
Por Sergio Moreno
Entre 2.500 y 6.500 euros es el precio de cada reparación del Reloj de Flores del Parque García Sanabria, un gasto considerable que el Ayuntamiento capitalino ha tenido que volver a desembolsar semanas atrás para tener el emblemático reloj en perfectas condiciones para las Fiestas de Mayo. La mayoría de las averías se producen por negligencias de los visitantes. Es muy habitual que los niños entren en el jardín del reloj y bloqueen el mecanismo al tocar o parar las manecillas.
Las últimas reparaciones del mecanismo se han llevado a cabo en los talleres de Imesapi, situados en Santa Cruz. Esto ha supuesto un gran avance y un ahorro, pues antes era necesario enviar el reloj a Suiza para volver a ponerlo en marcha, lo que requería varios meses.
Hace un año fue noticia la incorporación de un nuevo dispositivo que dotó al Reloj de Flores de mayor resistencia frente al vandalismo. Ese trabajo se encargó a la Relojería Pagán, de Vigo, especializada en este tipo de relojes públicos. La mejora debía impedir que el mecanismo se rompiese a causa de que alguien moviera las manecillas. A su vez, esto posibilitó que ya no fuera necesario llevarlo hasta Suiza para arreglarlo, sino que bastaría con empresas especializadas en la Isla para ponerlo en hora, y que volviera así a funcionar con normalidad en menos tiempo y a menor coste.
El Reloj de Flores ha sido uno de los símbolos de Tenerife desde que fue donado por el cónsul de Dinamarca allá por el año 1938. Es el elemento más distintivo del parque más importante de Santa Cruz, el García Sanabria, al que prácticamente podríamos llamar un jardín botánico urbano, pues cuenta con más de 200 especies de plantas diferentes traídas de todos los rincones del mundo, repartidas en 70.000 metros cuadrados en el centro de Santa Cruz. Un espacio que incluye asimismo numerosas esculturas de gran nivel artístico, por lo que ostenta la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC).
A día de hoy, el reloj lleva dos meses seguidos a pleno funcionamiento y, por el momento, parece que los ciudadanos lo respetan más. Así lo constatan varios trabajadores del García Sanabria. Una de las camareras del conocido bar junto al Reloj cuenta que “desde que ha vuelto a funcionar y se ha puesto un cartel, no hemos tenido que pedirle a nadie que no se meta dentro del reloj”. Esta circunstancia la corroboró un jardinero del parque: “En los dos meses que llevo en el puesto, no ha habido ningún problema con el reloj; al ser algo más pijito, supongo que la gente no se atreverá a entrar”. El mismo jardinero aseguró que el resto del parque no se respeta de igual manera. “El ejemplo más claro lo tenemos en la estatua que fue decapitada hace unas semanas, y en cómo cada mañana el parque amanece lleno de basura”.
El concejal de Servicios Públicos, Dámaso Arteaga, aclaró que el Ayuntamiento “ha tomado otras medidas de seguridad en el entorno, con una serie de plantas un poco más densas en el borde para intentar que los niños no entren con facilidad al jardín del reloj”. No obstante, Arteaga resalta que aunque desde el Ayuntamiento se tiene que proteger, la solución más eficaz sería “la responsabilidad de todos. Con las medidas que hemos tomado, hace ya bastante tiempo que no se nos estropea. Vamos a ver cómo funciona, pero pedimos un poco de colaboración a los ciudadanos en respetar este punto tan emblemático para la ciudad”.
La eliminación del segundero favorece que las averías sean menos frecuentes en el reloj
Una de las peculiaridades que hacía único al Reloj de Flores del Parque García Sanabria era la de contar con segundero, la tercera manecilla, que para su rápido funcionamiento necesitaba un motor específico. El concejal Dámaso Arteaga explicó que “es la manecilla que llama más la atención de los niños, porque es la que siempre se está moviendo, por eso los pequeños se suben para tocarla y pararla. Por ello, hemos optado por no ponerlo hasta que llegue el nuevo motor necesario e instalarlo solo en casos puntuales”. Esta circunstancia motivó que cuando el Reloj de Flores fue restaurado en abril del año pasado, se prescindiese del segundero, pues, según aclaró Arteaga, no había forma de que admitiera las nuevas actualizaciones incorporadas para hacerlo más resistente. En aquel momento, la Relojería Pagán reparó el resto del reloj, y prometió que el segundero se incorporaría en dos meses, aunque desde la relojería argumentaban que el resto de relojes públicos con los que habían trabajado solo tenían dos manecillas. Ha pasado más de un año desde la fecha prometida para el retorno del segundero. En este tiempo, el reloj se ha vuelto a romper y ha vuelto a ser reparado. Sin embargo, sigue sin segundero.
El engranaje por fin puede repararse en Tenerife, ahorrando tiempo
En abril del año pasado, la Relojería Pagán dotó al reloj de un sistema de embrague contra las roturas, por el cual en el caso de que alguien esté encima del reloj y lo fuerce, el sistema interno se para y así la parte más costosa no se rompe. La operación no ha sido tan efectiva como se prometía en un principio, pero desde luego ayuda a disminuir el tiempo de reparación. Esta vez el reloj ya pudo ser reparado en Tenerife por técnicos locales, y no en Suiza, como se hacía hasta ahora. Se disminuye el tiempo de reparación de hasta cuatro meses a unas tres semanas, pero las piezas tienen que traerse desde Bélgica.







