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“Los relatos de los viajeros ilustres permiten conocer el Santa Cruz del XVIII y XIX”

José Manuel Ledesma recopila en un libro las descripciones que personajes destacados de la historia hicieron de la capital como primera parada de sus viajes a lo largo y ancho del mundo
El profesor Ledesma es también el presidente de la Tertulia Amigos del 25 de Julio. / A. G.
El profesor Ledesma es también el presidente de la Tertulia Amigos del 25 de Julio. / Andrés Gutiérrez

 

“En todos los libros en los que estos viajeros ilustres recogieron sus descubrimientos e investigaciones a lo largo del mundo, en todos, siempre, el primer capítulo era la escala en Santa Cruz”. Así describe José Manuel Ledesma, autor del libro Viajeros ilustres. Relatos del Puerto y la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife, el origen de esta obra editada por la Autoridad Portuaria que esta noche se presenta en el Real Casino de Santa Cruz. Ledesma detalla que, gracias a las historias de estos viajeros incansables (el libro recoge hasta 34 personajes reflejados a través de 50 relatos), “tenemos la descripción de Santa Cruz en los siglos XVIII y XIX, de cómo eran las plazas, las calles, los monumentos, las alamedas o las mujeres chicharreras”. “Incluso -continúa- aportan datos sobre la sociedad de la época, como la existencia de prostitución, la mendicidad o el detalle de cómo eran las pensiones, con sus pulgas y chinches incluidas”. Entre las curiosidades que Ledesma destaca de este libro está el que los relatos pudieron servir de referencia a los ingleses para acometer el ataque al puerto en 1797.

“Los viajeros ingleses, en sus descripciones, hacían mucho hincapié en los castillos, baterías y cañones que rodeaban la ciudad, algo que podía servir de pista al enemigo”. Además, explica el autor, de que como muchos de los viajeros eran marinos, daban las características del puerto, como por ejemplo, qué días eran buenos para atracar, qué tipos de vientos soplaban o la profundidad del fondeo. Recuerda Ledesma que entonces el puerto apenas medía 120 metros y atracar era sumamente difícil.

La lectura de los relatos de personajes como el capitán inglés James Cook, el matemático Jean Charles Borda o el botánico Alexander von Humboldt no solo ofrecen la visión que tenían de aquel Santa Cruz, sino también de los descubrimientos e informaciones que hacían llegar a sus países de origen. “Había expediciones que permanecían tres o cuatro meses porque estaban reparando el barco, y mientras estaban aquí mandaban a los museos de París y Londres plantas recogidas en la Isla”, explica Ledesma. “Fue la época de los viajes de circunnavegación del mundo, de los descubrimientos, un tiempo en el que Tenerife, el puerto de Santa Cruz, era la primera parada en sus expediciones”, recuerda Ledesma.

“A Humboldt le dio tiempo, en una semana, de hacer el mejor estudio del Archipiélago que existe”, destaca el autor de Viajeros ilustres. En el caso de Borda, realizó el primer mapa científico del Archipiélago. Esta parada obligatoria además ayudó a que el puerto ganara en importancia frente al de Madeira, gracias a las descripciones que los autores hicieron también del avituallamiento y sus precios.

Ledesma destaca que estos escritos, que contaban con una amplia difusión por el apoyo de las sociedades científicas que patrocinaban las expediciones, sirven para conocer cuestiones como que el Jardín Botánico nació gracias al intercambio de plantas que los científicos hacían con sus países de origen. Pero también que algunos de los visitantes, como el antropólogo René Verneau (1876), no dejaron tan buen recuerdo. “Durante cinco años recopiló abundantes datos y material sobre los guanches que sacó de las Islas y envió al Museo de Historia Natural de París, incluidas varias momias guanches”.

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