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Un barranco abandonado que guarda la historia de Aguere

El Gobierno, el Cabildo y el Ayuntamiento de La Laguna se deciden a actuar tras la demanda de los vecinos, y proyectan un sendero interpretativo en La Verdellada para conservar y dar a conocer importantes restos arqueológicos desprotegidos en la actualidad a lo largo del cauce
El arqueólogo José Ramón Cebrián, autor del Plan de Intervención, señala hacia el último tramo del barranco de La Verdellada que forma parte del sendero. ANDRÉS GUTIÉRREZ

El barranco de La Verdellada alberga elementos culturales patrimoniales inmuebles que son una muestra clara de la importancia histórica de este barranco en relación con el municipio de La Laguna, así como unos valores paisajísticos que son un ejemplo de la relación del hombre con estos accidentes geográficos, convertidos en hábitat por el pueblo canario desde el inicio de la ocupación primigenia de las Islas hasta su posterior conquista castellana y hoy en día. “Existe, por tanto, información tanto arqueológica como de las fuentes textuales que demuestran la importancia histórica del barranco en el desarrollo de la ciudad de La Laguna, desarrollo que resulta impensable explicar sin la presencia, uso, disfrute e interacción de los hombres y mujeres que allí habitaron con el barranco en todas las épocas”.

Así se recoge en la justificación del Plan de Intervención del Barranco de La Verdellada, elaborado por el arqueólogo José Ramón Cebrián, paso administrativo imprescindible para, una vez que se le dé el visto bueno por parte de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno canario y se cuente con el presupuesto, crear en esta zona un sendero interpretativo. En este sentido, el director general de Patrimonio Cultural, Miguel Ángel Clavijo, afirmó, en una reciente entrevista a DIARIO DE AVISOS, que esperaba “que este mismo año se pueda empezar”. “Ahora se trata de buscarle financiación, nosotros nos hemos comprometido a poner una parte”, a la que se deben sumar otras aportaciones del Cabildo y del Ayuntamiento de La Laguna, indicó, aunque apuntó que no se trata de un proyecto “muy caro”. “Hablamos de crear un sendero interpretativo -explicó-. Se trata básicamente de hacer una ruta donde se explica la historia del barranco y la historia de La Laguna. A nuestro juicio, esto es un complemento muy interesante al conjunto histórico Patrimonio de la Humanidad”.

A este respecto, José Ramón Cebrián añade que prevé que este año, una vez Patrimonio habilite los recursos necesarios, comiencen ya los trabajos de valoración e intervención arqueológica de los bienes; así como que espera que también se acometa, por parte del Ayuntamiento o el Cabildo, las tareas de limpieza del barranco, pasos previos imprescindibles, porque “el estado actual del barranco y de los bienes que alberga adolecen de falta de limpieza y mantenimiento del cauce y la ausencia absoluta de protección de los bienes culturales”. Cebrián confía en que la ruta pueda ponerse en marcha a lo largo de lo que queda de mandato.

Este proyecto arrancó en 2009 con la firma de un convenio entre el Ayuntamiento y la Universidad de La Laguna (ULL) para la elaboración de un informe técnico con el que poder valorar el interés patrimonial del barranco de La Verdellada, dando respuesta así a la inquietud que habían mostrado los vecinos de la zona ante “la más que posible pérdida patrimonial que podía suponer el continuo abandono y deterioro en el que se encontraban los elementos culturales del barranco”. Un informe que concluyó con la necesidad de la protección integral de este barranco, promoviendo su catalogación como Bien de Interés Cultural (BIC). Por tanto, se propuso un plan de intervención ecológica y de evaluación del estado de los bienes culturales del barranco en relación a la creación de un plan de recuperación como Sitio Histórico, que incluya la creación del sendero interpretativo y de un centro de visitantes. Este sendero será exterior y transcurrirá paralelo al barranco, con diferentes miradores en su camino, pero solo se podrá descender al cauce en algún punto muy concreto, ya que el Cabildo de Tenerife no permite los accesos a los barrancos.

Desde Santo Domingo

Según explica José Ramón Cebrián, la ruta comenzaría en el convento de Santo Domingo, en el casco de La Laguna, ya que en el pasado el patronazgo del convento era de la familia Nava y Grimón, dueños también de las tierras de La Verdellada. En esta zona, cerca del antiguo Mercado Municipal, al barranco se le conoce como de La Carnicería, ya que en el pasado aquí se tiraban los restos de una antigua carnicería, aunque en la actualidad gran parte está soterrado. Desde el convento se seguirá por la trasera del Rectorado de la ULL, entrando en el barrio del Timple, donde el visitante se encontrará con el primer bien, los restos de un antiguo molino de agua, engullidos entre nuevas construcciones, que podría ser de entre los siglos XVI y XVII, y del que se ha perdido la casa del molinero y el sistema de canalización.

Continuando por el Camino Real de La Verdellada se llega a un panel de grabados que demuestra la importante ocupación aborigen del territorio previa a la ocupación castellana. Sin embargo, estos grabados no cuentan con ningún tipo de protección, estando “al alcance de la mano y ojos de cualquiera que cruce el camino y cuyo estado de meteorización es avanzado y está expuesto tanto a la acción vandálica como a cualquier accidente e incluso derrumbe del montículo que está detrás de él”, denuncia José Ramón Cebrián, por lo que el arqueólogo apunta que quizás habría que valorar la extracción de esta piedra y llevarla a un lugar mejor para su conservación, porque su importancia es “capital” para conocer del periodo de llegada de personas al Archipiélago.

Este no es el único resto aborigen que queda en el barranco de La Verdellada. Cerca se ubicaba una cueva que se hundió a causa de un incendio y, hacia el final del sendero, hay otras dos cuevas que aún se conservan, pero que están prácticamente cubiertas por la vegetación. Siguiendo el sendero, el visitante se encontrará después con los restos de un horno de cal, imprescindible en la industria azucarera que en el pasado se desarrolló aquí, aunque en la actualidad también está tapiado por la densa vegetación que recorre el barranco. Poco después están los restos del segundo molino de agua que hay en la zona de entre los siglos XVI y XVII, y en el que Ramón Cebrián afirma que hay que realizar una intervención arqueológica porque seguramente aún conserve debajo el antiguo engranaje.

El Corazón Partido

En este punto se localiza, además, el acueducto del Canal de los Valles, de los años 40 del pasado siglo, y un curioso capricho geológico que se ha hecho muy conocido por una reciente leyenda urbana: el Corazón Partido, que, según esta leyenda, se formó cuando, durante la conquista de la Isla, el joven guanche llamado Güy fue abatido en esta zona, donde se encontraba su amada Ara, quien emitió un grito de dolor que partió la piedra por donde cayó Güy, quedándose esa forma de corazón quebrado. Araguy es el nombre aborigen que tenía el barranco.

Todo esto hace que este sea uno de los puntos más interesantes del barranco y en los que se permitirá descender a su cauce.

A partir de aquí, la Vía de Ronda soterra entre 300 y 400 metros del barranco. “La zona perdida era preciosa -relata Ramón Cebrián-. Había una cueva aborigen y una cascada enorme, y aquí se formaba un gran charco donde la gente de la zona se bañaba en verano. Todo sepultado bajo la piedra y el asfalto de la Vía de Ronda”.

El barranco vuelve a resurgir a la altura de la Capilla de la Cruz de Marca, construcción del siglo XIX que se reconstruyó en 1998, donde se albergaba una antigua cruz, que desapareció, similar a otras que hay en La Laguna y que simulan el Camino del Calvario. Desde este punto se pueden vislumbrar también los antiguos lavaderos, que han perdido ya su losa chasnera, y las otras dos cuevas aborígenes que se mencionaron antes y que están tapadas por la vegetación.

En este tramo hay además unas galerías de agua de mediados de los años 60 del pasado siglo, otro ejemplo de la importancia del barranco para el conjunto del sistema hidrológico de La Laguna. Y poco después, a la altura de la curva de Gracia y Pueblo Hinojosa, finalizaría ya el recorrido de este sendero interpretativo que se quiere poner en marcha.

“El barranco nos explica gran parte de la historia de La Laguna y del desarrollo económico de la Isla”, enfatiza Ramón Cebrián. Además, una de sus características más importantes es que es un barranco urbano al que se puede acceder desde el casco de una ciudad Patrimonio de la Humanidad, convirtiéndolo en una potente herramienta turística.

Protagonista en el desarrollo urbano y económico de la ciudad

El barranco de La Verdellada alberga restos arqueológicos de los diversos estadios de su ocupación y su entorno. Entre ellos están los que demuestran la ocupación aborigen del territorio previa a la castellana. La Laguna se fundó en 1496 en la zona denominada Villa de Arriba, aledaña a una charca de aguas estacionales, en el área actual del Camino Largo hasta La Concepción. Su insalubridad promovió que se instara a ocupar, hacia 1500, la zona baja de la Vega Lagunera, cerca del barranco, y paralelo a este se encontraba el Camino Real que comunicaba con Añazo, el primitivo puerto de Santa Cruz. Desde entonces, el barranco tomó protagonismo en el desarrollo urbano y económico de la ciudad y la presencia casi permanente de aguas en su cauce permitía la construcción de ingenios azucareros y molinos de agua para el grano, de los que aún quedan testimonios.

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