado a muchos mitos. Te cito a dos: Audrey Hepburn y Marisol, con la que trabajaste en Cabriola. Cuéntame de las dos y dime si entiendes a Marisol.
“A Audrey Hepburn la conocí en Marbella, donde su entonces marido, Mel Ferrer, nos dirigía en Cabriola. Ella me parecía todo lo contrario a él. Cuando llegaba era como si hubiera entrado un ángel: delicada, amable, encantadora con los niños. Con Marisol tuve una relación estupenda. Era una chica maravillosa, luminosa, pero no me siento cómodo hablando de Marisol porque quiero respetar que voluntariamente ha decidido estar lejos de todo esto. Y claro que la entiendo, ¿cómo no la iba a entender?”.

-Tu canción Soñé que te quería, es todavía un hit. ¿Por qué detuviste tu trayectoria musical?
“Porque cambió la dirección de mi compañía discográfica, Polydor (luego Polygram) y la nueva dirección pretendía que yo hiciera una carrera orientada al fenómeno fan. Yo componía mis temas y elegí a los músicos para mi primer disco, Encuentro, y no quise pasar por el aro de convertirme en un producto prefabricado. Pedí la carta de libertad y no me la dieron y ahí quedó todo. Volví a mi trabajo como actor. Siempre he sido un rebelde con causa”.

-Mira, Pedro, leyendo sobre tu vida he sabido desde que Kubrick te eligiera para doblar al protagonista de dos de sus películas hasta un debut en la zarzuela y en la ópera a los 70 años. ¿Es que no le tienes miedo a nada o qué?
“Miedo, no, sí respeto a todo lo que tenga que ver con esta profesión. Pero te diré que nunca he tenido prejuicios y sí mucha curiosidad, que es lo que me mantiene vivo. Por ejemplo, desde hace muchos años compagino mi profesión de actor con la de enseñar a gente que tiene que hablar en público para que lo haga con solvencia y con verdad. No sólo no me asusta tocar varios campos, sino que me apasiona”.

-Oye, ¿y después de haber hecho tantas cosas se puede uno arruinar tres veces?
“Se puede, por desgracia, si te gusta este oficio tanto como me ha gustado a mí y no tienes madera de productor, lo cual ha sido mi mayor problema. Lo he aprendido tarde, después de, efectivamente, arruinarme tres veces en aventuras teatrales desiguales. Pero ya lo tengo olvidado”.
(Es –dicen— tan buen cocinero como actor. Se ha comido un pescado en Los Limoneros y al hombre le ha gustado el guiso, porque se relame. Le tengo que preguntar, para terminar y dejarlo comer tranquilo, por el actual momento del cine español).
“Está viviendo uno de sus grandes momentos, pero ha habido otros, afortunadamente, a pesar de contar con menos recursos y de la lucha contra la censura. Ahora el horizonte es más amplio. La presencia de la mujer en la mirada cinematográfica está siendo definitiva. La industria da cabida a propuestas muy distintas, nuevas, de calidad y que cada vez tienen, en su conjunto, mayor reconocimiento internacional”.

-Palabras de un grandísimo actor y director. Ha sido un honor, amigo.

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