
No quiere caminar demasiado. “No me conviene”, me dice. Nos vemos en el Mencey y a nuestro alrededor hay un congreso de masones. Jerónimo Saavedra Acevedo (Las Palmas, 80 años) lo es. Es también un hombre valiente; y un funcionario de La Palma -hay palmeros y palmeros- pretende que dimita como diputado del común por ocupar un cargo (inexistente) en la masonería. Lo único que hizo Jerónimo fue llevar una corona de flores al monumento dedicado al párroco del Salvador, Manuel Díaz, prominente liberal, en un acto organizado en su memoria. “Fíjate”, me dice, “yo ahora voy a Pedralbes a hablar sobre Mozart y la masonería, en un acto con misa y réquiem de Mozart incluidos, organizado por el párroco. ¿Qué te parece?”. “Pues a mí me da que ese enfrentamiento, a ratos sí y a ratos no, entre catolicismo y masonería se origina por la ambigüedad del Vaticano”, le digo. “Exactamente”, responde este hombre lúcido, culto, decente, que fue nuestro presidente del Gobierno de Canarias desde el 83 al 87 y desde el 91 al 93, y dos veces ministro con Felipe González. Y alcalde de Las Palmas. Me da que el ídolo socialdemócrata de Jerónimo, además de Felipe, es Helmut Schmidt, con quien habló mucho en Gran Canaria. Luego se lo preguntaré. Cuando a Jerónimo lo operaron de la cadera, en la clínica de La Luz de Madrid, yo estaba allí. Cuando viajó a Israel, en un periplo memorable, yo también estaba allí. Quiero decir que nuestra amistad es muy vieja. Tampoco sabía yo que los masones se besan tres veces -como los rusos, pero en los cachetes- y que se abrazan otras tres veces.
-¿La masonería?
“Igualdad, libertad, fraternidad, tolerancia, reflexión colectiva de grupos de personas, contribución al bienestar de los ciudadanos y mucha cultura. Por eso fue tan fundamental en la Ilustración”.
-En La Palma la masonería influyó decisivamente en la sociedad.
“Claro, contribuyó a crear una isla muy culta. La logia Abora 2 tenía más de 70 miembros en 1936, en una población de diez o doce mil habitantes. La masonería no es un lobby, lucha por paliar las desigualdades”.
-Hombre, La Palma tuvo a un gran masón, Alonso Pérez Díaz, abogado, diputado radical con Alejandro Lerroux y con Martínez Barrio en la II República.
“Sí, uno de los canarios más célebres en la política. Y fíjese que en La Palma se le tributó un homenaje a Voltaire en 1914, en el Teatro Circo de Marte. Una isla tan pequeña y tan culta”.
-No sé por qué tanto interés de alguno en que deje el cargo si el 11 de diciembre usted se irá, porque termina su mandato.
“Yo tampoco lo sé. En diciembre nos vamos todos, el diputado del común, los consejeros del Consultivo y los de la Audiencia de Cuentas”.
-¿Y ha sido interesante la experiencia?
“Mucho: he visto e informado sobre problemas de mala vecindad, urbanísticos, sociales; se hizo una ley canaria de educación y algunos olvidaron el principio de igualdad constitucional: faltan profesores de lenguaje de signos para los sordomudos y logopedas para los niños autistas. Se ha trabajado para mejorar todo esto”.

-¿Le han hecho caso los poderes públicos?
“Hombre, casi siempre, sí. Hemos resuelto muchas cosas”.
-¿Qué le parece en lo que se ha convertido el Parlamento nacional: anoraks colgados en los escaños, descamisados, gritos, insultos?
“Mal. Ahora estas generaciones reniegan de la Transición, pero ni la vivieron ni preguntan cómo fue. Dicen, de una forma atrevida, que fue cosa de cuatro. Son ignorantes y no les importa hacer patente esa ignorancia en los medios”.
-Es verdad, la Transición fue de muchos.
“De muchos que se dejaron en ella el pellejo: periodistas, sindicalistas, tanta gente que asumió riesgos y a la que ahora se niega”.
-¿Usted cree, como algunos, que Pedro Sánchez es un agente de Podemos?
“No”.
-Pero su actitud mosquea, ¿o no?
“Sánchez, al que conozco, se equivocó, obsesionado por sus celos con los barones y baronesas a cuenta de la secretaría general”.
-Y eso desvirtuó el debate.
“Sí, lo desvirtuó. Tenía que haberse retirado cuando perdió las primeras elecciones y mucho más cuando perdió las segundas. Es un hombre valioso, yo lo conocía por Pedro Zerolo, ambos coincidieron como concejales de Madrid”.
-¿Y si le tuviera que dar un consejo?
“Pues que no haga la vuelta a España; que se esté callado un mes, porque el horno no está para bollos”.
-Tranquilizar al partido entonces…
“Y mucho sosiego en la vida interna del PSOE. Y no tener esa visión simplista de que la socialdemocracia está en crisis. Lo está en España, no en Europa. En Berlín, por ejemplo, los socialdemócratas han ganado a los populismos y al nazismo. En el Reino Unido los laboristas se radicalizan y van a estar 20 años en la oposición”.
-El populismo es sectario, ¿no cree?
“Lo que hace es aprovechar el bajo nivel cultural de cierta gente para meterle en la cabeza que ellos son los salvadores. ¿Cómo no van los alemanes a meter algún elemento corrector si han dado entrada a un millón de inmigrantes? El populismo es tan peligroso como la extrema derecha”.
-¿Cree que en España se ha detenido su avance?
“Sí, creo que han tocado techo”.
-Y no gobiernan.
“No quiero pensar lo que pasaría aquí, ni lo que va a pasar en los Estados Unidos con Trump; un tipo que no paga los impuestos”.
-¿Qué hará después del 11 de diciembre?
“Me gustaría dirigir una ONG”
-¿Tiene ofertas?
“No”.
-¿Ha existido cobardía entre los intelectuales españoles, que no denuncian la llegada de los populismos?
“Me alegro de que ya hablen esos intelectuales y de que se manifiesten; llevaban años mudos”.

-¿Y eso?
“Muchos de ellos no encuentran la respuesta a la visión globalizadora del mundo. El soberanismo, por ejemplo, es una cosa de ignorantes. Hace falta más Europa, no más Escocia y más Cataluña. Hacen falta parlamentos con respuestas globales, no como el de Valonia”.
-Qué lío con Valonia (una región belga) frente al acuerdo de libre comercio con Canadá.
“Un parlamento que legisla para tres millones no puede acabar con una operación beneficiosa para quinientos millones, que puede aportar 10.000 millones de euros a Europa”.
-En estos tiempos en que el mundo es uno, parece algo infantil.
“Claro, el archivo de la Biblioteca Nacional de París está en la India”.
-Entonces, don Jerónimo, el nacionalismo no sirve para nada.
“No, sólo para imponer límites y un proteccionismo antiguo”.
-Usted fue el padre de la Canarias unida y ahora resurgen los reinos de taifas.
“Nosotros lanzamos el eslogan de Canarias era posible. Y veo con agrado cómo voces autorizadas como las de García-Ramos, Viéitez y Mauricio se preocupan por la unidad ante los brotes de insularismo”.
-O sea, los reinos de taifas.
“Llámelos usted como quiera. Los cabildos no están por encima del Gobierno, del Parlamento y del Estatuto. Estaríamos perdidos. Es el Gobierno de Canarias el que tiene que establecer las prioridades. Un Gobierno que corrija errores, como hicimos nosotros con el REF cuando vimos que perjudicaba a algunas islas.
-Con todo lo que usted ha vivido, creo que los canarios se merecen sus memorias.
“Me cuesta mucho escribir, prefiero contar”.
-Pues cuéntelas.
“Hubo algún intento. Carmelo Rivero y Jaime Pérez-Llombet tienen muchas notas tomadas en conversaciones conmigo, quizá deban publicarlas. Ha pasado mucho tiempo, o sea que no puedo provocar dolor en los presuntos perjudicados por mis opiniones”.
-¿Cómo encajó la muerte de Simon Peres?
“Lo sentí muchísimo. Fue un gran socialdemócrata, descendiente de sefarditas. Quería mucho a España. Yo me entrevisté varias veces con él, en Madrid y en Israel”.
(Y yo tuve el honor de asistir a esa entrevista en Tel-Aviv. Y me causó una gran impresión este hombre de Estado).
-Pero su referente es otro.
“Quizá Helmut Schmidt. Hablaba con él,que venía mucho por Gran Canaria, a escribir, en el sur. Era un hombre de una gran cultura. Una vez me dijo que Juan Pablo II había tenido mucha culpa en la perestroika de Gorbachov, por presiones al propio papa de los sindicatos polacos. Tenía que haber sido más lenta; así habría menos desigualdad en Rusia”.
-¿Qué admira más de un político?
“El coraje”.
-¿Por qué?
“Pues porque en política hay que arriesgar. Yo admiro a Renzi el primer ministro italiano, que tuvo el coraje de reformar las leyes laborales de su país. Pero es que también ha emprendido la reforma bicameral, con un Senado que de 600 miembros va a pasar a 100”.
-¿Y su referente español?
“No uno, muchos. Felipe ha sido un gran gobernante, con una enorme intuición y sentido del riesgo, coherente con el sistema socialdemócrata. Y en otros bandos, Fraga, Carrillo, incluso el Jordi Pujol de entonces, no el de ahora, claro”.
-Qué pronto se olvida a los presidentes del Gobierno. En Canarias algunos lo están pasando mal.
“Y no hay derecho. Los presidentes del Gobierno deben integrarse en un consejo político, que sean consultados dos o tres veces al año por los políticos en ejercicio. Sería enriquecedor. Y así no pasarían penurias, como algunos”.
-Somos la única comunidad sin un estatuto del expresidente.
“Sí, hay miedo a que disfrutemos de sueldo, coche, chófer y secretario, que es lo mínimo. Clavijo me dijo que tenía un proyecto sobre el asunto, pero no he sabido nada más. Ya digo que existen reparos a plantearlo. Y mucha demagogia. Cuando murió Adán Martín fuera de Canarias no había dinero para traerlo a las islas. Esto no puede ser”.
(Y, para terminar, Jerónimo me cuenta una historia real. “En mi primer día como alcalde de Las Palmas me fue a ver un señor. Yo estaba saludando a los funcionarios y dije que no podía recibirlo. Pero escuché sus protestas en el hall del Ayuntamiento y accedí a verlo. Me entregó un certificado de un veterinario que decía que una perrita de su propiedad sólo se curaría de su patita fracturada si nadaba en la orilla de la playa. Pero a la playa no pueden acceder los perros. Fue mi primera y única prevaricación: me dio tanta pena que firmé un permiso para que, de madrugada, cuando no hubiera gente en la arena, la perrita pudiera nadar y así curar su pata”).
-Otro día hablaremos de los juicios paralelos.
“Terribles. No pasa esto sino en España y hay que ponerles freno. La televisión, la prensa, la radio, no son jueces. Hemos perdido el sentido de las cosas y el respeto a la gente que pide sólo justicia”.
-Por cierto, ¿disfrutó siendo alcalde?
“No sabe usted cuánto. Eso de estar cerca de mi gente me encantaba”.

Lo acompañé hasta el taxi. Tenía una reunión de masones. Durante la entrevista, algunas personas, imprudentemente, se acercaron a nuestra mesa. Él los despedía con una sonrisa. Estamos ante uno de los grandes políticos de la historia de Canarias. Fue un demócrata en la Universidad, fue un demócrata en el Gobierno de Canarias, fue un demócrata en los ministerios que ocupó (Administraciones Públicas y Educación y Ciencia) y fue un demócrata en una alcaldía difícil, la de Las Palmas, la ciudad donde nació.





