mis queridos enemigos

“Nuestras parroquias no podrían sostenerse sin las mujeres”

Llego a La Laguna un día que amenaza lluvia. A entrevistar al obispo, monseñor Bernardo Álvarez Afonso (Breña Alta, la Palma, 67 años). Está un poco mosca con la prensa: “Digo una cosa y algunas veces titulan como les da la gana y no era ese el sentido de mis declaraciones”
Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife | ANDRÉS GUTIÉRREZ
Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife | ANDRÉS GUTIÉRREZ
Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Llego a La Laguna un día que amenaza lluvia. A entrevistar al obispo, monseñor Bernardo Álvarez Afonso (Breña Alta, la Palma, 67 años). Está un poco mosca con la prensa: “Digo una cosa y algunas veces titulan como les da la gana y no era ese el sentido de mis declaraciones”. El viejo palacio de los condes del Valle de Salazar ha quedado precioso, tras la restauración, motivada por el incendio que sufrió, por culpa de una estufa, dicen. Y, en su planta baja, donde se encuentran la recepción y la librería diocesana, trabajan varias mujeres, muy agradables. Compro la encíclica de Francisco Laudato Si (Alabado seas). Me da que el obispo se la sabe de memoria. Es la última doctrina. Cuando él estudiaba teología en Roma –se licenció en la Gregoriana–  me encontré yo al cura que fue en la librería “Áncora”, en la Vía de la Conciliazione, el más importante acceso a la plaza de San Pedro. Acabo de llegar de Roma y he comprado, como cada año, el Anuario Pontificio, en esa misma librería. Bernardo Álvarez me recibe en clergyman; cordial, como siempre; se fija en mis pantalones rojos y le digo que son pantalones de cardenal. “No, el color de los cardenales es el púrpura”, me dice. No llevo cuestionario, como siempre, ni grabadora. Tomo notas. Como me dijo el otro día Jerónimo Saavedra: “Qué memoria tienes, cabrón”. En España hay 65 obispos titulares de diócesis y doce auxiliares, más los 36 eméritos, que tienen voz pero no voto en la Conferencia Episcopal.

-Monseñor, ¿le sigue usted chillando a los árbitros en el “Rodríguez López”?

“Antes, sí; ya no puedo. Uno madura”.

-A los obispos, como a los jueces, se les suelen poner etiquetas. ¿Es usted progresista o conservador?

“Se quieren trasladar a la Iglesia los parámetros de la vida civil, pero no pega; aunque no dudo de que pueda haber obispos renovadores y otros más cautos y prudentes. Pero todos, al final, nos sometemos a la doctrina de la Iglesia”.

-Eligió usted para su escudo episcopal una frase de San Pablo, ¿o estoy equivocado?

“No lo está: “Me he hecho todo a todos para ganar a algunos”.

-¿Se considera un prelado progresista, entonces… y perdóneme que insista, como Matías Prats?

“Yo me veo como una persona moderada. Siempre trato de adaptarme a la realidad y procuro compartir lo bueno de unos y de otros”.

-Don Domingo (Pérez Cáceres) decía siempre que lidiar con los curas era tremendamente difícil.

“Lo decía don Domingo y lo dijeron todos los obispos, desde San Gregorio Magno, en el siglo IV. Siempre hay varias opciones antes de tomar una decisión, pero el que dirige tiene que decidir y es imposible contentar a todos. Sí, es difícil dirigir colectivos, sean los que sean”.

-¿Le quita el sueño algún asunto?

“Sí, el cómo ayudar a los que lo necesitan, la escasez de vocaciones, el envejecimiento del clero y el hecho de que no le hayamos dado a la sociedad elementos necesarios para vivir la fe en estos tiempos, particularmente a los jóvenes, lo que yo creo que se traduce en esa escasez de vocaciones. Como ve, son asuntos ligados a mi condición de obispo”.

-Usted dirige una diócesis joven, sólo tiene 200 años que cumplirá en 2019, es su décimo segundo obispo y, además, es palmero de nacimiento. ¿Le tienta irse a otra parte?

“¡Que va! Yo no me quiero ir de mi tierra. El trabajo de un obispo puede ser igual de satisfactorio en cualquier lado”.

-Debe ser emocionante cuando a uno lo proponen para dirigir una diócesis, no me diga que no.

“Lo es. Tuve una inmensa alegría y gratitud ya no sólo por la decisión del papa, que es quien tiene la última palabra, sino por la de todos los que estudiaron mi candidatura y la elevaron al Vaticano. Nunca pensé ni deseé ser obispo. Intentar escalar puestos no sirve para nada; si haces las cosas pensando que puedes ser nombrado obispo es que eres un ingenuo, porque no te das cuenta de lo complicado que es”.

-206 curas, con una media de edad de 57 años en la diócesis nivariense. Habrá que ir dando entrada a las señoras, don Bernardo.

“En la vida de la Iglesia, las mujeres realizan un gran papel. Nuestras parroquias no podrían sostenerse sin las mujeres, sin el aporte de su generosidad y su entrega en múltiples funciones y servicios. En lo del sacerdocio es otra cosa, claro, hay normas…”.

-¿Y usted cómo lleva lo del celibato?

“Perfectamente. El celibato es, al mismo tiempo, un don de Dios y una opción libre, que yo he elegido. Lo de que vaya unido al sacerdocio es una norma que estableció la Iglesia prácticamente desde comienzos del siglo IV. Es una norma que pervive en la Iglesia de rito romano y quien quiere ser sacerdote en ella debe respetarla. En la Iglesia católica de rito oriental, en cambio, sí se pueden ordenar sacerdotes a hombres que ya están casados”.

-¿Es usted fan del papa?

“No me gusta la palabra “fan”, la verdad. En relación con el papa uno no se mueve por simpatías o afinidad subjetiva”.

-¿Tiene preferencias por algún pontífice?

“Benedicto XVI me nombró obispo y siempre lo leí con interés desde su etapa de teólogo. Su sabiduría es comparable a la de los grandes padres de la Iglesia. Como no podía ser menos, tengo un gran respeto, afecto y cariño por todos los papas”.

(Hay una foto, en su despacho, con el actual pontífice, Francisco. Y otras de los últimos papas).

-No todos son iguales, monseñor.

“Cada papa tiene características y cualidades diferentes y la Iglesia se va construyendo con la aportación de esos matices. Todos aportan algo y la tradición de la Iglesia es una realidad dinámica que va creciendo con el paso del tiempo; es un trabajo de muchos”.

-Usted tuvo algunas novias, de joven, estudió los primeros cursos de Aparejadores y, de pronto, una luz. ¿Fue así?

“La vocación sacerdotal, sí, llegó como una luz que se fue haciendo más intensa cada vez; no fue un efecto instantáneo. Lo de las novias, bueno, sí, me enamoré y salí con alguna chica. Para muchos amigos de la época fue llamativo verte salir con una chica, ir con ella al cine y a los guateques, como un estudiante más, y de pronto aparecer con una sotana de seminarista”.

-¿Y cómo fue ese cambio, se puede describir?

“Pues, en mi caso, la vocación sacerdotal fue una llamada profunda, muy dentro de mí, una especie de seducción que te marca el camino.  Entonces te das cuenta de que Jesucristo te ha ganado el corazón”.

-Hablemos de cosas más prosaicas. Las nulidades matrimoniales. Este papa ha puesto las cosas en su sitio.

“Sí, se han agilizado los procesos”.

-¿Por qué?

“Pues porque, hablo de nuestro caso, antes nosotros teníamos que trasladar  los expedientes al arzobispado de Sevilla y los procesos se dilataban en el tiempo. Ahora existe sólo una instancia y decide el obispo de cada diócesis, aunque esa función se delega en un vicario judicial”.

-¿Cuánto tarda en su diócesis un proceso de nulidad?

“Depende; se puede resolver en un par de meses, pero también puede durar un año o un año y medio como límite. Todo depende de la complejidad del asunto y de los motivos de nulidad que se aprecien, de las pruebas que se aportan, etcétera”.

-¿Es la nivariense una diócesis pobre?

“Sí, nuestros ingresos estuvieron en casi 17 millones de euros en 2015, contando con las subvenciones públicas para la restauración y conservación del patrimonio (25%) y la aportación del IRPF (17%). Lo demás proviene de donaciones voluntarias de los fieles y de entidades privadas. El dinero se destina a para pagar a los sacerdotes (780 euros al mes) y al personal seglar, a obras asistenciales (Cáritas y nuestras casas de acogida), al mantenimiento de infraestructuras e instalaciones, etcétera. Siempre apurando al máximo”.

-Y también está lo de la restauración de la Catedral, ¿no?

“Arrastramos una deuda de 1,5 millones de euros de la restauración de la Catedral que el Gobierno de Madrid no nos ha pagado aún; y tuvimos que soportar un sobrecosto de dos millones por esas obras, lo que supone importantes gastos financieros. Tenemos otras deudas a corto y medio plazo. En fin, una situación apuradilla”.

– ¿Cuánto gana el obispo de Tenerife?

“Unos 1.300 euros al mes”.

-¿Y se rasca el bolsillo cuando un pobre le pide?

“Ocasionalmente, sí. Pero prefiero interesarme por su situación, escucharlo y orientarlo a una de nuestras instituciones sociales para que lo atiendan”.

-Cuando el incendio, usted salió de este palacio episcopal con lo puesto. ¿Le puedo preguntar si prácticamente se quedó en calzoncillos?

“Pues sí, más o menos. Gracias a mucha gente buena que me compró lo básico y a las Hijas de la Caridad, de la Calle del Agua, que me acogieron. Aquel fue un momento muy duro, durísimo, en el plano personal y para la institución”.

-La verdad, don Bernardo, que siempre echamos mano de un cura o de la Iglesia en los momentos apurados.

“En nuestra diócesis, procuramos atender a quien nos demanda ayuda. Cáritas está haciendo una labor extraordinaria. Pero no sólo eso, mantenemos capellanes en hospitales privados y públicos, aparte de nuestras casas de acogida en El Sauzal e Icod. También atendemos espiritualmente a todos los centros de mayores que nos lo piden. Desde las parroquias ofrecemos cercanía y consuelo espiritual a los mayores y enfermos en sus casas. Desde el punto de vista económico, cuanto  más recibimos más podremos dar; por eso siempre estamos pidiendo”.

Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife | ANDRÉS GUIÉRREZ
Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife | ANDRÉS GUTIÉRREZ

-¿Reciben todavía herencias de personas fallecidas?

“Sí, pero no es como antes. Y en algunas ocasiones están tan condicionadas que más que una ayuda son una carga, por lo que preferimos renunciar a la donación”.

-Cuando lo nombraron obispo, ¿no pensó que iba a ser muy duro lidiar con quienes habían sido sus compañeros de seminario?

“Sí, me dio cierto temor eso”.

-Es lógico.

“Todo el mundo me conocía, tenía que tratar con gente muy cercana, gente que conoce tus cualidades y defectos… Pero todo ha ido bien y, pese a mis limitaciones, me siento muy querido por los fieles. Aunque quisiera, no puedo estar en todas partes desde donde me llaman. Procuro complacer a todos, pero es imposible. Por cierto, ¿cuánto tiempo hace que no se confiesa, usted que presume de católico?”.

-“Un año –le miento—.”

“Pues un día nos vamos a sentar usted y yo a hablar, porque con la edad hay que ir haciendo balance ante Dios”.

-Deje eso ahora. ¿Cuáles pueden ser los referentes de un obispo?

“Pues mis párrocos de adolescencia y juventud, aquellos que fueron mis maestros. También los obispos anteriores a mí. Don Damián Iguacen, que tiene 101 años, es una persona extraordinaria. Don Felipe Fernández era un intelectual, amigo de artistas y músicos y poetas, como Arturo Maccanti. Promovió la construcción del archivo diocesano, una obra de gran valor, donde se conserva reunida toda la documentación histórica de la diócesis y hoy es un modelo de conservación abierto a los investigadores”.

-Hay curas, don Bernardo, que son un desastre en sus homilías. En ocasiones me dan ganas de irme a casa de tanto disparate como oigo.

“Ya será menos. Hasta de mí dicen que me enrollo”.

-Se lo comento en serio, no se vacile.

“No, si es que puede tener razón. Tenemos reuniones de formación con los párrocos para tratar de esos y de otros temas. El arte de la comunicación es muy importante, pero tampoco hay que olvidar lo que dice San Pablo de que la predicación no consiste en una persuasiva sabiduría humana o una sublime elocuencia, sino en anunciar la verdad del Evangelio con fe y convicción profundas”.

-Una cuartillita, don Bernardo, preparar esos discursos.

“Lo admito, y muchos lo hacen; pero no olvide que hablamos para un público muy plural y no es fácil adaptarse a todos”.

-No le envidio en su trabajo.

“Es complicado: un obispo tiene que regir la diócesis, predicar, enseñar al pueblo de Dios, impartir los sacramentos. Lo más complicado es tomar decisiones en situaciones difíciles y dolorosas a veces. Es muy complejo todo y lo que más desgaste produce son los imprevistos que se añaden a lo que ya de por sí es un trabajo intenso”.

-Es una pregunta obligada, ¿qué le dicen los populismos, tan de moda y tan ateos y tan irrespetuosos con las cosas de la religión?

“Como en todo, en medio de la paja siempre hay algo de trigo”.

-Pues me lo va a explicar, si me hace el favor.

“Los movimientos populares son una lección para los que están acostumbrados a manejar la política y se sienten seguros con lo ya establecido. Es un aviso para ellos, para que se den cuenta de que hay que salir de los despachos, estar con la gente y dar respuesta a sus problemas concretos”.

-Pero esas ideas estrafalarias que tiene esa gente, don Bernardo. Les escucho verdaderos disparates.

“Bueno, ciertamente, la viabilidad de muchas de esas ideas choca con la realidad y son de difícil aplicación. Pero repito que no todo es paja. En cuanto al menosprecio a la religión, se la rechaza o se la quiere reducir al ámbito privado, porque en el fondo se le tiene miedo. Quien cree en Dios tiene unos principios que se convierten en su regla de vida y en instancia crítica de todo lo que se opone a Dios o quiere ocupar su lugar”.

-Claro, y para un creyente, por encima de Dios no hay nada.

“Nada ni nadie; y por eso un creyente es más difícil de manipular. En el fondo, los miedos que arrastran los populismos son los mismos del nazismo y del comunismo, que rechazaron la religión y sus líderes quisieron ocupar el lugar de Dios. No interesan otros criterios que contradigan la propia ideología”.

-Domesticar la religión, en suma.

“Exacto, los populistas y los poderes humanos tienden a domesticar la religión a favor de sus intereses y si no lo consiguen la convierten en la causa de todos los males o la ningunean. Quieren tener el campo libre para propagar esas ideas, su intención de fondo es siempre la misma. Esos que tanto dicen que les gusta el papa, que lo escuchen, pues está diciendo las cosas bien claritas”.

-Están obsesionados, incluso gente del PSOE, con cargarse el Concordato.

“El Concordato ya no existe”.

-Vale, pues los acuerdos Iglesia-Estado del 79.

“Esos acuerdos tienen en cuenta y valoran lo que la Iglesia aporta a la sociedad. La Iglesia es una institución que paga los impuestos que le asigna la ley. Y todos los miembros de la Iglesia son ciudadanos que también pagan impuestos. Aquello que, interesadamente, muchos llaman privilegios de la Iglesia no son otra cosa que disposiciones legislativas para garantizar el derecho a la libertad religiosa de los católicos. Un derecho fundamental de unos ciudadanos que el Estado debe garantizar y proteger, como hace con los demás derechos”.

-¿Y la exención del IBI?

“La exención del pago del IBI, incluido en esos acuerdos, no se diferencia de la exención de que disfrutan otras instituciones de interés público, o las actividades incluidas en la Ley de Mecenazgo”.

-Bueno, ¿y qué pasa con los divorciados? ¿Los van a readmitir?

“En contra de lo que dicen algunos, los divorciados y vueltos a casar por lo civil no están excomulgados?

-¿No?

“No, señor. No pueden recibir la comunión, pero no están excomulgados y pueden participar en la vida de la Iglesia. Hay confusión en esto”.

-¿Tienen ustedes, la Iglesia, buena prensa?

“En algunos aspectos sí; en otros, no. Se valora la labor social sobre todo, el cuidado del patrimonio, el trabajo cultural. Pero, por los motivos que decíamos antes, en algunos sectores hay interés por descalificarnos y, venga o no a cuento, nos dan por otros lados”.

-Yo fui cura en una película de Raúl Jiménez. ¿Tengo cara de cura?

“Sí”.

-¿Usted examina a los curas de doctrina?

“No, eso lo hacía monseñor Pildain, obispo de Canarias, para motivar a los sacerdotes y que estuvieran bien preparados”.

-Una pregunta larga. ¿Qué fue del Instituto Idente, fundado por Fernando Rielo y por el padre Farrais, que expandió, desde Tenerife, su particular doctrina por todo el mundo y que el obispo Franco Cascón no autorizó? Incluso un sacerdote fue suspendido “a divinis”. Tuvieron que pasar a la clandestinidad.

“No fue sólo el obispo don Luis Franco quien no aprobó al Instituto, tampoco lo hicieron don Damián Iguacen ni don Felipe Fernández. Sencillamente, no se correspondía con la disciplina de la Iglesia”.

-¿Y ahora sí?

“Mis antecesores cumplieron con su deber. Lo que ha pasado después, sobre todo en los últimos 25 años, es que el instituto de Misioneros y Misioneras Identes han llevado a cabo un proceso de maduración y de conformidad con las normas de la Iglesia”.

-Y ya se les ha admitido.

“El papa Benedicto XVI aprobó el Instituto. Hoy, con el beneplácito de la Iglesia, hay misioneros y misioneras identes por todo el mundo y en nuestra diócesis ya están formalmente reconocidos, hasta el punto de que tenemos a dos sacerdotes de este Instituto que llevan las parroquias de Santa Bárbara y Santa Teresa de Jesús en Ofra. ¿Qué le parece?”.

-Pues una gran noticia. El otro día entrevisté a Jerónimo Saavedra y los dos concluimos que el Vaticano había sido ambiguo con los masones. ¿Lo cree así, don Bernardo?

“De ninguna manera. Hay una directriz de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1983 que lo deja claro: “Sus principios (los de la masonería) siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación  a las asociaciones masónicas sigue estando prohibida por la Iglesia y los fieles que pertenezcan a estas asociaciones  se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión”.

La verdad es que me parece exagerado, pero bueno. Salgo del palacio episcopal, no si antes pedirle a don Bernardo que me dedique una foto para mi archivo. Lo hace y me trata de “amigo”, no sin antes dudarlo un poco. Los palmeros son desconfiados, pero este es una buena persona. O al menos a mí me lo parece.

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