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Rebolo: “En Tenerife ya es una utopía la observación de noche en astrofísica”

El director del IAC advierte que al no aplicarse la Ley del Cielo en Santa Cruz y el Sur, en la isla solo se puede estudiar el sol
Rafael Rebolo, en la bliblioteca de la sede del IAC. / FRAN PALLERO
Rafael Rebolo, en la bliblioteca de la sede del IAC. / FRAN PALLERO

Al frente del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo sabe que algunos factores para desvelar las preguntas aún sin respuesta sobre el cielo están en el suelo. Y es que el IAC es un engranaje científico que, gracias a la buena labor de este astrofísico, ha logrado sobrevivir con 500 investigadores, 150 de ellos extranjeros. Un instituto que el próximo viernes conocerá si Canarias es la alternativa a Hawái para el Telescopio de Treinta Metros, que sería el más importante del Hemisferio Norte, y duplicaría de 30 a 60 millones de euros la inversión anual ligada a la astrofísica en Canarias. Nacido en Murcia en 1961, y licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de La Laguna, Rebolo explica que el plan de financiación pública cuatrienal del IAC no se ha cumplido, y que el año próximo deberá aprobarse una nueva planificación. Anuncia además una iniciativa con el Cabildo tinerfeño para que 30 ingenieros se dediquen a transferir a la economía y la sociedad canarias los desarrollos tecnológicos del IAC. Y, sobre la Ley del Cielo, confiesa que ya en Tenerife resulta “utópico” aspirar a rebajar la contaminación lumínica de la capital y el Sur hasta un punto que permita la observación astronómica nocturna avanzada, por lo que llama a proteger la reserva mundial que representa el cielo de La Palma para seguir mirando al universo.

-El IAC aspira a albergar nuevos telescopios. ¿En qué estado se encuentran esos proyectos?
“El más consolidado es el de los telescopios Cherenkov porque hemos firmado un acuerdo para instalar en La Palma los del Hemisferio Norte, con un consorcio internacional. Otra cosa es que contemos con la financiación para poder empezar a construirlos. Ahora trabajamos en el prototipo del primer telescopio, y recibir financiación pública, que vendrá esencialmente del Gobierno de España y el 15% entre administraciones canarias. El otro proyecto bajo nuestro control, por así decir, es el Telescopio Solar Europeo, considerado estratégico para Europa, con un acuerdo de 15 países, aunque solo hay financiación para su diseño. Se instalará en Canarias, en el Teide o en La Palma”.

-Al Telescopio de Treinta Metros le han surgido problemas legales para instalarlo en Hawái porque donde se iba a ubicar lo considera una montaña sagrada la población indígena, que lo ha recurrido en los tribunales. ¿Canarias sigue siendo uno de los emplazamiento alternativos?
“Es un consocio entre universidades americanas, Japón, China, India y Canadá, y tiene financiación, y hemos estado negociando que se instale en La Palma. Es el proyecto más importante del Hemisferio Norte. Las negociaciones con el equipo que gestiona ese proyecto han sido muy intensas, están muy avanzadas. Es un telescopio con mayor diámetro que el Grantecan y potencia 10 veces mayor, aunque la cúpula solo es un poco mayor. El viernes próximo se sabrá si la ubicación alternativa, por si no se resuelve ese litigio judicial, es México o Canarias”.

-La futura Ley del Suelo de Canarias tiene una disposición adicional que facilita al IAC ampliar instalaciones en suelo protegido…
“Lo que propusimos al Gobierno canario y a varias fuerzas políticas es que los observatorios canarios se consideren de interés económico general, y se facilite el uso de una pequeña parte de del territorio para los observatorios, que están en zonas de preparque nacional. Creemos que la ciencia que se hace en estos observatorios es un bien de interés general para Canarias, España y el mundo, pues abre fronteras al conocimiento humano. Esa disposición adicional no implica que no cumplamos con los estudios medioambientales, lo que nos facilitará son los procesos administrativos, como licencias, tasas y cánones” .

-De la Ley del Suelo a la del Cielo. ¿Se cumple esta legislación para que las luces de la zona habitada no les afecten a ustedes?
“En La Palma el grado de cumplimiento es muy alto, porque es la zona mas protegida para la observación nocturna. En Tenerife, es alto, pero hay zonas no amparadas por esta ley, como Santa Cruz y el Sur, y evidentemente afectan al Observatorio; por eso en el Teide el desarrollo principal es para la observación del sol. Las condiciones de la atmósfera son igualmente buenas, pero en Tenerife la contaminación luminosa impide desarrollar grandes proyectos , excepto los que tienen que ver con la física solar”.

-¿Sería conveniente que otras zonas de la Isla pudieran reducir su nivel de luminosidad?
“Desde el punto de vista de ahorro energético es un valor económico controlar la luz. Se trata de enviarla hacia el suelo, no hacia el cielo. Para para la investigación astronómica avanzada nocturna, en Tenerife creo que es ya utópico que podamos reconducir esta situación. En el IAC ya lo asumimos, pero sí tenemos que proteger sin duda La Palma como reserva mundial de la observación. Si aquí en Tenerife se crece de forma desmesurada sin ningún control o incluso en otras islas, acabaremos afectando también a esas condiciones en La Palma”.

-O sea, Tenerife pierde oportunidades de grandes proyectos científicos por ese problema…
“Los Cherenkov se hubieran instalado en Tenerife, y no en La Palma, porque hay más extensión de terreno, pero el consorcio internacional rechazó el Teide por la contaminación lumínica”.

– Entrando ya en investigación científica concreta: Usted lleva el proyecto Quijote, que estudia el fondo cósmico de microondas, ¿A día de hoy hay algunos resultados?
“Ya hay publicaciones científicas, pero el objetivo final de ese proyecto requiere de muchos años de observación. Hay dos telescopios Quijote, que trabajan con microondas, con la luz visible”.

-Usted demostró con otros investigadores que esas microondas resultado del Big Bang tenían irregularidades por el choque con objetos del universo…
“Hace más de treinta años iniciamos estudios de esta radiación, luz de microondas, que inunda todo el universo. Aquí se hizo el experimento Tenerife, que buscaba el grado de irregularidad de esta radiación, muy uniforme. Había modelos sobre el origen y evolución del universo que decían que esto no podía ser así, tan uniforme, porque si no no entendemos cómo se pudieron formar las galaxias, que tenían que haber dejado esa huella en el fondo cósmico de microondas. La NASA también la iba buscando con un satélite que lanzaron en 1989 y las descubrió, y nosotros fuimos los primeros que lo confirmamos”.

-Usted descubrió también las llamadas enanas marrones, con otros dos jóvenes investigadores…
“Buscábamos probar la existencia de un tipo de objeto que desde los años 60 se especulaba que podía existir. La enana marrón está a mitad de camino entre la estrella mas pequeña y el planeta Júpiter, el más grande del sistema solar. No producen luz como las estrellas, porque no tienen hornos nucleares en sus interiores. Sí producen luz infrarroja. Algunos científicos decían que estos objetos eran clave para entender la materia oscura del universo. Y los encontramos. El primero lo llamamos Teide 1”.

-¿La teoría del Big Bang tiene alguna debilidad?
“Esa teoría nos lleva a asumir dos ingredientes muy especiales que no acabamos de comprender, y eso puede ser una debilidad: la materia y la energía oscuras. Buscamos las partículas o agentes responsables de las partículas que no brillan y que son las dominantes en el universo. Y hay otra forma de energía que hace que el universo se expanda más rápido, que tampoco sabemos qué es”.

-¿Para la astrofísica esta galaxia ya se le queda corta?
“No, nos queda mucho por descubrir en la nuestra. Lo más obvio es si hay planetas como el nuestro, aquí al lado. Ese es otro programa de investigación que yo desarrollo: búsqueda de planetas idénticos a la Tierra. Si fuera así, y es probable, estarán seguramente en las estrellas más cercanas de nuestra galaxia”.

-¿ Y no podría haber vida en planetas no parecidos a la Tierra?
“Sí, absolutamente. Sabemos que casi la mitad de las estrellas tienen planetas. Hay casi 3.000 planetas ya detectados. Pero no tenemos tecnología para saber si hay como la Tierra, y eso lo podremos saber en seis o siete años”.

-Se habla del cambio climático por contaminación humana, pero ¿y por fenómenos a escala galáctica?¿Nos pueden influir?
“Sí. Catástrofes que podían afectar a la vida en la Tierra y las condiciones climáticas se pueden dar, como explosiones de estrellas. Eso no ha ocurrido en cientos de miles de años pero pudo haber acontecido hace millones de años. Afortunadamente ninguna estrella cerca de nosotros está en situación de explotar para provocar una catástrofe climatológica, pero en la historia de la Tierra claro que ha podido ocurrir. Son las supernovas, que generan mil millones de veces más energía que nuestro sol. No es previsible que ocurra algo así en muchos millones de años”.

-¿Y un asteroide?
“Por supuesto: puede levantar enormes masas de tierra y de polvo y oscurecer el sol años”

-¿El IAC participa en proyectos para localizarlos y seguirlos ?
“Sí, y cada vez más. Necesitamos financiación para dedicar más recursos a esto. Tenemos telescopios que rastrean el cielo y vamos a hacer programas con la Agencia Espacial Europea para vigilar y construir un catálogo más preciso de asteroides que podrían colisionar con la Tierra. Hay millones en el sistema solar. Y hay que seguirlos. Porque ya tenemos tecnología para desviar asteroides asesinos. Debemos monitorizarlos porque sus órbitas cambian por las colisiones entre ellos. Esto será una labor cotidiana en las próximas décadas”.

-El IAC desarrolla tecnologías que pueden ser útiles para otros fines de la sociedad. ¿Se hace esta transferencia?
“Hemos iniciado un programa que se llama Iactec que es para transferencia al mundo de la empresas, a los que quieran colaborar con nosotros para desarrollar aplicaciones biomédicas, para observar la tierra con satélites que podremos llegar a construir juntos tanto para luz visible como para luz infrarroja; detección temprana de incendios, fenómenos de contaminación en las aguas marinas; movimientos de bancos de peces… La tecnología la tenemos. Vamos a empezar con apoyo del Cabildo de Tenerife con un equipo de 30 ingenieros, que se dedicarán a esa transferencia a la sociedad las capacidades tecnológicas del IAC”.

-¿Tiene su instituto asegurada la financiación?
“El próximo año se acaba el programa cuatrienal. Estamos empezando a hacer el nuevo plan, y en el Consejo Rector, donde están el Ministerio y el Gobierno canario, tienen que ponerse de acuerdo. Hemos escapado de una época mala, en mitad de las crisis, y hemos sobrevivido,y esperemos que a partir de ahora vayamos mejor. Para 2017 se nos prometía un incremento pero con la réplica de los presupuestos del año anterior el Gobierno central posiblemente no lo va hacer. Ojalá se reconduzca. No hemos cumplido el actual plan de financiación de cuatro años, pues estamos por debajo de lo que se había aprobado”.

-¿Cuál es la incidencia del IAC en la economía canaria?
“La Universidad Europea de Canarias tenía voluntad de hacer un estudio al respecto. Pero puedo decir que por cada euro que aporta el Gobierno canario, el IAC trae cinco adicionales a Canarias de inversión directa, de los que 3,5 vienen del gobierno estatal y 1,5 de nuestros socios internacionales. Atraemos inversión y tenemos 150 científicos de otros países que vienen aquí, y 350 que financia España a través del IAC. Japón va a traer investigadores de la Universidad de Tokio. El Proyecto de Telescopio de 30 Metros traería a 130 personas y dejaría 25-30 millones de euros al año de inversión. Ahora mismo estamos en torno a 30 millones de inversión directa (sueldos, suministro, transporte, etc). Si viene ese proyecto americano se duplica esta cantidad”.

-El Festival Starmus no se celebrará en Tenerife en su próxima edición. ¿Debería volver?
“Sí, el ministro de Ciencia de Noruega le ha puesto sobre la mesa toda la financiación que necesita. Es evidente que ese festival tiene un valor enorme. Ojalá pudiera regresar a Canarias”.

-La NASA quiere mandar astronautas a Marte en el 2030. ¿Ve viable esa meta en ese plazo?
“Son seis meses de viaje, o menos, pueden ser tres o cuatro. Hemos tenido astronautas en la Estación Espacial Internacional mas de un año y regresaron bien. El viaje a Marte de humanos no me cabe duda de que acabará haciéndose. A lo mejor 2030 es un poco prematuro pero si se pone el objetivo de verdad, en 2040 sí.”

-¿Por qué no se ha vuelto más a la Luna? Algunos aún dicen que ni siquiera se llegó realmente…
“Bueno, a la Luna estoy convencido de que sí llegamos. Han venido muchos astronautas aquí con el Starmus y hemos conversado con ellos y son gente absolutamente honesta. Pero no hemos vuelto porque es un esfuerzo económico grande, y la investigación científica de la Luna no tenía una gran pregunta que contestar. La justificación de ir a Marte sí, porque es para dar respuesta a una gran pregunta: si hay signos de vida, puesto que con robots hay unas ciertas limitaciones”.

-¿Hacia dónde vamos como planeta, cósmicamente hablando?
“Sabemos lo que podría ocurrir en la historia del sistema solar pero no podemos predecir cuándo, aunque sí la probabilidad de que ocurra y en qué escala de tiempo. Tendremos que desarrollar viajes interplanetarios porque la Tierra no va a estar aquí toda la eternidad. Tenemos aún mucho tiempo, porque estamos en la mitad de la vida del sol, al que le quedan 4.000 años más. Llegará un momento en el que la supervivencia en la Tierra será imposible y como especie tenemos que buscar dónde seguir viviendo”.

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“SIEMPRE CONTEMPLO EL ESPECTÁCULO MARAVILLOSO DEL CIELO OSCURO POBLADO DE ESTRELLAS”

Rafael Rebolo. / FRAN PALLERO
Rafael Rebolo. / FRAN PALLERO

Rafael Rebolo confiesa que, durante su trabajo en los telescopios y ante los ordenadores en Izaña, siempre procura salir un rato a la intemperie para “contemplar a ojo descubierto ese espectáculo maravilloso de la inmensidad del cielo oscuro poblado de estrellas”. “Siempre me sorprende esa belleza, y no la puedo desligar de mis conocimientos sobre astrofísica”, afirma. El director del IAC se sincera también al ser preguntado si cree en Dios: “Ciencia y religión para mí deben ocupar ámbitos distintos;la religión ayuda a vivir y reconforta a muchas personas, pero en mi caso no es necesaria”. Responde con rotundidad empírica a la cuestión de qué piensa de los horóscopos: “Es un entretenimiento sin fundamento científico, como leer un cuento. El universo nos influye, claro que sí, y hasta en nuestro estado de ánimo, pero tanto como para que haya un patrón de carácter para todos los nacidos en un mismo periodo del año…”. De ahí a Rebolo le preocupe “mucho” que aún en pleno siglo XXI sobrevivan supersticiones y pseudociencias en nuestra sociedad. “Espero que seamos capaces de educar a las nuevas generaciones para que tengan un espíritu crítico”, apostilla.[/su_note]

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