Santa Cruz

La Cruz de Montañés, un hito encarcelado

La Tertulia Amigos del 25 de Julio propone trasladar el monumento a los alrededores de Mapfre, donde se produjo la fundación de la ciudad

La Cruz de Montañés se ubica en la plaza de la iglesia de La Concepción. / Andrés Gutiérrez
La Cruz de Montañés se ubica en la plaza de la iglesia de La Concepción. / Andrés Gutiérrez

Se acerca mayo y, como cada año por esta fecha señalada y florida, Santa Cruz mirará de nuevo a sus orígenes, al menos por unos días. La fiesta fundacional del 3 de mayo reencuentra a la ciudad y a los santacruceros con su historia y con sus tradiciones más identitarias. Es un ejercicio de memoria saludable, y necesario, porque la actual capital de la Isla es una ciudad descuidada con su pasado, desmemoriada, despreocupada de su patrimonio histórico. Pocos vestigios de más de tres siglos se conservan dentro de la urbe actual.

Una metáfora -en piedra- de este desapego con sus orígenes es la llamada Cruz de Montañés, un símbolo de la ciudad que permanece desplazado y olvidado en un rincón de la plaza de la Iglesia, en medio de un apacible jardín, encarcelada entre rejas. El lugar no es indigno, ni mucho menos, pero sí demasiado escondido para el símbolo que la ciudad lleva en su nombre y en su escudo.

La Cruz de Montañés tiene más de 250 años de historia y, a pesar de todo lo que representa, es muy probable que en la próximas fiestas del 3 de mayo vuelva a ser la única cruz de la ciudad que no se engalane. Solo recibirá la puntual ofrenda floral de los miembros de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, que la homenajean antes de la función religiosa conmemorativa que se oficia cada 3 de mayo en la cercana iglesia matriz de La Concepción.

[su_pullquote]Si nadie lo remedia, y a pesar de sus más de 250 años de historia, la de Montañés volverá a ser el próximo 3 de mayo la única cruz que no se engalana en la capital.[/su_pullquote]

Ya lo ha denunciado en más de una ocasión el cronista oficial de Santa Cruz, Luis Cola Benítez: “No hay duda de que esta enseña y símbolo de la ciudad se merece mejor suerte. Debería ponérsele remedio. No sería mala idea -propone el cronista- integrar la Cruz de Montañés en un futuro grupo escultórico que conmemorara la fundación de Santa Cruz, en el solar hoy propiedad del Cabildo insular libre de construcciones, situado entre la avenida Marítima y la parada del tranvía que, por tan evidente y lógico motivo, lleva el nombre de Fundación”.

Coincide con él el presidente de la asociación Tertulia Amigos del 25 de Julio, el profesor y escritor José Manuel Ledesma, quien se muestra también partidario de “sacar la cruz de la cárcel en la que está encerrada y la pondría en los aledaños de Mapfre, justo donde tuvo lugar la fundación de la ciudad, levantando con ella el monumento al símbolo epónimo de la capital que se viene pidiendo desde 1759. Precisamente -agrega Ledesma-, esta es la razón por la que el compañero Luis Cola – miembro también de la Tertulia Amigos del 25 de Julio- propuso que la parada del tranvía, en aquel lugar, se llamara Fundación, en honor al 3 de mayo de 1494, y no por la Fundación Mapfre, como cree mucha gente, precisó.

Tanto José Manuel Ledesma como Luis Cola explican que allá por los mediados del siglo XVIII, ante la falta de una enseña digna que sirviera de imagen y representación del nombre de la ciudad en un espacio público, un santacrucero relevante, “el capitán de forasteros y síndico personero de este puerto, Bartolomé Antonio Méndez Montañés, tomó la iniciativa de encargar por su cuenta la realización de una cruz de mármol que representara dignamente el apelativo de la población”. Más aún cuando el tosco madero de la cruz fundacional, que en 1494 había clavado en Añazo el conquistador Alonso Fernández de Lugo, y que aún se conserva, quedó custodiado como una reliquia en la Iglesia matriz. Hacía falta un emblema representativo y visible de la ciudad. Tal y como cuenta Luis Cola, la llamada Cruz de Montañés fue hecha en Málaga por Salvador de Alcaraz y Valdés -autor también de la pila bautismal de la iglesia de la Concepción de La Laguna- y donada a la población en 1759.

[su_pullquote align=”right”]El cronista de Santa Cruz, Luis Cola Benítez, propone que la cruz forme parte de un conjunto escultórico que conmemore la fundación de la ciudad y se ubique entre la avenida Marítima y la parada del tranvía[/su_pullquote]

Su emplazamiento original fue en un lugar emblemático de Santa Cruz, en la cabecera de la plaza principal -conocida entonces como plaza de la Pila-, haciendo frente a otro símbolo de la ciudad, como es el monumento de la Virgen de Candelaria, también donación de Méndez Montañés. En 1889 la comisión de Obras Públicas del Ayuntamiento puso en marcha una reforma de la plaza -entonces llamada de la Constitución- y se propuso trasladar la cruz de mármol a la plaza de San Telmo. Varios concejales se opusieron a ello y allí continuó un tiempo. Hasta que en 1929 vencieron los partidarios del traslado y la cruz se instaló en San Telmo. El desmontaje y traslado se encargó al escultor Francisco Granados, según recoge Cola Benítez. Pero la particular peregrinación del elegante monumento de mármol no terminó ahí. Cuando esa plaza de El Cabo desapareció con la apertura de la calle Bravo Murillo, se la trasladó a la plaza de la Iglesia. Ahíe permanece hoy en día, casi olvidada, encarcelada en medio de un recoleto jardín enrejado.

UN PERSONAJE SINGULAR
Bartolomé Antonio Méndez Montañés fue un personaje singular. Cola Benítez lo describe como un hombre ilustrado, como lo atestigua su colección de objetos científicos, entre los que contaba con un microscopio comprado en Londres en 1754, esferas terrestres y otros instrumentos y objetos curiosos, la mayor parte de los cuales fueron pasto de las llamas del gran incendio de 1784, cuando ya había fallecido su propietario. Además de síndico personero y alcaide del castillo de Candelaria, Méndez Montañés fue en unión de su socio y compadre Matías Bernardo Rodríguez Carta uno de los más importantes comerciantes y navieros de Indias del Santa Cruz de aquella época. Ambos apoyaron al comandante general Miguel López Fernández de Heredia en su proyecto del primer muelle de la ciudad. Puso en marcha una industria de pesca y salazón de pescado. Adquirió un extenso solar en los llanos de Regla para construir almacenes y secaderos, aunque el proyecto no prosperó, y en 1874 los locales fueron arrendados para dedicarlos a
lazareto por el Cabildo, al que se vendieron en 1842. Además, Méndez Montañés fue un gran benefactor de la parroquia. Fue un prócer chicharrero, hoy olvidado, como su cruz…