memoria histórica

Muñoz Serrano: el héroe que capturó a los atracadores del tranvía y al que asesinaron los franquistas

El policía que detuvo a los criminales que acabaron con la vida de dos personas en la Curva de Gracia fue la primera víctima mortal de las hordas fascistas tras el golpe
Muñoz Serrano: el héroe que capturó a los atracadores del tranvía y al que asesinaron los franquistas

A la práctica totalidad de los residentes en las dos principales ciudades de Tenerife les suena el nombre de Santiago Cuadrado, ya que así se denominan dos céntricas calles en Santa Cruz de Tenerife y La Laguna. Pero muchos menos saben que lo único que hizo Cuadrado para ello fue morir como carne de cañón fascista cuando, a sus tiernos e indocumentados 17 años, se sumó como soldado voluntario a la defensa de quienes tomaron por la fuerza el Gobierno Civil en la entonces plaza de La Constitución (hoy de la Candelaria).

En concreto, Cuadrado recibió un disparo por parte de las fuerzas leales a la Segunda República que intentaron el 18 de julio de 1936 revertir en Tenerife el golpe de Estado que condujo a una terrible guerra civil que desembocó en cerca de 40 años de dictadura liderados por el entonces general pronazi Francisco Franco, probablemente el mayor traidor de los últimos siglos de la historia de España en dura competencia con el nefando Fernando VII.

Pero ahora que los fascistas han vuelto a perder la vergüenza y no dudan hasta en pregonar públicamente su racismo y su homofobia, es de justicia recordar que quien merece ser recordado en nuestras calles no es este pobre desgraciado llamado Santiago Cuadrado, sino la otra víctima mortal de aquel tiroteo: el cabo Francisco Muñoz Serrano, un héroe popular desde que lograse arrestarse a los autores del atraco mortal en el tranvía que tuvo lugar dos años antes.

Como ya recordó hace años DIARIO DE AVISOS, el violento y mortal atraco al tranvía que tuvo lugar en 1934 conmocionó especialmente a la sociedad isleña de entonces. Fue el 1 de septiembre de aquel año, cuando un grupo de enmascarados asaltó el tranvía que bajaba de La Laguna a la capital, a la altura de la Curva de Gracia.

Cuenta la prensa de la época que el número 15, con seis pasajeros a bordo, tuvo que frenar cuando, aproximadamente a las 20.30 horas, encontró piedras en el camino. Los delincuentes, con pañuelos cubriendo parcialmente su rostro y armas en la mano, irrumpieron entonces en el lugar para exigir la saca con la recaudación.

Pero algo se torció, probablemente la inesperada llegada de otro tranvía -¡tenía que ser el número 13!- que circulaba fuera de servicio. Las armas escupieron su mensaje de muerte y dos personas perdieron la vida: un joven que viajaba en el número 15 y el conductor del número 13. Se trataba de Agustín Bernal Cubas, de 19 años y estudiante de bachillerato en La Laguna, que preparaba su ingreso en Magisterio, y de Luis García- Panasco, de 34 años.

Se llevaron 606 pesetas de la época, y otras dos personas resultaron heridas, un cobrador y otro pasajero del número 15.

Francisco Muñoz Serrano, primera víctima del franquismo en Tenerife, será homenajeado
Muñoz Serrano, el héroe popular asesinado por los aliados de Hitler en España: los franquistas./ Cedida

Quién era Muñoz Serrano

Francisco Muñoz Serrano, nacido en Córdoba allá por 1901, tenía 33 años y era guardia de asalto. Llevaba una década en el cuerpo y había sido destinado a Tenerife en 1933. Vecino de Santa Cruz de Tenerife, estaba casado y era padre de cuatro hijos, dos de ellos nacidos en Barcelona, otro de sus destinos.

Su cúspide profesional llegó con el asalto mortal al tranvía. Relata Pedro Medina Sanabria que “en la investigación policial tuvo una actuación muy destacada el guardia de asalto Francisco Muñoz Serrano, quien solo, llevando en su mano derecha la pistola reglamentaria y en su otra mano una linterna, penetró unos 20 metros en la cueva de Los Guanches, situada a unos cuatrocientos metros de la curva de Gracia, en La Higuerita, en busca de los delincuentes que habían sido vistos entrando en dicha cueva, según habían declarado unos confidentes”.

Semanas después, fue promovido a cabo, el rango que tenía cuando perdió la vida, casi dos años después, cuando el tiro de un fascista le partió el corazón en la referida céntrica plaza santacrucera en su loable afán por evitar que los aliados de Hitler (sin cuya aportación militar nunca hubiera triunfado el golpe franquista) no se hicieran con el poder que utilizaron para aniquilar a quienes defendían la legalidad vigente represaliando -por citar dos ejemplos- a los maestros que luchaban por alfabetizar al pueblo y crear campos de concentración para homosexuales y disidentes como el de Fuerteventura.

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