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Javi Alonso y los 750 días en el infierno de las lesiones

El centrocampista regresó a los campos tras dos roturas del ligamento cruzado anterior y una fractura del quinto metatarsiano, un periplo de casi cuatro años que le cambiaron para siempre
Javi Alonso y los 750 días en el infierno de las lesiones
Javi Alonso en una de sus múltiples sesiones de recuperación. DA

Cuando se habla con Javi Alonso (Adeje, 1998), la conversación se llena de un argot médico que, sin lugar a dudas, ningún futbolista querría dominar. Citoquinas, infiltraciones, consolidación ósea, ligamento colateral interno, factor de crecimiento… y no es para menos, son más de 750 días acumulados de baja durante su corta carrera, que se ha visto lastrada por dos roturas de ligamento cruzado anterior (una en cada rodilla) y una compleja fractura del quinto metatarsiano. Muchos reveses acompañados de largos paseos por el infierno de las lesiones, ese que tanto miedo da a los futbolistas.

Tras varios meses, el adejero ha vuelto a vestirse de corto. En esta ocasión, han sido la primera decena de minutos de competición tras 316 días sin pisar un césped. Su nueva etapa ha sido en el filial, en 2ª RFEF, para reencontrarse con el ritmo de partido que las lesiones le habían robado. “La idea era buscar mi mejor forma, recuperar sensaciones, tener minutos y jugar partidos que me permitieran tener continuidad”, explica.

Verano de 2021. Luis Miguel Ramis retoma el reto de subir al club a Primera. Tras cerrar la permanencia con varias jornadas de antelación, Alonso gozó de partido y oportunidades como titular, llegando a hacerse fuerte en el centro del campo del Tenerife. Esas actuaciones le abrieron la puerta de su primer contrato profesional. Había ilusión por seguir creciendo. Y, de repente, un giro más, como los que ha hecho mil veces en su vida. “El pie se quedó clavado y sentí ese maldito chasquido. Muchas veces pasa de largo, y no hay lesión, pero hay veces que es grave”, recuerda. La rodilla derecha se le infló enseguida. Las caras del cuerpo médico no ayudaron. Lo que vino después fue una rotura del ligamento cruzado anterior, esguince de grado 2 del colateral interno y afectación del menisco externo. “Me lastró toda la temporada. Prácticamente no jugué en todo el año”.

La baja se prolongó durante casi 400 días. El regreso llegó en septiembre de 2022 en los minutos finales del partido ante la Ponferradina (2-2). Aquel día, según contó Ramis, “Alonso entró al vestuario llorando”. Lágrimas, esta vez, de alegría.

Dos pretemporadas después, todo parecía superado. Nuevo entrenador, nuevos objetivos y una preparación completa, con buenas sensaciones. “Me sentía muy bien, estaba en buena dinámica”, recuerda. El último amistoso del stage en Albir, el 2 de agosto de 2023, le enfrentaba al CD Eldense en La Nucía. En un duelo con un delantero, se produjo una caída sin aparente importancia. Y la misma sensación que dos años antes. “No me lo creía, mismo crujido. Era la misma lesión”. Esta vez, en la izquierda. “Las imágenes de esa lesión son de rabia, porque sabías ya lo que te esperaba”. Era otra rotura del ligamento cruzado anterior. Otra operación. Otra recuperación de varios meses. El alta deportivo llegó en febrero de 2024. Otros casi 200 días parado, recuperándose, viviendo el fútbol desde la grada. “Fue muy duro, no entendía porqué a mi”, recuerda el jugador.

Pero la vida es, a veces, aún más cruel. La tercera estación del calvario llegó el 31 de julio de 2025. Otra acción del entrenamiento, esta vez derivó en una una fractura del quinto metatarsiano del pie derecho y, otra vez, al quirófano. “Me dijeron que era una operación relativamente sencilla”, explica. Se puso en las manos del doctor Ramón, en Quirón Tenerife, que le colocó un tornillo.

Pero el hueso no consolidaba. “No terminaba de curar la fractura. Tuve que reinventarme, tuve que volver a organizar tratamientos porque el primer tratamiento, el quirúrgico, no estaba dando los resultados que esperábamos”.

Pidió al club una segunda opinión y volvió a la consulta de Mikel Sánchez en Vitoria, el médico de confianza que le había operado las dos rodillas. El veredicto coincidía: había que realizar infiltraciones con citoquinas, un procedimiento por el que se extrae sangre del propio paciente, se centrifuga y se inyecta directamente en el lugar afectado para favorecer la regeneración.

Durante su largo periplo, Sánchez, (el mismo que ha operado a futbolistas del peso de Ivan Rakitic) fue su doctor de cabecera. La recomendación se la hizo Aitor Sanz, capitán del conjunto blanquiazul, que también había pasado por las manos del traumatólogo vasco. “Me dijo que no lo dudara, que yo mismo me daría cuenta del profesional que tenía delante”. Y así fue. “Nada más entrar por la puerta yo sabía que me estaba tratando con el mejor” asegura.
En total, más de 750 días sin competir. Con lo que eso conlleva. Es el doble del tiempo que ha podido jugar como profesional.

A veces, vale la pena intentar padecer en tus propias carnes el dolor de otros.

Todo ello esconde el desgaste mental de quien ve pasar el fútbol desde la grada. “Ves a tus compañeros competir, vivir emociones de partido, sentirse futbolistas… Es duro estar fuera. Te hace sentir alejado”, dice.

A la rehabilitación de larga duración se le añade un compañero silencioso. “Aparece también la soledad. Estás tú solo entrenando en el gimnasio o en el fisio tratándote”. Por eso, dice, fue determinante haber pedido ayuda profesional. Trabajó con el psicólogo deportivo Rubén Rodríguez, antiguo colaborador del club, con quien ya tenía vínculo previo. “Él me hizo ver la lesión como una oportunidad”. Lo define como una “pieza angular del proceso”.

En medio del calvario, Alonso ha optado por reconducir una de esas cosas que quedaron aparcadas por el fútbol: su carrera de Fisioterapia. “Cuando empiezo en el Tenerife, mis padres me lo dicen: o los estudios siguen en la misma línea o el Tenerife tiene que dar un paso a un lado, porque en esas categorías no sabes si vas a llegar a ser profesional”.

El regreso llegó el pasado 5 de abril. Fueron diez minutos en un partido del filial ante el Yugo Socuéllamos. Tres lesiones, tres vueltas. Aquella reaparición fue para Alonso la prueba de que el camino “no ha sido en balde”. Cada infiltración o sesión de gimnasio, ha tenido un destino. “Todo al final valió la pena”, resume.

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