sucesos

Afectados por el incendio de trasteros en El Rosario, sin indemnización dos años después

La Guardia Civil no averiguó el origen del fuego, que empezó de madrugada, por falta de especialistas; los dueños de la empresa volvieron a Inglaterra
Imagen aérea del interior de la nave tras el fuego. Cedida
Imagen aérea del interior de la nave tras el fuego. Cedida
Imagen aérea del interior de la nave tras el fuego. Cedida

Cuando ya han transcurrido más de dos años desde que en mayo de 2015 un voraz incendio arrasara la nave industrial donde se encontraban los centenares de trasteros que alquilaba una empresa denominada, precisamente, La Nave de los Trasteros, los propietarios de los objetos allí depositados siguen sin recibir compensación alguna por un siniestro que arroja muchas más sombras que luces. Así lo expone, en una entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS, el presidente de la asociación de afectados por esta causa, Máximo Martín, que comanda a un grupo de estos vecinos que no se rinden ante lo que consideran una injusticia. Dos claves para comprender la indignación de estas personas radican en el informe realizado por la Guardia Civil sobre el propio incendio y las sospechas de que los dueños de la empresa han cobrado del seguro sin, a su vez, revertir a sus antiguos clientes cantidad alguna.

 

Toda una vida

“Es un drama, para mí y para otros -explica Martín-, porque en esos trasteros guardábamos objetos que, en su conjunto, eran el fruto de vidas enteras, y que si estaban allí era por, como es mi caso, una mudanza entre islas”. Ana -nombre ficticio de otra de las afectadas- asiente con la cabeza mientras escucha al presidente de la Asociación de Afectados Incendio Trasteros Tenerife, nombre real de un esfuerzo común que se visualiza a través de una página de Facebook con idéntica denominación. “A mí me pasó más o menos lo mismo -añade Ana-, poco antes del incendio guardé un montón de cosas allí por una mudanza y haberlas perdido es un palo, no solo en lo económico, sino también en lo sentimental. Muchos recuerdos”. Máximo, Ana y otros afectados por esas llamas claman ante lo que entienden como una injusticia, ya que las iniciativas judiciales que han llevado a cabo no logran prosperar como esperaban. Una de las causas es, como se ha dicho, el informe de la Guardia Civil sobre lo que originó un fuego iniciado en plena madrugada. Los miembros del Instituto Armado reconocen en el mismo que “en la actualidad (…) no se dispone de especialistas que realicen informes periciales en esta materia”, para reconocer finalmente que no pueden determinar si alguien provocó el siniestro o es el fruto de un accidente.
Para mayor frustración de estos afectados, el consejo de la Guardia Civil para que se recurra al Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales o al Colegio de Ingenieros Industriales para despejar tan relevante incógnita no ha sido atendido por las autoridades.

El otro aspecto que enturbia esta historia es la información que han recabado sobre el posible pago de la compañía de seguros a los dueños de la empresa que regentaba el alquiler de estos trasteros, del cual no han visto un euro ni tienen noticias de que haya intención de pagarles. “En realidad, no tenemos noticias de los dueños de esa empresa desde el día siguiente al incendio. La apoderada de la empresa nos aseguró que seríamos atendidos personalmente, y para ello facilitó una dirección electrónica que, 24 horas después, ya estaba fuera de funcionamiento”, recuerda Máximo Martín. “Por nuestra cuenta sabemos que se trata de unos ingleses que han vuelto a su país, donde, por cierto, han montado otra empresa de trasteros”.

Abuso

La tercera arista del relato pasa por una cláusula incluida en los contratos de alquiler, en el que los clientes -ahora afectados- se comprometían a que el valor de lo allí depositado no podía pasar de 500 euros. “Entendemos que esa cláusula es abusiva y, por tanto, podría anularse en un juzgado, pero es que ni siquiera hemos tenido la posibilidad de cobrar esos 500 euros”, reflexiona Martín, que valora lo que perdió en más de 50.000 euros, por 20.000 que estima Ana para sus pertenencias.

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