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Santa Cruz quiere negocios con terraza por doquier

En cuatro años, el número de mesas y sillas en las aceras de la capital ha crecido el 20%, gracias, sobre todo, al impulso municipal que, de nuevo, vuelve a flexibilizar su instalación
Las terrazas han proliferado en Santa Cruz en los últimos cuatro años. ANDRÉS GUTIÉRREZ

Que Santa Cruz ha apostado claramente por las terrazas es una realidad. El alcalde, José Manuel Bermúdez, reconocía hace unos días, que los negocios de este tipo en la ciudad han aumentado el 20% en los últimos cuatro años. Los mismos negocios que también esta semana (al menos uno de los que se ubica en la avenida de Anaga) ponían el grito en el cielo por las continuas inspecciones de Urbanismo, calificándolas incluso de “acoso” para que cumplieran con las ordenanzas. Sin embargo, la realidad es que esas normas se han flexibilizado tanto -al menos hasta donde lo permite la normativa regional- que las terrazas afloran casi en cualquier sitio de la ciudad.

La última de las modificaciones se aprobó en el último Pleno, en el qeu se acordó flexibilizar la ordenanza de Paisaje Urbano, que es la que regula la instalación de terrazas. Esta norma solo llevaba aprobada dos años. Con el nuevo cambio, aún en periodo de exposición pública, casi cualquier negocio de restauración que tenga una fachada que de a una acera puede poner una terraza. En concreto, los artículos modificados son los que regulan los condicionantes técnicos para instalar mesas y sillas en la capital, como por ejemplo, las distancias de estas con los elementos de mobiliario urbano, el uso de plataformas que ocupen plazas de aparcamiento o que las licencias se renueven cada tres años y no cada uno como hasta ahora.

Y es que, a pesar de la denuncia de Bermúdez, sobre lo restrictiva que es la ordenanza regional al permitir que solo se coloquen cinco mesas por negocio (20 comensales), la normativa municipal sí que facilita, en la medida de lo posible, la instalación de mesas y sillas por cualquiera de las calles, incluso aumentando esa veintena de comensales si los negocios lo solicitan a Urbanismo. Un ejemplo de lo fácil que se lo está poniendo el Ayuntamiento de Santa Cruz a los empresarios que quieran poner una terraza, es la modificación del artículo de la ordenanza que regula las distancias mínimas entre las terrazas y garajes, pasos de peatones o paradas de guaguas. Esto supone que, excepcionalmente, los dos metros de separación obligatorios, se podrán reducir si el área correspondiente lo autoriza. También se podrá reducir el medio metro de separación con respecto al mobiliario urbano, jardineras o señales de tráfico que se establece inicialmente, así como el metro establecido con bancos, buzones u otros elementos urbanos. “Excepcionalmente se podrán reducir las distancias antes mencionadas siempre que no se interfiera con el mobiliario urbano y previo informe favorable del servicio municipal competente en función de los elementos afectados…”. reza el texto de la ordenanza modificada.

Además, en todas las situaciones que no coincidan con las descritas anteriormente, “y siempre que no contravengan la normativa sectorial de aplicación”, el ancho mínimo podrá ser reducido prudencialmente, debiendo motivarse expresamente en el expediente y recibir autorización específica para ello.

En cuanto a la colocación de las plataformas que ocupan plazas de aparcamiento la nueva ordenanza establece que, cuando existan aceras cuyo ancho no permita la instalación de terrazas, pero sí que tengan zonas de aparcamientos adosadas al bordillo, y en todo caso si la morfología de la vía lo permite, se podrá considerar instalarlas a nivel de acera.

Vecinos

Estos cambios fueron criticados duramente por el PSOE en el último Pleno, en el que, su portavoz, José Ángel Martín, cuestionó esta flexibilización, entre otros motivos, por el más que posible enfrentamiento con los derechos de los vecinos. Y es que, asociaciones de distinta índole critican esta proliferación de terrazas en Santa Cruz y los serios problemas de movilidad que generan, ya que, circular con un carrito de bebé, una silla de ruedas o simplemente caminar por las aceras, es, en ocasiones una auténtica carrera de obstáculos.

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