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La pobreza salarial en Canarias impide bajar las cifras del Banco de Alimentos

La ONG Bancoteide, que repartió 2,5 millones de kilos entre 29.000 personas en 2016 en la provincia tinerfeña, sostiene que las ayudas aún son necesarias debido a los bajos salarios
La zonas en donde se lleva a cabo un mayor reparto de comida en la provincia son Santa Cruz y La Laguna, al haber una mayor concentración poblacional. DA

A pesar de que a partir del pasado año se empezaron a notar los efectos de un repunte económico y una tímida salida de la crisis, en la que Canarias lleva inmersa desde 2007, el número de beneficiarios de comida en la provincia tinerfeña se mantiene más o menos estable. Esto se debe a que, aunque hay más oportunidades de empleo, los tipos de contrato son más reducidos y, además, los salarios siguen siendo bajos, lo que dificulta la alimentación de una familia con escasez de recursos. Así lo pusieron de manifiesto a DIARIO DE AVISOS el presidente y el secretario del Banco de Alimentos de Santa Cruz de Tenerife (Bancoteide), Hernán Cerón y Fernando Serrano, respectivamente.

El presidente de esta ONG, que lleva prestando servicio en la provincia desde 2006, explica que el pasado año la entidad repartió 2.517.600 kilos de alimentos, a través de 123 asociaciones, a un total de 29.259 personas. De la cifra global, 1,2 millones de kilos fueron obtenidos a través de las ayudas europeas, mientras que el resto procedió de donaciones de entidades, empresas y particulares. Con respecto a 2015, la cifra es más o menos similar, ya que en ese momento se distribuyeron 2,5 millones de kilos de comida entre 30.629 beneficiarios.

En cambio, si se compara con 2014 se aprecia una reducción, puesto que ese año se contabilizaron 36.947 beneficiarios para 2,5 millones de kilos. Aunque Cerón señaló que desde 2014 hasta la actualidad se aprecia una caída del 20,81% en el número de personas ayudadas, explica que este dato no está motivado por una mejoría económica, sino que, a partir de ese momento, la selección de los beneficiarios se empezó a llevar a cabo por los servicios sociales municipales, y no por las propias asociaciones.
Cerón recalca que la caída del número de personas a las que llegan estas ayudas ha provocado también que ahora cada beneficiario reciba más kilos de comida. “En algunos casos se alcanzan los cuatro kilos”, añade.

El presidente de la ONG matiza que, a partir del último año, se han intensificado los controles a las asociaciones a las que se les da los alimentos para que las distribuyan, con la finalidad de confirmar que los números de kilos por beneficiarios se corresponden. Asimismo, afirma que en estas revisiones (son dos o tres al año por cada entidad) no se han detectado fraudes.

El secretario del Banco de Alimentos añade que ahora la entidad cuenta con entre 30 y 40 voluntarios, cifra que en campañas puntuales puede alcanzar los 1.200 colaboradores, si se tiene en cuenta las personas que ayudan a las asociaciones que participan. Sobre el perfil de los beneficiarios, puntualiza que se aprecia un aumento de personas más jóvenes y de núcleos familiares que dependen de un pensionista, cuyos recursos no son suficientes para atender sus necesidades. Por último, precisa que desde el año 2006 han registrado picos de hasta 35.000 beneficiarios.

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