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Aprendiendo responsabilidad en el Parque Infantil de Tráfico de Santa Cruz

La capital cuenta con el único circuito de educación vial infantil de Tenerife homologado por Tráfico, unas instalaciones por las que, desde su apertura en 2013, han pasado cerca de 1.000 escolares al año
El circuito infantil de tráfico de Santa Cruz, permite que los escolares conozcan las nociones básicas de la circulación | Fran Pallero
El circuito infantil de tráfico de Santa Cruz, permite que los escolares conozcan las nociones básicas de la circulación | Fran Pallero
El circuito infantil de tráfico de Santa Cruz, permite que los escolares conozcan las nociones básicas de la circulación | Fran Pallero

Valeria, con chaleco fluorescente y gorra, hizo las veces de policía local. Sus compañeros, de sexto de Primaria del CEIP Alfonso Spínola (en el barrio de La Alegría), seguían sus indicaciones, las que a su vez les daba el agente Cristo Manuel García. La primera lección: cómo cruzar un paso de peatones correctamente. Algo a priori sencillo, pero que a veces, la mayoría de las ocasiones, grandes y pequeños olvidan. Hay que mirar a los dos lados antes de cruzar, incluso cuando el semáforo de peatones esté en verde. Hay que levantar la cabeza y olvidarse, por supuesto, de cruzar mirando el móvil. Uno a uno, los aproximadamente 15 escolares que el pasado 7 de noviembre visitaron el Parque Infantil de Tráfico del Ayuntamiento de Santa Cruz cruzaron el paso de peatones.
Este circuito de educación vial, que se ubica en la parte alta de los estacionamientos existentes en la calle de Ramón y Cajal, recibe una media de 1.000 escolares al año, desde su apertura en 2013, lo que hace que cerca de 3.000 ya hayan recibido nociones básicas sobre cómo se deber circular por las vías de la capital o por una rotonda.

Los alumnos del Alfonso Spínola, después de una charla inicial de 15 minutos en la que recibieron conceptos básicos de educación vial, y antes de coger las bicis que les llevarían a circular por el parque infantil, el único de Canarias homologado por la Dirección General de Tráfico (DGT), lo recorrieron a pie. Con las explicaciones del agente, los pequeños fueron conociendo la señales de prohibición, obligación, precaución y cómo deben de comportarse en los cruces e incluso cómo coger una rotonda, algo que muchos adultos conductores deberían aprender. El espacio cuenta, además de con las señales verticales, con semáforos en cada uno de los cruces.

La visita a este circuito dura aproximadamente dos horas, y después de la charla y el recorrido a pie, los chicos paran para desayunar. Luego cogen las bicicletas, el momento sin duda más divertido y esperado por los pequeños. Todos tienen su papel, unos harán de policía, como Valeria, otros de peatones y el resto irá en bici. Se trata, explica el agente González, de que se vayan turnando y todos aprendan a comportarse en los distintos papeles que a lo largo del día tienen en las vías de la capital.

El policía local es el responsable de inculcar a los más pequeños las nociones básicas para ser unos buenos y responsables peatones en el presente y futuros conductores. Desde que se inaugurara el circuito, buena parte de esos 3.000 niños han pasado por sus manos y, como reconoce, “en una sola visita no lo aprenden todo, pero sí que sirve para inculcarles respeto, educación y responsabilidad a la hora de cruzar un paso de peatones o comportarse en la vía pública”. En este curso ya está completo el cupo de colegios hasta finales de abril, uno cada día de la semana, y aunque la mayoría son de Santa Cruz, también visitan el circuito centros de otros municipios. Asegura el agente González que le “encanta” este tipo de trabajo porque disfruta mucho y además les hace “partícipes de la clase”. “Es una experiencia totalmente distinta”, subraya.

Todos los niños de más de 6 años pueden asistir a este circuito destinado a la formación en educación vial, y desde el año pasado también pueden disfrutarlo los niños con algún tipo de discapacidad, puesto que se han incorporado bicicletas adaptadas. “Tenemos unas decena de bicicletas y algunas están adaptadas no solo para los niños con algún tipo de discapacidad, sino también por ejemplo para los que no saben montar en bici”, explica el agente.

Durante la visita, los propios niños reflejaban las cosas que los mayores hacen mal. “El otro día mi padre estaba dentro de la rotonda y otro coche se cruzó por delante para salir”, explicaba uno de los niños al Policía Local, confirmando la idea de que, como reconoció el agente entre risas, muchos adultos deberían pasar por un circuito de similares características. Otras veces, cuenta el agente, “los profesores nos comentan que desde que se suben al coche de sus padres no paran de señalarles lo que han aprendido en el circuito, lo que pueden y lo que no pueden hacer”. González valora que ya algunos colegios de la capital comiencen a incorporar asignaturas de educación vial porque es una forma de seguridad más para los pequeños.

Máximo Arroyo y Gabriel Jesús Cruz, profesores del CEIP Alfonso Spínola, acompañaron a los chicos en lo que fue un día completo, con una excursión a pie desde La Alegría, por la avenida de Anaga, hasta la sede del circuito, en Ramón y Cajal. Ambos compartieron con los alumnos el aprendizaje, y los animaban a participar y preguntar las dudas que iban surgiendo.

La instalación de este circuito único en Tenerife, por sus condiciones, cuenta con un aula formativa con capacidad para una veintena de alumnos, un almacén, zona de control de tráfico, baños adaptados para personas con movilidad reducida, así como la propia pista de práctica. El Ayuntamiento se planteó en el momento de su apertura la posibilidad de que el parque se pueda abrir en determinados días en horario de tarde para que, incluso algún fin de semana, los padres puedan acercarse hasta el lugar, logrando que los niños aprendan y se diviertan al mismo tiempo. Esta posibilidad sigue en estudio, a la espera de que se puede contar con el presupuesto suficiente.

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