El hombre sin cabeza que siguió andando
Las ocho horas que Rajoy pasó atrincherado en un restaurante de Madrid, mientras la oposición lo ponía a caldo en el debate de la moción de censura, fueron decisivas; definieron el futuro político del ya indefectible expresidente, el de su partido y, en buena parte, el de España. En ese local de cierta alcurnia, próximo
