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Davinia, tinerfeña con un cavernoma: “Quiero que se entienda cómo cambia nuestra vida”

Una resonancia detectó un sangrado relacionado con la malformación, situada en el tronco encefálico, y desde entonces ha tenido que dejar el deporte y adaptar su día a día: “Ahora mismo me siento como una bomba de relojería”
Davinia Eiroa Hernández. | DA
Davinia Eiroa Hernández, tinerfeña que convive con un carvernoma. | DA

Davinia Eiroa Hernández se despertó el 6 de enero pensando que todo estaba bien. Un día antes había notado algo extraño: no podía guiñar el ojo izquierdo como hacía normalmente. Fue su pareja, médica de profesión, quien reparó en que algo había cambiado en su rostro. La exploró y detectó una parálisis facial. Dos días después, perdió fuerza en el lado izquierdo del cuerpo. “Laura, esto no va bien. Voy a lavarme los dientes, el brazo se me cae y no estoy estable”, recuerda que le dijo antes de acudir al Hospital Universitario de Cuenca. Allí, una resonancia acabaría mostrando el origen de aquellos síntomas: un sangrado relacionado con un cavernoma situado en el tronco encefálico.

Hasta ese momento, Eiroa llevaba una vida marcada por el deporte. Tinerfeña, de 40 años, entrenadora personal y monitora deportiva, estaba acostumbrada a trabajar, entrenar a otras personas, salir a correr y mantenerse siempre activa. “Todo. Ha cambiado todo”, resume a DIARIO DE AVISOS. Y es que desde aquel episodio ha tenido que frenar de golpe una rutina y asumir unas limitaciones que, según explica, condicionan desde el ejercicio hasta esfuerzos tan cotidianos como subir unas escaleras.

“¿Pero qué es esto?”

El diagnóstico llegó después de varias pruebas. El TAC no mostró, según recuerda, el origen del problema, pero la resonancia magnética sí detectó una pequeña pérdida de sangre relacionada con el cavernoma. “Cuando me dijeron que tenía un cavernoma pensé: ‘¿Pero qué es esto?'”, cuenta. Fue entonces cuando empezó a entender que se trataba de una malformación de los vasos sanguíneos y que, en su caso, la localización complicaba la situación.

Los cavernomas cerebrales son agrupaciones de pequeños vasos sanguíneos anormales que pueden aparecer en el cerebro o la médula espinal, según explica el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos (NINDS). Estas malformaciones pueden no provocar síntomas, aunque también pueden sangrar y causar problemas neurológicos como debilidad, cefaleas o convulsiones. En el caso de la isleña, la lesión se encuentra en el tronco encefálico, una localización que obliga a valorar de forma individual su evolución y las posibles opciones de tratamiento.

“No puedo hacer una simple clase de pilates”

Desde entonces, la rutina de Davinia Eiroa se ha reducido a límites que antes ni siquiera tenía que plantearse. Vive en Cuenca junto a su pareja, lejos de buena parte de su familia. “No puedo correr, no puedo nadar y no puedo hacer una simple clase de pilates o yoga”, explica. Según detalla, entre las indicaciones médicas que ha recibido se encuentran evitar determinados esfuerzos y maniobras que impliquen contener la respiración. También procura no subir demasiado las pulsaciones ni coger peso. “Me ha limitado muchísimo”, insiste a este periódico.

Lo que peor lleva la tinerfeña es la incertidumbre. “Ahora mismo yo me siento como una bomba de relojería”, reconoce. No sabe si el cavernoma volverá a sangrar ni cuánto tiempo tendrá que convivir con estas restricciones antes de una posible intervención. Ya ha pasado por revisiones con Neurología y Neurocirugía en el Hospital Universitario de Cuenca, pero continúa pendiente de una nueva consulta con el neurocirujano para concretar los siguientes pasos. “No sé si voy a pasar meses o un año sin poder hacer deporte y con todas estas limitaciones”, explica.

“Quiero que se entienda cómo cambia nuestra vida”

Precisamente ese no saber qué va a pasar es una de las razones por las que Davinia Eiroa ha decidido contar su historia. Su objetivo es dar visibilidad al cavernoma y hacer que otras personas que reciban el mismo diagnóstico sepan que no están solas. “Es una enfermedad que no se conoce y muchas veces es invisible”, asevera. Quiere que se comprenda no solo lo que supone convivir con sus síntomas, sino también cómo puede cambiar la vida del paciente y de quienes le rodean. “Quiero que se entienda cómo cambia nuestra vida. Y no solo la del paciente, también la de la familia”, reivindica.

En esa búsqueda de apoyo, ella encontró la Asociación Española de Cavernomas, a la que acudió después del diagnóstico para conocer mejor lo que le estaba ocurriendo. A partir de ahí surgió también la idea de organizar una carrera y una caminata benéfica para recaudar fondos destinados a la investigación tanto en Tenerife como en Cuenca. De hecho, asegura que el Ayuntamiento de Güímar se ha mostrado dispuesto a escuchar su propuesta y confía en encontrar el apoyo necesario para sacar adelante la iniciativa.

Davinia Eiroa subraya lo agradecida que está a quienes la han acompañado desde aquel primer episodio de enero, especialmente por la atención recibida en el Hospital Universitario de Cuenca, desde Urgencias hasta Neurología, además del apoyo de sus amigos, su familia y su pareja. “Quiero dar las gracias por el trato del hospital, porque se han portado muy bien conmigo”, concluye.

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