Al entrenador del Barakaldo le salieron los planes a medias. Había pedido Imanol de la Sota que la posible fiesta del Heliodoro fuera compartida, que el Osasuna Promesas ganara en el campo del Celta Fortuna y el CD Tenerife ascendiera sin jugar. La interpretación de sus deseos colocaban a los blanquiazules en modo flow durante el partido y así los gualdinegros podrían sacar tajada de la celebración.
Lo primero se cumplió gracias al tanto de Martín Pedroarena para el filial pamplonés, lo otro se le complicó al Barakaldo porque el Tenerife, con Cervera al frente y ya sin presión, salió a no hacer rehenes y no permitió que la señorial hinchada de un señorial club que hizo pasillo al campeón y recién ascendido tuviera su espacio glorioso en el recinto deportivo capitalino.
El Tenerife es tan especial que hasta para ascender le ocurren cosas raras. Hacía 39 años que no se vivía algo así en la Isla, pero en aquella ocasión el logro se consiguió tras 90 minutos. Ayer los aficionados tinerfeños ya celebraban el salto de categoría 45 minutos antes de comenzar un compromiso liguero en el que se echó mucho de menos al gran capitán, Aitor Sanz, todavía sancionado.
Hubo gente que le pidió a Cervera que pusiera sobre el campo a José Mota. El humorista de Ciudad Real fue uno de los 22.000 espectadores que llenaron a reventar un Heliodoro que ya temblaba antes de que comenzara el partido. Y es que en el vestuario local se conoció la noticia del triunfo del Osasuna B y entonces alguien sacó a bailar a la morocha con esa canción que se ha convertido en himno blanquiazul en esta temporada.
La celebración en la caseta fue mágica pero la salida de los jugadores para el calentamiento previo, ya con el ascenso alcanzado y con mucha gente instalada en las gradas del Heliodoro, fue apoteósica, con toda la plantilla, incluyendo a los lesionados y sancionados, saltando al césped para agradecer el apoyo de la hinchada. Lo que vino después fue fútbol y sentimiento.







