Es el referente de los bomberos en Tenerife, una profesión a la que ya se dedicaba su padre y en la que lleva prestando servicio 38 años. Esta semana recibió en Madrid la Medalla al Mérito de Protección Civil, un galardón que entiende que corresponde a todo el colectivo y que está relacionado con el trabajo llevado a cabo con motivo del derrumbe de un inmueble en Los Cristianos acaecido el pasado mes de abril. Bienvenidos a un paseo por la historia reciente de los bomberos tinerfeños de la mano de Salvador Reyes.
-¿Ha cambiado mucho el sector desde que empezó usted?
“Imagínese… En el segundo vehículo en el que fui avisaba tocando una campana…”.
-Sin embargo, la presencia de la Refinería otorga cierta tradición a los bomberos tinerfeños…
“Es verdad. Lógicamente, con los pocos medios que teníamos entonces, cuando había algún servicio realmente feo podíamos contar con su respaldo”.
-¿Cuál fue ese primer servicio realmente comprometido?
(Apenas duda) “Fue en un barco ruso, creo que en el Dique del Este. Muy peligroso. Es el peor incendio de todos, con unas calorías impresionantes que te obligan a ir arrastrándote, con esas escotillas verticales… En esa época no teníamos trajes apropiados ni chaquetones… ¡Íbamos con camisa de poliéster!”.
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“El salto al Consorcio insular fue clave: se sumaron recursos y mejoró mucho la rapidez de respuesta”[/su_pullquote]
-¿Poliéster? ¿Ese material no prende con cierta facilidad?
“¡Desde luego que sí! Por esa época fuímos a una competición que se celebraba en Austria, allá por 1985, y no nos querían dejar entrar porque decían que, habiendo pruebas con fuego, nuestras camisas se iban a quemar. Y vaya si era verdad. No solo se quemaban, es que lo hacían rápidamente”.
-¿Cuándo se dio el salto a unas condiciones más adecuadas profesionalmente como las actuales?
“Fue en los años ochenta, no recuerdo el nombre del concejal, pero se aprobó una inversión de 300 millones de aquella época que supuso un antes y un después. Se compraron dos bombas urbanas pesadas, una autoescalera… Y también chaquetones, cascos con visera… Al principio les quitamos la visera, recuerdo”.
-¿Y eso?
“Por la falta de costumbre, la gente prefería trabajar con los medios con los que se sentía más cómoda aunque fueran peores. Al cabo de un tiempo fui con otro compañero a un curso a Madrid y cuando volvimos hicimos un escrito para recomendarle al jefe la necesidad de aprovechar ese material, que además era obligatorio. Los compañeros fueron receptivos y empezamos a hacer prácticas por nuestra cuenta y al probar los chaquetones se dieron cuenta de la falta que nos hacían, ya que mojado aún protege más”.
-¿Y las viseras?
“Se las volvimos a poner. También se asumió que esa pantalla resultaba muy útil para nuestro trabajo. Hay que entender que en esa época los cambios no se asumían con tanta facilidad como ahora, cuando cualquier compañero está atento a cualquier mejora o novedad en el sector. Eran otros tiempos”.
-¿Ha cambiado tanto el perfil del bombero tinerfeño?
“Como pasa en la sociedad en general, ha cambiado todo. Antes era más familiar y ahora es más profesional. Pero entiendo que ha pasado en todos los trabajos”.
-¿El gran avance fue el cambio del Ayuntamiento al Cabildo?
“Fue un largo proceso, de casi 10 años y era imprescindible. Fue un salto muy importante porque en este tema hay que sumar recursos. El Consorcio Insular implicó una mejora en la prestación del servicio clara y una respuesta más rápida a cualquier emergencia, dado que se coordinaban mejor esos recursos”.
-¿Por qué se alargó tanto el proceso siendo tan evidente que era el paso necesario?
“Había muchas cosas que arreglar. Aquí estaba el trasvase de los recursos municipales al Cabildo, incluido el parque y demás. Luego había que sumar el consorcio del Sur, que no hacía mucho tiempo que ya sea había creado, y también lo que entonces era la Mancomunidad del Valle de La Orotava. Tanto uno como otro se disolvieron y nosotros pasamos al Cabildo. Luego llegaron otros municipios y se tuvo que adaptar el tema de los voluntarios, que tienen un papel colaborador, pero hay zonas de la Isla en que son los primeros que llegan”.
-¿Cubre ya el Consorcio toda la Isla de Tenerife?
“No como quisiéramos. La zona que corresponde a Santiago del Teide, Guía de Isora… Necesitaríamos un parque más cercano. En su día se hizo el parque de San Miguel, pero la situación no es la más adecuada porque ahora está claro que tenía que estar en la zona Arona-Adeje”.
-¿Hay algún plan al respecto?
“Así es. Está planificado y ojalá sea pronto una realidad”.

– ¿La creación del Cecoes 1-1-2 también supuso una mejora?
“Contamos con un centro de coordinación propio desde el año 2003 en la sala del 1-1-2, una ventaja que prácticamente no se repite en otros lugares, muy pocas comunidades como Madrid y nosotros. Resulta fundamental, ya que adelanta extraordinariamente la respuesta a las emergencias. Piense que la llamada apenas tarda unos segundos en derivarse a nuestro centro de coordinación y es un servicio que está operativo las 24 horas del día”.
-¿Tanto supone eso?
“Se lo explico con otros datos. Nada más pasar la llamada a nuestras manos, se puede alertar al parque para que se vayan preparando. Mire, desde que se creó el Cecoes 1-1-2 hasta que en 2003 se instaló nuestro propio centro de coordinación, la media de adelanto de la respuesta está entre seis y siete minutos, y ese tiempo resulta muy valioso en caso de un incendio, y eso se pudo comprobar en el caso del derrumbe de Los Cristianos, en el que llegamos en 13 minutos, un tiempo muy aceptable, muy rápido”.
[su_pullquote align=”right”]”Hoy por hoy nos falta un parque en adeje-arona, para así cubrir bien
Guía de Isora y Santiago del Teide”[/su_pullquote]
-Déjeme aprovechar su experiencia para dar algún buen consejo. ¿Cuál es el enemigo número uno en casa a la hora de provocar un incendio?
“Hay varios elementos: la vela, los cortocircuitos (aunque cada vez menos, porque los sistemas están más protegidos), fumar en la cama, las estufas, que son todo un foco clásico de las fiestas navideñas…”.
-¿Y qué me dice de las sartenes y los calderos?
“Hemos ido a incontables incendios en hogares a cuenta de eso. Recuerdo uno muy curioso: en que entramos en la casa y apagamos la sartén al fuego y luego encontramos a la propietaria del piso que estaba hablando por teléfono desde una cabina y no se había enterado de todo lo que había pasado en su casa”.
-¿Ha perdido algún compañero en algún servicio?
“Felizmente, no. Sí hubo un caso con heridas graves cuando un compañero que bajaba por una fachada para entrar a una vivienda y cayó desde unos cuatro metros de altura sobre una plancha. Estuvo bastante fastidiado”.
-Dado que en Santa Cruz contamos con alguno, ¿cómo se las ingenian si el incendio es en la parte alta de un rascacielos?
“Tanto a los viejos como los nuevos les obligan a tener unas medidas de protección, como son los depósitos de agua o la columna seca, que es una columna que recorre el edificio y que está preparada para que los bomberos puedan meter el agua por ahí con las mangueras y que tienen salidas cada dos pisos”.





