
Canarias se encontraba ayer en alerta por tormenta política en el Parlamento. Durante el pleno monográfico, sonaron las trompetas de Jericó y Fernando Clavijo se tapó los oídos. La oposición lo castigó al rincón de pensar. Por lo presenciado en el salón de sesiones, ni Donald Trump se sentiría lo suficientemente motivado como para reconstruir la muralla. Lo acusaron de dinamitar el Gobierno y le agradecieron que dinamizara el poder legislativo, que “ha tomado el control” de la situación tras la evidente pérdida de confianza. En un intento de explicar las causas de la crisis, Clavijo culpó a los socialistas. Según su relato de los hechos, buscaban una “excusa” y achacó el divorcio a problemas personales. “En las reuniones del Consejo de Gobierno no había un mal ambiente”, comentó. Al terminar su “narración cronológica” de los acontecimientos que derivaron en la decisión del 23 de diciembre de 2016, Clavijo miró a Patricia Hernández y preguntó por qué no se marcharon si se sentían tan incómodos y humillados. La respuesta la vinculó a las desavenencias internas en el PSOE. “Nadie abandona por segunda vez su puesto de trabajo [en relación al Fdcan] sin que ocurra nada. La paciencia tiene un límite”.
Es más, tachó de “deslealtad sin precedentes”, resuelta con ayuda del PP y ASG, el cambio de voto en la ponencia de los presupuestos generales de la Comunidad Autónoma. “El día 22 por la noche hablé con la vicepresidenta y me acosté tranquilo creyendo que todo se había solucionado”, resaltó. A continuación pidió la colaboración del PSOE para culminar algunas de las iniciativas que impulsaron juntos.
Fernando Clavijo quiso hacer partícipes de su agenda a la globalidad de la Cámara: sistema de financiación, un plan de emprendedores, las energías renovables, la sostenibilidad de los servicios públicos, así como la cohesión social y territorial. Entre las cuerdas, el dirigente nacionalista recogió los guantes que le lanzaron desde el PP y sacó provecho del oxígeno que le estaba suministrando Casimiro Curbelo (ASG). Australia Navarro le vendió cara la tabla de salvación, pero la compró con un crédito dialéctico a plazos porque no le queda otro remedio. Ante el peligro de ser devorado por los monstruos marinos, Clavijo asumió el compromiso de reducir el IGIG, un plan de choque para las listas de espera sanitarias y otras propuestas del Partido Popular que había desatendido.
Ruano abomina de la estrategia “destructiva” y del “resentimiento”
Espoleado por las críticas de la oposición al Ejecutivo de CC y herido en su amor propio, José Miguel Ruano atacó la estrategia “destructiva” de Podemos y NC. Del PSOE, el portavoz del Grupo Nacionalista afirmó que el discurso de Iñaki Lavandera estaba movido por el “despecho” y el “resentimiento”. En defensa de Fernando Clavijo, Ruano aseguró que gobernará “desde la humildad” y con el deseo expreso de procurar entendimientos “con unos y con otros”. Discrepante con la opinión transmitida públicamente por el líder del PNC, el diputado Juan Manuel García Ramos, a quien no nombró, alejó una eventual renovación de la alianza con el PSOE. No obstante, llamó a “trabajar por Canarias”. Al margen de eso, repartió el “fracaso” de los pactos locales.





