Fotos FRAN PALLERO
La Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce la igualdad de todos los ciudadanos. La convención de la ONU obliga a los estados parte a garantizarla y la carta de los derechos fundamentales de la UE también contempla medidas para conseguir la igualdad.
La receta para conseguirlo es sencilla y solo requiere voluntad política, sensibilización ciudadana, y que el personal de la administración y los técnicos reciban la formación y la información necesaria para que todo ello llegue a buen puerto. Nunca mejor dicho, sostiene la presidenta de la plataforma Queremos Movernos, Ana Mengíbar, quien expone los inconvenientes que se encuentran las personas con problemas de movilidad en la ciudad turística por un exceso de ocupación de la vía pública, sobre todo en la Plaza del Charco y sus alrededores.
Pero también hay zonas periféricas que tienen una cantidad de “chapuzas de tal calibre” que obligan a reflexionar sobre lo mal que se ha invertido el dinero público, asegura. Lugares que para poder acceder los han rebajado dejándoles un escalón o les han añadido un revoque de asfalto; rampas que superan la inclinación de pendiente permitida; imposibilidad de acceder a farmacias y supermercados porque las bandas magnéticas no cumplen con la normativa; aparcamientos que no se respetan o que están ubicados en batería y por lo tanto, resulta imposible subirse al vehículo desde una silla de ruedas; y adoquines en mal estado, “que para los ciegos resultan fatales porque se les clava el bastón en la barriga”, explica Ana Mengíbar.
Ángel Juanes, coordinador de la zona norte de la citada plataforma, es desde hace muchos años un turista asiduo del Puerto de la Cruz, un municipio al que acude frecuentemente pese a los problemas que se encuentra. Al exceso de ocupación de la vía pública se le suman aceras estrechas, calles en muy mal estado y dificultades para llegar al mar en San Telmo y Playa Jardín, pese a tener ambas la Bandera Azul.
En su caso, dispone de una silla eléctrica que le permite moverse con facilidad y puede bajar, por ejemplo, la rampa de San Telmo. Pero es consciente de que para alguien que se desplaza en una silla manual le resulta casi imposible, además de los riesgos que entraña.
La construcción de esta pendiente en uno de los enclaves más importantes de la ciudad ha sido una verdadera lucha de la plataforma. “Estuvimos a finales de 2013 con el concejal responsable de esa obra y nos dijo que la escalera se iba a dejar y que las personas con discapacidad fueran por la calle La Hoya. Le dijimos que eso no era así porque tienen los mismos derechos que el resto”, recuerda Mengíbar.
La Plataforma por un Puerto de la Cruz Accesible y Diverso lleva un año trabajando para que se les escuche. La constituyen un grupo de madres de niños con diferente diversidad funcional que también superan a diario obstáculos que dificultan la vida de los pequeños y su entorno familiar y luchan para que se reconozcan sus derechos, como poder ir a un parque y subirse a un columpio adaptado. Algo que parece sencillo pero que no lo es por las trabas que pone la administración, dicen.
Elia Sacramento, una de sus integrantes y madre de una niña de doce años, siente la impotencia de las personas que dependen de silla de ruedas para poder desplazarse, “porque llevo a diario a mi hija y puedo hacerlo y aún así tengo un montón de trabas. Y no tengo por qué tenerla atada con un cinturón”, sostiene.
Los representantes de ambos colectivos insisten en que muchas de las soluciones no requieren obras ni dinero sino cumplir con la normativa y quitar de la vía pública carteles y mobiliario que no corresponden. Y no por capricho, sino porque en el año 2019 se agota el plazo para garantizar que las personas con discapacidad puedan hacer uso de los elementos comunes en las mismas condiciones que el resto. Su objetivo, es que el Puerto sea una ciudad en la que todos sus habitantes, más allá de sus condiciones físicas, puedan moverse sin que ello suponga un obstáculo.









