
Texto:VÍCTOR MARRERO
Entró en el Cuerpo de Bomberos por casualidad, y no por vocación. Aún así, el pasado 8 de marzo, Andrés Perdomo, de 53 años, y que lleva enfundándose las botas desde hace treinta, recibió el homenaje a su trayectoria profesional por parte del Consorcio Insular de Prevención y Extinción de Incendios. De joven trabajó en una compañía eléctrica y, tras ser suspendido en las oposiciones a Policía Local, lo volvió a intentar en la de bomberos, y aprobó. “No me lo esperaba porque solo se ofertaban dos plazas”, recuerda.
-¿Cuándo empezó en el Cuerpo de Bomberos?
“En 1986. Una vez aprobada la oposición, pude tomar posesión del puesto. No obstante, realmente me di cuenta de que era bombero cuando me calcé por primera vez las botas, casi un emblema. En aquel entonces, entrabas directamente a trabajar al parque y aprovechabas la experiencia de los mayores; ahora, en cambio, hay cursos de formación. También entra ahora gente más preparada que antes”.
-¿Se adquiere una labor pedagógica hacia las víctimas con la experiencia?
“Sí. Aquí han venido psicólogos a darnos cursos sobre cómo tenemos que atender a las víctimas de incendios, familiares,… incluso cómo tenemos que actuar nosotros, porque también somos personas y nos vemos afectados”.
-¿Cuál es la catástrofe que más le ha impactado?
“El choque de los dos Jumbos en Los Rodeos, que causó un importante número de muertes, más de 500. Yo aún no era bombero, pero los compañeros que acudieron dicen que fue muy desagradable”.
-Y creo que luego se produjo otro accidente de avión…
“Hubo otro accidente unos años después; un avión que se estrelló en una montaña por la zona de El Diablillo”.
-¿Ya había empezado a trabajar ahí?
“Todavía no… Pero sí he tenido que acudir posteriormente a accidentes con múltiples fallecidos. El último grave que me marcó fue el de tres personas que murieron en un accidente de coche; una valla entró por el cristal, e incluso produjo mutilaciones”.
-Cambiando de tema, ¿ha notado un incremento de montañistas perdidos en el Teide con motivo de las nevadas?
“Hasta esta semana no porque han estado las carreteras cerradas, pero ahora que se han abierto, seguramente habrá. En estos momentos se están formando compañeros para realizar rescates en el Teide. En los últimos años es rara la semana en la que no haya que subir a rescatar a gente que se pierde, porque se ponen a caminar sin conocer la climatología”.
-¿Estuvo usted en la extinción del incendio del Obispado?
“Sí. Recuerdo que no hubo daños personales, pero sí materiales, debido a la antigüedad del edificio, que se calcinó rápidamente, debido a que los materiales eran muy
inflamables. Lo prioritario era que el fuego no se propagase por los inmuebles aledaños, como el de la UNED”.
-¿Le queda poco para jubilarse?
“Unos cinco años”.
-¿Y quiere?
“De momento no me importaría quedarme un poco más. Aunque no entré por vocación, con los años me ha gustado estar aquí”.
-¿Qué es lo más difícil de este trabajo?
“Entrar”.
-Por último, ¿qué le ha aportado la profesión y cómo la compagina con su vida personal?
“Me ha aportado mucho desde el tema del compañerismo; cuando entras aquí haces vida casi familiar, y en los servicios trabajas codo con codo con los compañeros. Como
persona me ha aportado muchos valores. Y en lo personal, tengo la suerte de que mi mujer viene de una familia de bomberos y está habituada. Sabe que en cualquier momento tengo que ir a trabajar si me requieren porque es mi obligación”.




