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Thais Moreno: el reto de salirse de la norma

Su paso por el Programa Integral para Altas Capacidades de la ULL evidencia la urgencia de acompañar a las personas más capaces y darle las herramientas necesarias para gestionar el tiempo, la frustración ante los estudios y facilitarle la vida adulta
Thais Moreno: el reto de salirse de la norma

Thais Moreno Suárez cumplió 18 años hace cuatro meses. Fue al mismo colegio toda su vida, al Liceo Francés Internacional de Tenerife, y siempre tuvo la sensación que su rendimiento académico no era igual al del resto de la clase. “Era algo que se notaba, pero mi familia decidió favorecer más mi aspecto social que el avance educativo porque sencillamente no conocía otras alternativas”, sostiene.


Sin embargo, al llegar la adolescencia, surgieron las primeras dificultades de relación, especialmente al realizar trabajos en equipo. Debido a ello y por sugerencia del centro educativo, fue derivada a una psicóloga que recomendó realizar el test de altas capacidades. Tras un proceso de evaluación largo, se confirmó el diagnóstico: capacidad intelectual superior a la media, una realidad que afecta a cerca del 10% de la población.


Aunque la primera detección viene por la observación de la familia y el centro educativo, la confirmación requiere test psicológicos y de inteligencia específicos. Fue esta misma profesional quien le comentó el Programa Integral para Altas Capacidades (PIPAC) de la Universidad de La Laguna (ULL), una iniciativa psicoeducativa extraescolar para el alumnado y sus familias que comenzó en el curso 2003-2004 y ya suma 23 ediciones.


Está dirigida por África Borges del Rosal y su objetivo es apoyar a ambas partes dado que la respuesta educativa que se le da a las personas con un alto cociente intelectual, que tiene una serie de necesidades para aprender a convivir y a desarrollar lo máximo posible, “no siempre es la adecuada”.


La experta matiza que no se trata de necesidades socioafectivas. “Se tiende a pensar que tienen más limitaciones en este sentido y no es cierto. Trabajar el manejo de la autoestima y la relación con otras personas, les va a facilitar luego su vida adulta”, puntualiza. Por eso insiste en la importancia de detectar las altas capacidades lo antes posible para dar una respuesta educativa idónea. El gran riesgo de no hacerlo a tiempo radica en la falta de hábitos de estudio y la procastinación. “De pequeños aprenden muy fácil y sacan buenas notas sin esfuerzo, pero al llegar a etapas superiores, la realidad cambia”, señala la experta.
A ello se suma que el profesorado muchas veces no cuenta con la formación necesaria para distinguir entre altas capacidades y alto rendimiento, detectándose, además, significativamente menos en niñas que en niños a pesar de existir la misma prevalencia. Thais es un claro ejemplo.

Mitos y prejuicios


Existen bastantes prejuicios o mitos con estos estudiantes y uno es que molestan. Y en ocasiones lo hacen porque se aburren, sobre todo cuando los contenidos son muy repetitivos, y porque la tolerancia a la frustración la tienen poco trabajada, “pero no es una ley”, aclara, y por eso es importante que se les incentive y se potencien sus capacidades.
Borges del Rosal reconoce que puede ser un alumnado “incómodo”, de la misma manera que el que tiene necesidades especiales, porque “se sale de la norma” y eso muchas veces implica un reto para el docente.


En este sentido, la catedrática sostiene que “la inclusión es una idea muy bonita pero hacen falta programas educativos y recursos humanos”, es decir, más profesores o maestros en el aula preparados para trabajar “con personas más capaces y que puedan atender individualmente las diferentes realidades”.


Su perspectiva respecto a estos niños y adolescentes ha ido evolucionando con los años. Antes se buscaba dar respuesta para que alcanzaran el máximo de sus potenciales “pero hoy sabemos que es indispensable proporcionales las herramientas para que no se desmotiven, gestionen su frustración ante los estudios, y potenciando su desarrollo, puedan alcanzar el máximo de sus potencialidades”, apunta. “La escuela no es solo aprender materias, es adquirir hábitos de esfuerzo que, si no se hace de niños, cuesta mucho incorporar después”, subraya.


Thais cree, en ese sentido, que ha tenido mucha suerte. Quizás por el hecho de estar en un colegio privado que daba bastante flexibilidad al profesorado. “Si veían que me aburría, me ponían tareas extra o me dejaban autogestionarme para leer un libro”, recuerda. No obstante, las dificultades se agravaron en la secundaria, donde la carga de trabajo aumentó para ambas partes y el margen de flexibilidad se redujo.
Fue en ese momento crítico cuando el PIPAC se convirtió en su principal punto de apoyo. “Muchas veces la única solución que nos daban era dejarnos espacio tras terminar el trabajo. Aunque lo agradecía, requería una autogestión que no siempre podía abarcar, y eso impidió que desarrollara un hábito de estudio real”, confiesa.


Gestionarlo no fue sencillo, y el golpe llegó en Bachillerato. “Fue la primera vez en mi vida que tuve que sentarme y coger un libro. Estudiar y establecer unos hábitos de estudio me costó mucho”, asegura.


La presión de las pruebas de acceso a la universidad (PAU) y la exigencia de no tropezar, la obligaron a reaccionar. Gracias a las pautas del programa, fue capaz de articular una rutina de trabajo porque “no concebía dejar de sacar sobresalientes. Lo hice por pura necesidad autoimpuesta para sacar el curso adelante y porque lo había hecho toda la vida”. Aún así, es consciente que todavía no tiene “esa capacidad” de sentarse y ponerse a estudiar durante mucho tiempo.


Su paso por el PIPAC -al que acudió cada quince días durante cinco años- no lo vivió como una carga sino todo lo contrario. “Era un lugar de encuentro y aprendizaje entre iguales. No tenía la presión de la escuela, eran juegos, debates y un espacio seguro para satisfacer mi propia curiosidad”, relata.


Allí aprendió a gestionar aspectos cruciales como el tiempo, el descanso y el equilibrio entre la vida personal y la académica. “Al estar en un entorno con compañeros que compartían mi forma de pensar y de actuar, el mensaje llegaba con mucha más facilidad”, comenta sobre el grupo con el que entabló una sólida amistad.


Esa base, sumado a que siempre ha sido una persona muy participativa en clase y ha tenido interés por ser parte de la vida académica del centro, le permitió exprimir al máximo sus etapas posteriores. Cursó el Bachillerato bilingüe (español y francés), fue la delegada de su clase, representante escolar, participó en el Consejo de Estudiantes, y dirigió el periódico del centro. Además, obtuvo la beca de inmersión lingüística del Cabildo de Tenerife para estudiar en Nantes, cursó el Bachillerato Dual canadiense con una estancia en Hamilton y, recientemente, le ha sido concedida la Beca Avenir de la Embajada de Francia.

Reto futuro


Su siguiente paso es la Université Paris Cité, en Francia, una institución referente en el área médica, tras solicitar plaza en Cambridge y haber superado la primera ronda de selección en Harvard. Tiene claro que se quiere dedicar la investigación neuropsiquiátrica a través de la medicina. “No sabía qué camino seguir, me planteé estudiar directamente psicología o ciencias biomédicas, pero al final acabé decidiéndome por medicina porque tiene otras alternativas si en algún momento acabo cansándome”, cuenta.


Thais sabe que no le resultará fácil porque el nivel de competitividad es muy alto y también deberá enfrentarse al reto de vivir sola. Para ello, todo lo aprendido en el PIPAC será clave para poder gestionar el tiempo y estudiar de forma eficiente. “Esto es una carrera a largo plazo”, enfatiza, convencida de que su evolución académica no habría sido la misma sin el acompañamiento adecuado.

Un programa que trabaja con el alumnado y sus familias

El programa Integral para Altas Capacidades (PIPAC) forma parte del Aula Cultural de Altas Capacidades y Talentos de la Universidad de La Laguna (ULL) y tiene dos formas de trabajo, una para los menores y adolescentes y otra para las familias, en tres etapas y siempre potenciando el trabajo en equipo porque es uno de los problemas a los que este tipo de alumnado debe enfrentarse. La primera es el conocimiento de sí mismo, la segunda, el de los demás, y la tercera, el trabajo en equipo. En el primer caso se hace a través de juegos y en el segundo, del diálogo y el debate.

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