La nueva parrilla de programación de la Televisión Canaria de la era Negrín ha resultado ser un fracaso mayúsculo. Transcurridos los cien días de gracia de la puesta de largo de los controvertidos programas contratados por RTVC tras una inyección económica de urgencia de cinco millones de euros, los datos son incontestables: la cadena pública se instala en una raquítica audiencia que no supera el cinco por ciento de media, la misma nota que obtenía meses antes cuando la parrilla se sustentaba en la redifusión de espacios sin ningún estreno ni programas de emisión en directo, a la espera de que se le incrementara el presupuesto a través de un crédito extraordinario aprobado por el Gobierno de Canarias.
Bajo el lema Acércate, Negrín apostó por invertir una importante suma económica en una campaña de autopromoción a través de la pequeña pantalla, prensa, vallas y marquesinas con el fin de recuperar a una audiencia que desde hace muchos meses viene dando la espalda al canal regional.
Pero la respuesta ha sido una gran espantada general por parte de los televidentes de Canarias. El que era el informativo más visto de la cadena, el Telenoticias 1, no ha vuelto alcanzar los datos que firmaba el ex director de informativos, Miguel Ángel Daswani,cesado por el propio Negrín a los pocos días de instalarse en el cargo. Daswani era el comunicador líder indiscutible en una franja en donde ahora le ha comido mucho terreno Antena 3 Noticias.
Contratos millonarios
La nueva Televisión Canaria, ha subido a su parrilla, gracias a millonarios contratos, programas como Buenas tardes Canarias, El Foco y el renovado En otra clave. Este último, con su formato idéntico a En clave de ja, era líder indiscutible del prime time dominical con cifras superiores al veinte por ciento de la audiencia regional, mientras ahora se conforma con poco más de diez puntos de share, abandonando las primeras plazas de los espacios más vistos en favor de la competencia.
La tarde canaria nunca fue tan cara. Más de 13.000 euros diarios para la productora grancanaria Doble Diez con Roberto Kamphoff al frente del Buenas tardes Canarias. Más de tres meses después de su lanzamiento,el magacín no solo no acierta, sino que empuja inevitablemente a la baja, la cuota diaria del canal. No suma ni un escueto cuatro por ciento de media, anotando en sus últimas entregas apenas un 2,5 de share.
Este costoso programa en directo se sitúa diariamente como última opción de la tarde en la oferta televisiva del Archipiélago. Según los datos de audiencia de Kantar Media, los canarios se enganchan en masa al resto de las cadenas, demostrando un nulo interés por la que debería ser la propuesta de televisión más cercana y local.Con estos datos objetivos y el elevado coste que significa para las arcas de la televisión, este fallido programa, en cualquier cadena privada o pública de España, supondría la cancelación inmediata del producto. En este caso concreto, no sólo se evita la suspensión del magacín, sino que se le premia con dos emisiones extras desde este mismo fin de semana.
El controvertido programa político El Foco corre la misma suerte:el formato de debate generado por la unidad de negocio audiovisual del Grupo Prisa junto a Socater, que copia de manera ineficaz a La Sexta Noche, es un rotundo fracaso. Tras varias semanas en antena, sólo ronda un 3% de media, aunque en su última edición firmó un paupérrimo 2,3 de share, datos semejantes a las producciones de coste cero habituales en la parrilla del canal autonómico. Pero en este caso no estamos ante un programa de bajo coste. El espacio El Foco es el prime time más caro de la historia de la Televisión Canaria. Cada capítulo se factura a 37.000 euros. El resto de productoras a las que se les encargó en noviembre la producción de determinados programas con cargo al controvertido concurso de ideas convocado por Negrín, y sobre el que todas las fuerzas políticas del Parlamento de Canarias, excepto CC, han colocado la lupa ante presuntas irregularidades e ilícitos penales del máximo responsable de la Televisión, no han entregado aún los programas.
En la mayoría de los casos, ni siquiera se han comenzado a grabar, a pesar de la manifiesta urgencia con la que el presidente de RTVC defendió en la Cámara regional que “había que proveer a la cadena de contenidos para evitar su estrangulamiento y el de la industria audiovisual de Canarias”.
Caída en picado
La televisión autonómica de Canarias, históricamente se ha posicionado en una digna cuarta posición en el ranking regional de audiencias, por delante de La 1, La 2, La Sexta y muchas veces adelantando a Cuatro. Ahora está en el triste vagón de cola. La conclusión es clara y contundente: el gran esfuerzo presupuestario realizado por el Gobierno de Canarias en el último trimestre del pasado año, con una loable justificación, derivada de la carencia de contenidos de la Televisión Pública, no ha servido absolutamente de nada, y los polémicos formatos seleccionados por Santiago Negrín y su equipo de dirección suspenden con muy mala nota.
La era Negrín, a punto de culminar por la previsible intervención unánime del Parlamento, lamentablemente sólo pasará a la historia por una serie de hechos incontestables: haber generado una gran controversia desde el primer momento, la desafección por parte de la audiencia, la desconfianza de todas las formaciones políticas de la Cámara regional -incluida Coalición Canaria- que le propuso para el cargo, su dudosa preparación para el desempeño del puesto y su presunta relación con productoras a las que ha estado vinculado profesionalmente antes de acceder a la presidencia de RTVC.
A Santiago Negrín, excelente relaciones públicas, pero nefasto gestor de público, no sólo le han fallado sus maneras de dirigir Radiotelevisión canaria y lidiar con el Consejo Rector que preside, sino, además, los frustrantes resultados de sus apuestas personales. Un profesional de la televisión se mide por sus éxitos. Nos esforzamos en buscar alguno desde mayo de 2015, pero en este periodo solo se suceden los fracasos. Si nadie lo remedia, Santiago Negrín está a punto de apagar la tele canaria.






