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Los lixiviados, otro problema que se suma al Complejo Ambiental de Arico

Las muestras, encargadas por Sí se puede, recogen la presencia de metales pesados, especialmente tóxicos, cerca de la costa
Toma de muestras, encargadas por Si se puede, en el barranco de Guasiegre. / DA
Toma de muestras, encargadas por Si se puede, en el barranco de Guasiegre. / DA

El municipio de Arico continúa pendiente de las noticias que han salido a la luz en las últimas semanas en torno al Complejo Ambiental. Después de la apertura de expediente al vertedero por el depósito incontrolado de neumáticos o la polémica generada por la escasa compensación que recibe el municipio por albergar los residuos de toda la Isla, los lixiviados se erigen ahora como otro de los problemas que se deben solucionar.

Los vertidos se sitúan en la zona del barranco de Guasiegre, a 150 metros por debajo de la autopista del sur y apenas a un kilómetro de la costa. Al contrario de lo que podría pensarse, los lixiviados no corren por el cauce del barranco, sino que emanan directamente de la roca debido a las características del subsuelo. Los vertidos provendrían del denominado antiguo vertedero, el primero que fue abierto en la zona en 1985 y que se diseñó sin las medidas básicas de seguridad y sin impermeabilizar la zona. Esta es la causa principal de las filtraciones de aguas sucias, determina el estudio encargado por Sebastián Martín, concejal de Sí se puede en Arico.

La descomposición de la basura durante años es el origen de los lixiviados. Al no estar impermeabilizado correctamente el primer vertedero, las aguas sucias han arrastrado y disuelto consigo durante años todo tipo de productos tóxicos presentes en los residuos, a través del flujo de aguas subterráneas.

La preocupación surge cuando llegan las lluvias. Estas arrastran tras de sí todos los fluidos tóxicos cauce abajo llegando hasta la costa del municipio, entre Las Arenas y Tajao, donde, debido a las características de la costa, se estancan formando un lodazal de tierra, agua y vertidos cuyas consecuencias para la salud pueden llegar a ser graves. La concentración de elementos orgánicos e inorgánicos, metales pesados y sales inorgánicas elevan la conductividad eléctrica y la proliferación de agentes infecciosos, a lo que se añade la presencia de microorganismos y virus.

Los metales pesados (cadmio, cromo, plomo o mercurio) son especialmente tóxicos y venenosos para el organismo, llegando a producir cáncer, según un estudio de Metcalf & Eddy sobre el tratamiento, vertido y reutilización de aguas residuales.

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