La profesora Carmen Rubio Armendáriz (Augusta, Georgia, USA, 1973), catedrática de Toxicología de la Universidad de La Laguna (ULL), ha sido la primera mujer española elegida miembro del consejo directivo (councilor) de la prestigiosa Society of Toxicology USA, la entidad científica de referencia mundial en esta disciplina. Anteriormente, la profesora Rubio presidió la Hispanic Organization of Toxicologists y formó parte del comité directivo de Women in Toxicology. Es directora del máster en Seguridad, Calidad y Sostenibilidad Alimentaria de la ULL, doctora en Farmacia y licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Combina una intensa actividad investigadora con una amplia trayectoria de gestión universitaria. Ha sido vicerrectora de Internacionalización de la ULL y presidenta del grupo de internacionalización de la CRUE.
-No todos los científicos logran ser elegidos directivos (son sólo 13) de la prestigiosa Society of Toxicology (SOT) de los Estados Unidos.
“Para mí es una enorme responsabilidad y, al mismo tiempo, siento una gran satisfacción”.
-¿De quién te acuerdas en este momento?
“En una dimensión muy personal, pienso en mis padres, fallecidos, y en el orgullo que sentirían. Formar parte del consejo directivo de la Society of Toxicology supone una oportunidad extraordinaria para contribuir al futuro de la toxicología, fortalecer su proyección internacional y generar nuevas colaboraciones científicas. Y aquí quiero citar a mi maestro, el profesor Arturo Hardisson, que tanto ha influido en mi carrera”.
-Tu trabajo alcanza mayores reconocimientos fuera de España. ¿O me equivoco?
“Sería poco honesto por mi parte no trasmitir una cierta sensación agridulce. Porque en ocasiones tengo la impresión de que mi trayectoria ha recibido mayor reconocimiento fuera de España que dentro de nuestro país. Estados Unidos posee una cultura muy orientada a identificar y promover el talento. No sólo en ciencia sino como forma de entender una sociedad basada en valorar la iniciativa, el mérito, el liderazgo y la capacidad de aportar, con independencia del origen. Ojalá España avance hacia un modelo más abierto, menos condicionado por inercias y más centrado en reconocer la excelencia”.
-Vamos a la materia científica. Has investigado los obesógenos, los disruptores endocrinos que generan obesidad.
“La toxicología del siglo XXI ya no se limita a identificar y cuantificar sustancias peligrosas. Busca entender cómo el entorno condiciona nuestra salud. Los obesógenos son disruptores endocrinos que alteran la regulación hormonal y modifican procesos esenciales del metabolismo. Pueden favorecer tanto el crecimiento como la formación de nuevas células grasas. La obesidad sigue siendo una enfermedad multifactorial, pero hoy sabemos que el ambiente también desempeña un papel mucho más importante de lo que imaginábamos hace unas décadas”.
-Y ya que hablamos del entorno, ¿cuáles son las sustancias tóxicas del siglo XXI?
“No existe una única respuesta a lo que preguntas”.
-¿Por qué?
“Pues porque seguimos vigilando tóxicos clásicos, como los metales pesados (mercurio, plomo, cadmio) y determinados pesticidas persistentes. Sin embargo, el gran desafío actual es el llamado “efecto cóctel”, que es la exposición simultánea y continuada a múltiples tóxicos en dosis muy bajas. La toxicología moderna ya no estudia un compuesto aislado, sino que intenta comprender cómo interactúan cientos de ellos y qué efectos (toxicidad) tienen para nuestra salud”.
-Con referencia al tema de moda, ¿tenemos una IA predictiva en tu especialidad?
“Sí y está transformando profundamente la toxicología. Hemos pasado de una toxicología esencialmente descriptiva a otra cada vez más predictiva. La inteligencia artificial (IA) es capaz de integrar y analizar enormes volúmenes de datos procedentes de estudios experimentales, modelos computacionales y bases de datos toxicológicas para anticipar la potencial toxicidad de una sustancia, incluso antes de su evaluación completa”.
-¿Y eso a dónde nos lleva?
“Nos permite identificar precozmente compuestos con un perfil toxicológico desfavorable, acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos y materiales más seguros, optimizar recursos y mejorar la protección de la salud pública. Además, la IA constituye una herramienta fundamental para impulsar las Nuevas Metodologías de Aproximación (NAMs) y aplicar con mayor eficacia el principio de las 3R –reemplazar, reducir y refinar–, disminuyendo el uso de animales de experimentación sin renunciar al rigor científico”.
-Una cuestión inquietante, Carmen. El exposoma, el conjunto de compuestos al que nos exponemos, ha cambiado con los tiempos. ¿Qué diferencia existe entre el genoma y el exposoma?
“El genoma es la información genética con la que nacemos; el exposoma comprende el conjunto de exposiciones ambientales, alimentarias, laborales y sociales que acumulamos a lo largo de la vida. La diferencia es fundamental: nuestro genoma permanece prácticamente inalterable, mientras que el exposoma es dinámico y modificable. Podemos actuar sobre él para reducir exposiciones innecesarias y construir un entorno más seguro y saludable”.
-La industria ha transformado nuestro exposoma, ¿no es cierto?
“Profundamente y ha incorporado nuevas sustancias como los PFAS, los microplásticos, los bisfenoles o mezclas complejas de contaminantes presentes a concentraciones muy bajas”.
-Un reto para los toxicólogos, sin duda.
“Absolutamente. Los toxicólogos dedicados al análisis de riesgos afrontamos hoy el reto de caracterizar el exposoma y comprender cómo interactúa con nuestro genoma para anticipar riesgos y prevenir la toxicidad. Conocer nuestro exposoma nos proporciona una herramienta extraordinaria para tomar decisiones que nos permitan vivir una existencia más segura y menos tóxica”.
-Tú eres española, y norteamericana por nacimiento, y tu segundo país -o el primero- acaba de celebrar su 250 aniversario. ¿Cómo lo celebras tú, que trabajas en España, pero naciste en Augusta?
“Antes de responderte, permíteme alguna pequeña precisión”.
-Adelante, profesora.
“Nací en los Estados Unidos, pero mi identidad y mis raíces son profundamente españolas y, sobre todo, canarias. Haber nacido allí fue una maravillosa casualidad, que me concedió una doble nacionalidad que considero un privilegio y una parte muy enriquecedora de mi historia personal. Curiosamente, fueron mis hijos los que me ayudaron a comprender la verdadera dimensión del 4 de julio, una celebración que trasciende lo puramente festivo y que representa memoria colectiva, identidad nacional y un profundo sentido de pertenencia a una comunidad con una historia compartida. He tenido la oportunidad reciente de vivir los prolegómenos en Washington DC, con toda su fuerza simbólica, pero también he comprobado que las tradiciones alcanzan su verdadero significado cuando se comparten con las personas que forman parte de tu vida. Y debo reconocer que celebrar el 4 de julio en La Laguna, rodeada de amigos y con algún guiño de barras y estrellas, tuvo un encanto especial”.
(Solo trece personas componen la junta directiva de la Society of Toxicology. Le pregunto a la profesora Rubio Armendáriz que cómo ha encajado en la organización. Me dice: “Presentar mi candidatura fue una decisión muy meditada”. Insisto y responde: “Se trata de un cargo electo y concurrir a unas elecciones en los Estados Unidos, desde Canarias, suponía un reto considerable. Pero entendí que era una oportunidad extraordinaria para aportar mi experiencia y seguir contribuyendo a la proyección internacional de la toxicología”).
-Tu relación con ese prestigioso organismo viene de lejos, ¿no?
“Mi incorporación como councilor es reciente (mayo de 2026), pero mi relación con la Society of Toxicology se remonta a más de una década, con una participación activa en sus estructuras y grupos de trabajo. Por eso lo he vivido más como la evolución natural de un vínculo profesional que como la llegada a un entorno desconocido. Me he sentido muy bien acogida y creo que mi experiencia en liderazgo académico e institucional, junto con una visión europea e internacional, puede enriquecer el consejo directivo. Me resulta especialmente estimulante su cultura de trabajo: rigor científico, capacidad ejecutiva, flexibilidad y una mejora continua en la que la excelencia no se presupone, sino que se construye día a día”.
-Carmen, hablemos de España. ¿En qué punto se encuentra la investigación toxicológica?
“Conviene distinguir entre excelencia científica y recursos. La toxicología española ocupa una posición muy destacada en Europa y es especialmente competitiva en toxicología ambiental, seguridad alimentaria, ecotoxicología y toxicología clínica y forense. La gran diferencia con los Estados Unidos no es el talento, sino la inversión. Allí existe una financiación sostenida y una menor carga burocrática. En España seguimos haciendo ciencia de primer nivel, pero con recursos insuficientes. El talento existe; ahora debemos crear las condiciones para que pueda desarrollarse plenamente”.
-Bueno, sería como preguntarte, ¿a quién quieres más a papá o a mamá?, pero ¿te sientes más española que norteamericana? A lo mejor con la respuesta anterior, vale.
“Ya te lo dije, me siento española y, sobre todo, canaria. Aquí están mis raíces y aquí he construido mi vida. Al mismo tiempo, Estados Unidos forma parte de mi identidad y ha enriquecido mi forma de entender el mundo. Admiro su cultura del mérito, el pragmatismo y esa confianza permanente en la innovación. Nunca he sentido que tuviera que elegir entre ambas identidades porque me considero afortunada de disfrutar de las dos”.
-Eres una de las catedráticas españolas más jóvenes en tu especialidad. ¿Cuál es tu meta?
“La cátedra fue un hito importante en mi trayectoria académica, pero no un punto final”.
-Supongo que es lógico lo que dices.
“Sigo disfrutando profundamente de la docencia, de la investigación y de la libertad intelectual que ofrece la universidad, aunque hoy mi mayor motivación es impulsar el crecimiento de mi equipo, formar a las nuevas generaciones y acercar la ciencia a la sociedad mediante la divulgación. A lo largo de mi carrera he recibido propuestas muy atractivas para desarrollar mi actividad en los Estados Unidos, e incluso en la industria, pero mi voluntad es seguir construyendo mi proyecto desde la Universidad de La Laguna”.
-¿Y este es un proyecto competitivo?
“Eso es lo que me preocupa, que seamos capaces de ofrecer un futuro competitivo a nuestros jóvenes. Como madre de hijos adolescentes vivo esa inquietud de forma muy cercana y, por ello, defiendo la formación amplia, trasversal y abierta al mundo. La universidad, como institución al servicio de la sociedad, debe ir más allá de la mera trasmisión de conocimiento especializado y preparar profesionales con pensamiento crítico, creatividad, capacidad de adaptación y competencias transferibles que les permitan afrontar con solvencia un entorno laboral y social cada vez más complejo y cambiante”.





