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Faustino Afonso, médico y nadador tinerfeño: “Volvería a nacer con discapacidad, todo lo que soy hoy también nace de ahí”

Médico, referente de la natación paralímpica, divulgador y fundador de Atletas Sin Fronteras, Faustino Afonso reivindica una inclusión que trascienda la asistencia y reconozca el valor de cada persona
Faustino Afonso, médico y nadador tinerfeño: “Volvería a nacer con discapacidad, todo lo que soy hoy también nace de ahí”
Faustino Afonso, médico tinerfeño, referente de la natación paralímpica, divulgador y fundador de Atletas Sin Fronteras. Fran Pallero

Hay personas que transmiten, inspiran y dejan huella; Faustino Afonso es, sin duda, una de ellas. Basta con acompañarlo durante cinco minutos en su lugar de trabajo, el Centro de Salud San Benito, para comprobar que su buena vibra no es algo puntual. Las sonrisas de pacientes y compañeros acompañan cada uno de sus pasos. “¡Dr. Faus!”, le gritan algunos, haciendo referencia a su apodo en redes sociales, un guiño al televisivo Dr. House que no está exento de ironía porque, más allá del bastón y la cojera, el icodense poco tiene que ver con el malhumorado personaje estadounidense.

Médico de atención primaria y del CD Tenerife B, divulgador con más de 100.000 seguidores en redes, fundador de la ONG Atletas Sin Fronteras -declarada de interés público el pasado 8 de junio-, nadador paralímpico… resulta difícil encasillar a Faustino en una sola definición. Aunque, como toda gran historia, la suya comienza con los sueños, frustraciones e inquietudes de un niño. Nació con una displasia bilateral de cadera, una enfermedad degenerativa que afecta a las articulaciones, provoca dolor y dificulta la movilidad. Su discapacidad le marcó desde temprano y, aunque recuerda su infancia como “una de las mejores etapas” de su vida, tuvo que enfrentarse a un mundo construido, en demasiadas ocasiones, de espaldas a niños como él.

En el colegio, en una época en la que algunos consideraban que el deporte suponía un riesgo para alguien con su condición, no pudo participar en las clases de Educación Física. Sin embargo, guarda en la memoria una anécdota que lo marcaría años después, ya en el instituto, durante una clase en la que tocaba aprender a hacer la voltereta. “Yo estaba acostumbrado a irme a la biblioteca”, recuerda. Pero su profesor pasó lista y le llamó a él. “Le respondí que no podía y me puso un cero. Don Manolo llamó entonces a la siguiente alumna”. Lo intentó, se cayó y tampoco consiguió hacerla. “Tú no vas a tener un cero porque lo intentaste”, le dijo a ella. Aquello supuso “un golpe de realidad” y, aunque reconoce entre risas que “hoy probablemente se habría hecho con más tacto”, fue “una de las enseñanzas más importantes” que recibió de un profesor.

La frustración de no poder participar en muchas de las actividades que realizaban los demás lo llevó durante la adolescencia a atravesar los momentos más oscuros de su vida. “Todos mis amigos jugaban al fútbol. Yo quería apuntarme. Rezaba por poder saltar al campo. Pero siempre encontraban una excusa para no aceptarme”. Informes médicos imposibles, autorizaciones absurdas… Recuerda especialmente cuando intentó inscribirse en kárate. “Cuando me dijeron que no, me sentí completamente minusválido”. Fue entonces cuando comenzó a refugiarse en los videojuegos y a ganar peso. “Llegué a pesar 115 kilos con apenas 14 años. Mi salud se deterioró muchísimo. Los dolores eran insoportables y mi autoestima estaba por los suelos”.

En una situación médica realmente delicada, con problemas graves asociados a la obesidad, decidió apuntarse a un gimnasio. Allí, en una pequeña pantalla situada a la entrada de una de las salas, observaba fascinado las clases colectivas de kempo. Un día se le acercó un hombre. Era el sensei, Víctor Solana, quien le preguntó por qué no se apuntaba. “¿Pero tú me has visto? No puedo…”, respondió él. Como había hecho don Manolo años antes, el profesor insistió hasta convencerlo. “Hice el ridículo. Pero me encantó. Aquella fue la mano que me sacó del abismo”. Porque, reflexiona, “es importante entender que tener una discapacidad no significa ser incapaz”. Y añade: “La verdadera inclusión tiene dos pilares: el apoyo que una persona necesita y el reconocimiento de todo lo que puede aportar. Las personas con discapacidad no restan valor a la sociedad. Lo multiplican”.

Doctor y nadador

Durante gran parte de su infancia, Faustino estuvo rodeado de médicos. “Eso puede generar dos cosas: rechazo o admiración. Yo desarrollé ambas”. Entró en quirófano más de veinte veces y reconoce que nunca dejó de sentir miedo, “pero también veía en los médicos la posibilidad de estar mejor”. Aquella experiencia despertó en él una curiosidad especial por el mundo de la salud que terminó concretándose a los 17 años, cuando comenzó a estudiar Medicina.

Ya en la Universidad de La Laguna descubrió la existencia de clubes de natación adaptada. Acudió a probar y acabó formando parte del equipo del entrenador que trabajaba con nadadores paralímpicos de la talla de Michelle Alonso o Dácil Cabrera. “Llegué a entrenar siete días a la semana, con dobles sesiones. Poco a poco llegaron los resultados. Primero campeón regional. Después campeón de España. Más tarde integrante de la selección paralímpica española. Y finalmente deportista profesional. La natación se convirtió en mi vida”.

Su palmarés habla por sí solo. Sin embargo, lo que más recuerda de aquella etapa no son los resultados, sino la sensación de “vivir para algo que me apasiona y me hace sentir empoderado”. En el agua no existen barreras ni limitaciones y, precisamente por eso, “el deporte enseña a las personas con discapacidad dónde están sus fortalezas. Demuestra que la vida es para todo el mundo”.

Compaginando dos caminos tan exigentes como los de estudiante de Medicina y deportista de élite, logró sacar adelante la carrera. Uno de los momentos más memorables de su faceta como doctor llegó en 2023, cuando cumplió uno de sus grandes sueños: participar en una intervención quirúrgica. “Un día me preguntaron por qué nunca me había planteado la cirugía. Mi respuesta fue sencilla: porque no puedo estar tantas horas de pie”. Sin embargo, con las voces de don Manolo y del sensei Víctor Solana resonando en algún rincón de su cabeza, decidió buscar una alternativa. La respuesta estaba en Japón.

Navegando por internet descubrió un dispositivo diseñado originalmente para que los cirujanos pudieran descansar durante operaciones de larga duración. Con el apoyo de la Fundación ONCE logró convencer a la empresa japonesa, que, al conocer su historia, terminó regalándole el exoesqueleto. “Pude participar como ayudante en una operación de abdominoplastia que duró seis horas”.

La medicina también lo acercó a aquel mundo que de niño observaba con una mezcla de ilusión y frustración: el fútbol. Durante sus estudios se cruzó en su camino Norberto Marrero, entonces jefe de los servicios médicos del CD Tenerife. Tras convertirse en su director de tesis doctoral, le abrió las puertas del club, donde hoy ejerce como médico del equipo B y de las categorías formativas.

La capacidad de seguir avanzando

Entre consultas también encuentra tiempo para mantener vivo su vínculo con el agua, aunque ahora enfocado en retos y travesías. Está inscrito en la Triple Corona, uno de los desafíos de natación en aguas abiertas más exigentes de España, que contempla tres travesías de larga distancia en tres años consecutivos, con un total de 57 kilómetros. Además, mantiene otra meta personal en el horizonte: “Sueño con ser la primera persona con discapacidad en completar a nado la travesía entre La Gomera y Tenerife, emulando el reto que realizó David Meca”.

Objetivos tan ambiciosos evocan historias como las de Álex Roca -primer atleta del mundo con parálisis cerebral y una discapacidad física del 76% en completar un maratón- o Noah Higón, activista y escritora que convive con siete enfermedades raras y que el año pasado ascendió al pico del Teide para reclamar una mayor inversión en ciencia e investigación. Como ellos, muchas otras personas han demostrado una capacidad de superación extraordinaria frente a las limitaciones físicas. “Aunque pueda sonar extraño, yo volvería a nacer con discapacidad. Porque todo lo que soy hoy también nace de ahí. La persona que supera su discapacidad desarrolla fortalezas extraordinarias”, afirma Faustino. Aunque, subraya: “Hay que superarla y necesitamos una sociedad dispuesta a ayudar en ese proceso”.

Más allá de los casos más mediáticos, considera que “la superación de la discapacidad genera herramientas muy valiosas”. Sin embargo, “a veces parece que la única discapacidad aceptada socialmente es la que viene acompañada de una historia heroica. La persona que corre maratones. La que sube montañas. La que bate récords. ¿Por qué una persona con discapacidad tiene que demostrar más que cualquier otra para que se reconozca su valor?”. Libros, series, películas y, ahora, las redes sociales han contribuido a instaurar la cultura del si quieres, puedes. “No es más que una mentira tóxica”, rebate. “No todo depende de la voluntad. No todo depende de visualizarlo o desearlo con fuerza. Hay cosas que no salen. Hay metas que no se consiguen. Y eso no significa que hayas fracasado”.

Aunque su imagen pública pueda transmitir la impresión de alguien capaz de superar cualquier obstáculo, él lo tiene claro. “No es verdad. Yo nunca los he superado todos y nunca lo haré”. Lo importante, asegura, es seguir avanzando. “No sé adónde te llevará ese camino. Probablemente no exactamente donde imaginabas. Pero sí a un lugar que merezca la pena”.

Estas y muchas otras reflexiones forman parte del mensaje que el Dr. Faus comparte en redes sociales, junto a sus contenidos divulgativos sobre salud, y también a través de su ONG, Atletas Sin Fronteras. Una entidad que nació, explica, “para devolver al mundo todo lo que el mundo me dio. Yo tuve suerte. Me encontré a las personas adecuadas en los momentos adecuados”. Su objetivo ahora es que aquello que él recibió “deje de depender de la suerte y pase a ser consecuencia de una sociedad plenamente concienciada de lo que significa y de todo lo que aporta la discapacidad”.

Faustino Afonso formó parte de la selección española de natación paralímpica. DA
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