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Soñar con ser Sabonis en lugar de Messi

Marius Grigonis es un buen ejemplo del milagro lituano: ser potencia mundial de la canasta con menos de tres millones de habitantes
El alero canarista se muestra siempre orgulloso de su país y su amor por el baloncesto. Fran Pallero
El alero canarista se muestra siempre orgulloso de su país y su amor por el baloncesto. Fran Pallero
El alero canarista se muestra siempre orgulloso de su país y su amor por el baloncesto. Fran Pallero

Dos pulseras en la muñeca izquierda con los colores amarillo, verde y rojo y una sonrisa cada vez que cita a Lietuva. Marius Grigonis, de solo 22 años, es otro ejemplo de un país que vive volcado con el baloncesto, donde este deportes es “como una religión” y una cuestión de orgullo nacional. Lituania, donde uno de cada 350.000 de sus habitantes compite en la NBA o 1 de cada 186.000 lo hace de manera
profesional en España, quiere mantener su tradición contra viento y marea. Más ahora, cuando se produce un éxodo importante de jóvenes que está rebajando a gran velocidad su población.

Con 2.800.000 habitantes, Lituania ha perdido casi un millón de ellos desde su independencia de la URSS, pero eso no ha sido un problema a la hora de que todos los niños de aquel país crezcan con un balón y una canasta cerca de casa.

“Nosotros solo tenemos un deporte, no es como en España, allí solo hay baloncesto y todo el mundo quiere ser jugador profesional”, señala Grigonis, que llegó el pasado verano a Tenerife después de haber jugado dos años en Manresa y anteriormente en Huesca. En su ciudad natal, Kaunas, perteneció al Zalgiris, donde comenzó a convivir desde niño con la presión: “Con 10 años comencé a entrenar y a ver que era mejor que la mayoría de niños. Mi hermano y mi padre eran aficionados y desde siempre me lo metieron dentro. Luego pasaría a jugar en el segundo equipo del Zalgiris”.

Allí se daría de bruces con la realidad, cuando el conjunto verde decidió que no lo quería para su primer conjunto: “Fue algo muy difícil para mí, porque yo estaba poniéndolo todo, creo que haciéndolo bien, pero tenía la incertidumbre de saber si me escogerían, al final no lo hicieron”.

Tras la decepción inicial, surgió la opción de llegar a España de donde dice, no quiere “regresar a jugar” a Lituania por el momento: “En Manresa me trataron muy bien y ahora solo pienso en competir aquí. Es cierto que allí, desde pequeño, hay mucha presión, porque todo el mundo quiere estar en tu lugar. Todo el mundo está observándote y, si haces algo mal, eso repercutirá en tu futuro”.

De ahí la importancia de poder vestir la camiseta de la selección del país, algo que supone “un orgullo” para cualquier lituano y que, a su edad, ha logrado enfundarse en unos Juegos Olímpicos: “Desde que llevas cinco minutos con esa camiseta te conviertes en una estrella en el país, todo el mundo, absolutamente todo, te conoce, más aún en tu ciudad de origen. Como somos un país muy pequeño, cuando todo el mundo te conoce te conviertes en alguien grande. La sensación es increíble”.

Pero Lituania se encuentra ahora con un problema, que es que, del mismo modo que muchos baloncestistas profesionales abandonan el país para firmar por otros conjuntos europeos, los jóvenes también tratan de labrarse un futuro mejor, después de haber sido preparados en uno de los mejores sistemas educativos del planeta, donde el 93% de sus habitantes posee estudios medios-superiores. Esa marcha no parece haber afectado al talento cestista aunque es cierto que, por ejemplo en la NBA, el número de lituanos ha descendido respecto a años anteriores, siendo ahora más los españoles que juegan en la mejor liga del mundo: “A pesar de que cada vez somos menos habitantes en el país, nosotros amamos Lituania con todas nuestras fuerzas. Hay gente que se marcha fuera, se va a otros países buscando otro futuro, pero, a pesar de ello, somos una nación unida y el baloncesto es un vínculo más entre nosotros, una manera de expresarnos”.

Así se entiende que allí los niños lleven camisetas de asillas verdes, en lugar de las elásticas blancas o azulgranas de Cristiano o Messi: “Es algo que tienes desde la cuna, jugar para Lituania es nuestro gran sueño”.

El corte en el ojo
Grigonis sorprendió a todos tras el partido con el Betis. El lituano dijo haber estado jugando “muy mal” a pesar de no haber hecho un mal papel las primeras jornadas y que su rendimiento se viera resentido debido a un gran corte, donde se aplicaron más de 20 puntos de sutura, sufrido en un entrenamiento con su equipo: “Todos me preguntaban por la lesión en el ojo, pero yo tenía que seguir entrenando para mejorar; eso no puede ser una excusa. Si juegas mal, juegas mal, no es por el ojo. Si es así, mañana entrenas, juegas y tienes que volverlo a intentar- Esa es la mentalidad que tengo desde que era pequeño. Con la que crecí en Lituania”. Repite de manera natural, restando mérito a lo hecho de la forma en la que solo lo hace alguien para quien el baloncesto va mucho más allá de ser un simple deporte

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