
Hay ocasiones en que un crimen destaca sobre otros por la personalidad de la víctima, más allá de que el suceso en sí no presentara circunstancias excepcionales más allá de las inherentes a cualquier muerte violenta. En esta serie sobre los crímenes relacionados con Canarias que en su día provocaron especial interés para la opinión pública encontramos un caso como el descrito: el asesinato del cineasta austríaco Harald Reinl, muerto a puñaladas el 9 de octubre de 1986 en el Puerto de la Cruz a manos -según la versión más aceptada- de la que era su tercera esposa, la actriz checa Daniela Maria Delis.
El crimen
A pesar de la relevancia de Reinl, un director de culto que trabajó con grandes estrellas de la industria cinematográfica como Leni Riefenstahl, lo cierto es que la noticia de su asesinato no tuvo la repercusión mediática correspondiente en las Islas. Nada que ver, eso sí, con lo acaecido en los medios de comunicación alemanes, que dedicaron grandes espacios y tiempos de emisión al fallecimiento del austríaco.
Una de las claves de esta noticia es que, hasta que se supo de su óbito, nadie sabía (obviando a los más allegados, claro está) que Reinl llevaba residiendo en el Puerto de la Cruz una década al menos. Fue a mediados de los años 70 del siglo pasado cuando el cineasta anunció su retirada, pero no dónde pensaba vivir esos años de jubilación.
Horas de repaso en la hemeroteca permiten resumir que aquel jueves de octubre del 86 se vivió un infierno en el chalé de la portuense Urbanización Las Adelfas que Reinl y su tercera esposa habían elegido como su hogar. En un entorno marcado por el alcoholismo, la situación degeneró lo suficiente como para que Daniela María Delis apuñalase en varias ocasiones a Harald Reinl, si bien solo una era mortal, la que le afectó a un pulmón.
Ella fue detenida por las fuerzas del orden y acusada del homicidio, pero no hay rastro de si fue, finalmente. juzgada por estos hechos y, si así fuera, dónde tuvo lugar ese juicio. Aunque pervive el rumor sobre la posible implicación en el crimen de Karin Dor, la segunda esposa del austríaco y una de sus principales musas, lo cierto es que no pasa de tal condición.
Reinl tenía 78 años de edad en la noche que expiró, mientras que Delis había cumplido los 46. Se habían casado en 1976, más o menos en la época en que el artista decidió jubilarse, si bien la adicción de ella enturbió la convivencia entre la pareja, especialmente en los últimos años. Anteriormente, el austríaco se había desposado con Corinna Frank (de 1946 a 1950), y con la actriz ya citada Karin Dor de 1954 a 1968. Precisamente, es Dor la madre del único hijo de Reinl.

Un clásico
Aunque no es conocido entre el gran público (exceptuando países como Alemania o Austria), lo cierto es que Harald Reinl es un histórico del cine mundial.
Nacido el 9 de julio de 1908 en Bad Ischl (por entonces parte del Imperio austro-húngaro), su habilidad como esquiador le facilitó dar sus primeros pasos en el cine. Primero fue actor de doblaje para Arnold Fanck en 1930, para posteriormente colaborar por primera vez con Leni Riefenstahl en la película Der Weiße Rausch-Neue Wunder des Schneeschuhs (1931), también a cuenta de los esquíes. La relación profesional con la que fuera cineasta del nazismo llegó a su cénit con Tiefland (1954), cuyo guión firmaron al alimón.
Por aquel entonces, el austríaco ya había dirigido seis películas, si bien fue en la década de los años sesenta y principios de los setenta cuando alcanzó cierta popularidad, entre otras cosas por sus westerns, generalmente basadas en historias de Edgar Wallace y Karl May.
En su filmografía destacan Furia apache (1963), Recuerdos del futuro y regreso a las estrellas (1970) y La carabina de plata (1964). En 1969 produjo y dirigió la película documental Erinnerungen an die Zukunft, basada en el libro de Erich von Däniken, muy popular durante décadas por su interés por el misterio en general y los extraterrestres en particular.
Harto de los focos, Reinl dimitió de la farándula y, como tantos, eligió Canarias para disfrutar del anonimato. Lo que no podía saber es que el infierno venía con él a su chalé de la portuense urbanización Las Adelfas.




