La familia de un paciente ingresado en el Hospital Nuestra Señora de Candelaria denuncia que lleva más de un mes ingresado en el centro y se ha perdido un tiempo precioso en su intervención que ha motivado que el hombre tenga que perder la pierna, que probablemente será amputada a la altura del muslo.
“Quizás el resultado hubiese sido el mismo, pero ¿quién nos dice que mi padre perderá la pierna por su patología o por no atenderlo y operado antes?, siempre tendremos esa duda”, afirmó su hijo a DIARIO DE AVISOS para señalar que la situación en el Servicio de Angiología y Cirugía Vascular “no ha sido normal” y se cuestiona por qué hemos llegado a esto. “Usted no está para operar, le dijeron hasta en tres ocasiones. ¿Y ahora perderá toda la pierna?”, denunció.
El paciente de 89 años tiene una isquemia en la pierna izquierda, dos venas obstruidas, por lo que ingresa el 17 de junio en La Candelaria. La semana anterior comenzó a ponerse rojo e inflarse el pie, por lo que acudió a su centro de salud.
Ante la tardanza de una respuesta a la interconsulta urgente de la médico de familia por parte de cirugía vascular de La Candelaria, se realiza una Eco-Doppler en una clínica privada que muestra que tiene obstrucciones en dos arterias por debajo de la rodilla.
Con este resultado acude a las Urgencias de La Candelaria donde el facultativo que lo atiende confirma que es una isquemia grave y que debe ser intervenido para “ver si podemos salvarle el pie”, aunque avisó de que “no se sabe cuándo se la podrán hacer porque estamos muy saturados y el ingreso podrá ser de más de un mes”.
De esta manera, el paciente queda ingresado en la planta baja norte, una sala donde entran pacientes pendientes de cama en los diferentes departamentos. “En el caso de mi padre corresponde a Angiología y Cirugía Vascular”, indica su hijo, que relata que allí convivió durante 21 días con otros 13 o 14 pacientes ingresados, compartiendo un baño y sin apenas intimidad, una decena de cirugía vascular, pues muchos esperaban por su primera o sucesivas intervenciones, y nueve estaban esperando por una cama en vascular.
En la visita diaria, los médicos comentaban que “va bien, no está para operar”, así una y otra vez durante casi dos semanas, cuando una mañana lo preparan y lo suben a quirófano, pero lo bajan nuevamente a la sala argumentando “todavía no está para operar”.
Finalmente sube a planta el 8 de julio y el martes 14 es operado. Tras ser intervenido, el cirujano comenta que “tiene las dos arterias mal, las tiene obstruidas y solo han podido salvar parcialmente una de ellas, a la espera de su evolución que, si es negativa, obligaría a una amputación a la altura de la rodilla”.
“Tras varios días en los que parece que hay una evolución favorable, o eso nos hacen creer por los mensajes contradictorios que recibimos, comienza a tener mayor dolor. Al tratamiento se le aumenta el rescate de morfina hasta cuatro veces al día y le ponen parches de fentanilo para soportar el dolor”, señala su hijo.
En esos días una doctora le dijo al paciente de 89 años: “Usted sabe que la operación suya salió mal. Le vamos a retiran el tratamiento por la vena y se la daremos vía oral. Si no lo tolera, hay que amputar la pierna”, lo que generó un mayor malestar y depresión en el paciente que, tras tantos días de ingreso hospitalario, ya presenta una merma cognitiva, lagunas mentales y mucha tristeza, más si cabe al observar durante más de un mes a tantas personas con amputaciones, curas, dolor, etc.
La familia se pregunta qué ha pasado para que una evolución que parecía positiva tres días antes, “ahora se convierta en insalvable y se le amputará la pierna a la altura del muslo”.
Creen que tanta demora y una intervención que no se hizo a tiempo ha generado este desenlace, y que se pudieron adelantar los procedimientos para evitarlo. “Además ahora mi padre sufre dolor, ha pasado a tener rescates de morfina y fentanilo para soportarlo” recalcan.
Lamentan los comentarios de una profesional del Servicio que “parece que porque tiene 89 años, mi padre ya no tiene derecho a una asistencia en condiciones”, y tras ser operado posiblemente esta semana será dado de alta inmediatamente si evoluciona favorablemente”.
Una amputación supone un trauma para el paciente y su entorno familiar. Cuando reciba el alta deberá solicitar una silla dee ruedas eléctrica para su movilidad, y tramitar la dependencia, la discapacidad y unas ayudas domiciliarias que pueden tardar meses. Es imposible encontrar una plaza en una residencia, y con el importe de su pensión no puede permitirse una plaza en un centro privado. Mientras, habrá que afrontar con premura las obras necesarias en su hogar para que pueda vivir en las mejores condiciones.
Cinco cirujanos vasculares que están saturados y sobrecargados de trabajo
La familia no quiere señalar culpables entre los profesionales sanitarios, “el personal de enfermería y los técnicos auxiliares de enfermería son maravillosos en su trato, y entre los especialistas, que están muy saturados, alguno ya ha perdido la empatía con el paciente, la responsabilidad de esta situación está en la dirección del hospital y en el Servicio Canario de la Salud, que son los tienen que tomar medidas”.
Afirman que la situación en el Servicio de Angiología y Cirugía Vascular en el Hospital de La Candelaria es deficitaria, con una notable falta de personal si se compara con la plantilla del Hospital Universitario de Canarias que la dobla. Solo contarían con cinco adjuntos de los cuales dos entran al quirófano martes y jueves, y los otros tres se reparten las visitas y consultas en planta de hospitalización, la sala de espera y las guardias.
Afirman que “es una irresponsabilidad que no se haya contratado más cirujanos vasculares ni se hayan habilitado más días de quirófanos para prestar atención a tantos pacientes en espera, quizás también por la falta de camas”.
La familia narra también la historia de un paciente que ha estado tres meses ingresado hasta que le amputaron el dedo de un pie y ahora tiene una infección que impide su cicatrización.
Otro paciente, con la autorización para su intervención, ha sido dado de alta dos veces sin operarlo. “¿Por qué el servicio no funcionara adecuadamente?”, se preguntan los afectados.







