España se convierte este miércoles en el mejor lugar del mundo para disfrutar de un eclipse solar total. En la cultura, este fenómeno ha sido protagonista del cine, la literatura, la pintura o la música. Más allá del interés científico, la desaparición momentánea del Sol ha servido a creadores como Stephen King, Stanley Kubrick, Virginia Woolf o los integrantes de la banda británica Pink Floyd, entre muchos otros, como motor narrativo para salvar vidas, cometer crímenes impunes o articular metáforas sobre la condición humana y el implacable paso del tiempo.
‘EL TEMPLO DEL SOL’
En la literatura, el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) convirtió el fenómeno en un truco de supervivencia en Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889), donde su protagonista, Hank Morgan, evita ser quemado en la hoguera al simular que controla el Sol gracias a su conocimiento previo del fenómeno astronómico.
Esta misma premisa de usar la astronomía como recurso de salvación la adoptó el autor belga Hergé (1907-1983) en el cómic Las aventuras de Tintín: El templo del Sol (1946-1948), donde el célebre reportero libra a sus compañeros de ser sacrificados por una tribu inca.
El fenómeno también ha servido para enmarcar historias más oscuras, como la del escritor estadounidense Stephen King (1947) en su novela Dolores Claiborne (1992), donde la protagonista aprovecha la penumbra y la confusión de un eclipse solar para librarse de su marido maltratador. Conectada con esta novela, Stephen King publicó también El juego de Gerald (1992), en el que la protagonista experimenta una visión traumática que ocurre exactamente durante el eclipse solar de 1963.
El periodismo literario y el ensayo tampoco han sido ajenos a este evento. De hecho, la autora británica Virginia Woolf (1882-1941) inmortalizó en sus diarios la vivencia del eclipse del año 1927 en Yorkshire, que inspiró también su famoso ensayo, de 1928, El sol y los peces.
ANNIE DILLARD
Mientras, la escritora estadounidense Annie Dillard (1945), ganadora del Premio Pulitzer en 1975 por el texto de no ficción Peregrino en Tinker Creek (1974), abordó esta temática en la crónica Eclipse total, de 1982, un ensayo en el que narra el viaje que realizó junto a su esposo en febrero de 1979 hacia el valle de Yakima, en el centro del estado de Washington, el único lugar de Estados Unidos donde se pudo apreciar de forma total aquel eclipse de Sol.
ODISEA ESPACIAL
En el ámbito cinematográfico, una de las imágenes más icónicas de la historia del cine pertenece al director estadounidense, nacionalizado británico, Stanley Kubrick (1928-1999) con la película 2001: Una odisea del espacio (1968) -cuyo guion escribió a dos manos junto al escritor inglés Arthur C. Clarke (1917-2008), que de forma paralela publicaría la novela homónima-, un largometraje en el que una alineación cósmica entre el Sol, la Luna y la Tierra marca un momento que resulta clave en la evolución humana.
En el terreno musical, el álbum The Dark Side of the Moon (1973), de los británicos Pink Floyd, que se convirtió en un hito, cierra su repertorio con el tema Eclipse, una reflexión acerca de la armonía del universo ensombrecida por la Luna.
Además, la recientemente fallecida Bonnie Tyler (1951-2026) publicó el tema Total Eclipse of the Heart (1983), mientras que Carly Simon (1943) evocaba en You’re So Vain (1972) un viaje en avión privado para contemplar la totalidad.
Precisamente, Blackstar (2016), el último disco de estudio publicado por David Bowie (1947-2016) antes de su fallecimiento, utiliza la iconografía del eclipse total en sus vídeos musicales y arte conceptual como símbolo de tránsito, fin de ciclo y misterio existencial.
‘HÉROES’
En el siglo XXI, la cultura audiovisual moderna sigue encontrando en el eclipse solar un catalizador de misterio, como demostró la serie de televisión Héroes (2006) o la novela de terror La cepa (2009), de Guillermo del Toro (1964) y Chuck Hogan (1967), donde la sombra sirvió de cobertura para una invasión vampírica. También Del Toro hizo del eclipse un protagonista más en la película Hellboy 2: El Ejército Dorado (2008).
Aunque no de manera tan directa, la saga Crepúsculo o el universo de Juego de Tronos se han valido de este fenómeno astronómico para configurar las películas y series.
LA PINTURA
En la historia del arte, la pintura también ha capturado el impacto visual de los eclipses a lo largo de los siglos. Durante el Barroco, artistas como Peter Paul Rubens (1577-1640) incorporaron el fenómeno como recurso de iluminación en obras de temática sacra como La elevación de la cruz (1610) o El milagro de San Ignacio de Loyola (1617), donde la penumbra celestial refuerza el dramatismo.
También en el siglo XX los eclipses fueron abordados desde corrientes como el surrealismo y el expresionismo y, de hecho, Frida Kahlo (1907-1954) incluyó la alineación del Sol y la Luna en su obra Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos, de 1932, tras presenciar el eclipse de ese año en Detroit, mientras que la artista afroamericana Alma Thomas (1891-1978) dedicó en 1970 su lienzo abstracto The Eclipse a explorar el evento dentro de su serie de obras pictóricas centradas la exploración espacial.
Por su parte, el pintor y arquitecto alemán Cosmas Damian Asam (1686-1739) dejó en La visión de San Benito (1735) una de las primeras representaciones pictóricas documentadas de la corona solar tras presenciar un eclipse total en 1706. Posteriormente, en el siglo XIX, el paisajista italiano Ippolito Caffi (1809-1866) impregnó con el efecto de la sombra lunar su arquitectura urbana en el óleo Eclipse de Sol en Venecia (1842).




